«Jubilarse es un adjetivo viejo»

Entrevista a Manel Domínguez

Periodista. Doctor en Comunicación Social, Innovación y Periodismo por la Universidad abate Oliva CEU, donde es también profesor de periodismo. Acaba de publicar “Senior. La vida que no cesa” (Editorial Diéresis)

¿Por qué territorios se adentra tu trabajo en torno al edadismo y los seniors?

Hace diez años empecé a estudiar la relación entre edadismo y envejecimiento. Sin irse a Grecia o Roma, en la revolución industrial del siglo XVIII y principios del XIX, fue muy relevante la producción de las personas mayores. Luego, el fordismo, a principios del XX instituyó la hiperproducción con el lema, digamos, “produce o muere”. Sin más. No había alternativas. Así, con la revolución industrial, el fordismo y el taylorismo se genera un edadismo, en el cual hay una prevalencia con las personas jóvenes. Se descarta el talento, la experiencia, el conocimiento de los mayores. Trabajas 65 o 70 años, mueres y así continuamos. Este proceso ha ido penetrando en la sociedad, sobre todo occidental, de modo que actúa como una gran pandemia social. Las personas mayores no existíamos. Somos una primera gran fake news, dentro de una mentira orgánica, infundada y establecida, con prevalencia a los jóvenes. Nada en contra de ellos, porque también son víctimas del edadismo. En este sentido, el libro trata de explicar cómo borrar la verdad de las edades, dejar de interpretar que cada edad tiene su verdad. Tenemos bebés, niños, adolescentes, jóvenes y personas de 35 años. Desde los 55 a los 100 años tenemos hacemos tabla rasa con la “tercera edad”. Todos en un bloque, ignorando las diferencias.

¿El declive de la revolución industrial tendrá como consecuencia la superación del edadismo?

La sociedad sigue sin adecuarse a las nuevas realidades. En el futuro ya veremos, pero en 2023 te puedo garantizar que empieza la revolución de los seniors. El libro es una prueba de esto. Tiene una visión multicanal, digamos: empresarial, científica, social, médica…, en términos generales. Pero si, por ejemplo, hablamos de las que en inglés se denominan ahora woman senyor si, además, son viudas, resultan invisibles. Me decía una entrevistada con este perfil que quería volver a casarse para volver a existir en la sociedad. En los grandes laboratorios de análisis clínicos no se recurre a las mujeres. Sólo se utilizan hombres y jóvenes. El edadismo se infiltra en todos los entornos de la sociedad. 

Los célebres clubs de jubilados, donde se iba a jugar a las cartas, parecen cada vez más una reminiscencia ¿Anuncia esto el desarrollo de un nuevo perfil, de personas mayores más autónomas, libres de estereotipos, socio-realizadas…?

Trato a la Banca como una de las primeras víctimas del edadismo. Esta en primera línea de la relación con las personas, igual que la Administración púbica. La palabra clave del marketing bancario es, en este momento, “preferente” ¿Para qué? Para no hacer cola, para tener acceso a la tecnología, para un mejor servicio… Así, de momento, amortiguan las cosas. Yendo al tema de los cerebros, se entiende que los de los jóvenes son rápidos, que ejecutan rápidamente acciones. Los seniors, a partir de 60 años, con una cúspide en los 70, son experimentados, con una notable madurez… La sociedad debe entender la interrelación entre un cerebro joven y uno maduro. Esa es la clave de futuro. También hay que tener en cuenta que, en este momento, ya hay mas personas de más de 65 que niños hasta 5 años. En 2050, habrá el doble de personas seniors que de jóvenes entre 15 y 35 años. Por lo tanto, los seniors están llamados a posicionarse como líderes, que nunca dejaron de serlo, pero fueron apartados de la sociedad. Los seniors aumentamos la edad en 1.5 años, cada 5. El límite de edad, según la ciencia, es de 0 a 300 años, sin alterar el genoma. Lo cual hace que todo cambie: el mundo laboral, económico, social, cultural…

En Francia está habiendo una protesta masiva contra el plan del Gobierno para aumentar la edad de jubilación ¿Cómo casa esto con la tendencia al aumento de la esperanza de vida y, en consecuencia, de la disponibilidad laboral?

Jubilarse es un adjetivo viejo. Es una palabra reina de los clichés y los estereotipos, en contra de las personas. Los seniors deben disponer de la posibilidad de transformar su vida laboral cuando ellos quieran, en un pacto con el Gobierno, las empresas y entre ellos mismos. Carecer de libertad de elección para jubilarse es edadismo. No discuto que haya una norma que establezca que a los 65 años ya puedes jubilarte, pero si no quiero hacerlo debo poder seguir trabajando indefinidamente. Las manifestaciones en Francia se entienden en relación con la legislación, pero no van a la raíz del asunto. Yo, con 72 años, sigo trabajando en la Universidad. 

¿No resulta también curioso que en pleno edadismo la gran potencia mundial de los Estados Unidos de América o la Iglesia católica estén presididos por octogenarios?

Eso es la normalidad. Si tienes capacidades puedes ser el papa Francisco o Biden. Esa es la realidad de la vida. Hasta hace no mucho, las empresas líderes globales eran las energéticas, ahora son las tecnológicas y en 20 o 30 años lo serán las de bio-gerentología. La medicina ha empezado a estudiar el envejecimiento en los últimos diez años. Hasta entonces, estuvo centrada en el cáncer y en las enfermedades inflamatorias. La ciencia se ha dado cuenta que el envejecimiento es un sujeto de investigación. Por eso Bezos ha montado en California un laboratorio sobre el envejecimiento. La diferencia entre edad cronológica y biológica tiende a separarse. El cerebro, a los 70 años tiene una plasticidad extraordinaria. Si se cuida con alimentación y ejercicio intelectual, es capaz, en contra del tópico, de poder seguir aprendiendo idiomas.

¿Qué cambios están resultando más drásticos en el incremento de la calidad, en la esperanza de vida?

El envejecimiento se logra en la juventud. Para un envejecimiento saludable es necesaria una juventud sana: ejercicio físico, alimentación saludable y actividad intelectual. Los cerebros de quienes han tenido una mala alimentación no funcionan igual de los que ha sido buena.  A una persona de 30 años hay que decirle esto. Los seniors han estado empoderados históricamente. En época de los romanos, a los jóvenes se les ponía una espada en la mano y los mayores formaban parte del Senado. Y así seguimos.

¿En cualquier caso, el edadismo, sobre todo visto históricamente, no es una derivada muy propia de Occidente, aunque se haya universalizado?

Afortunadamente, no nos comparamos a las tribus africanas o a las comunidades asiáticas, donde la cultura de la alimentación es sagrada. Por supuesto, en todo caso, claro que hay bastante que aprender de otras miradas, más allá de la occidental. En el libro hablo de que, entre todas las nuevas tendencias, hay una que es la sociedad del conocimiento. A esto se dedica el laboratorio ciudadano de innovación social y tecnológica CITILAB, de Cornellá. En CITILAB están los seniors-lab. Personas de más de 60 años que están trabajando en innovación tecnológica. Es el primer centro mundial de personas mayores trabajando en el cambio y la invención. Ya existen en este momento procesos de evolución muy significativos. A veces, decimos que las personas mayores no tienen acceso a la Banca, que no saben manejarse con las tecnologías de la información. Es verdad, como consecuencia del edadismo bancario, del edadismo político. Pero también hay otras luces, otros parámetros, donde ya empezamos a generar el futuro. Son los nuevos astronautas de un nuevo descubrimiento planetario del envejecimiento en el mundo. 

¿La glorificación de lo joven con intenciones comerciales, tan a la mode, no es quizá una de las manifestaciones más perversas del edadismo?

Insisto en que los jóvenes también son víctimas del edadismo. Es como una epidemia que arrasa y solo te mantiene vivo si eres útil entre los 35 y los 45 años, aproximadamente. En los extremos destruye. Esa es nuestra realidad. Hasta aquí hemos llegado y es hora de dar ese golpe de puño sobre la mesa. Lo digo como metáfora, pero a alguien con el que hablaba sobre estos temas le aconsejé que para seguir hablando de envejecimiento le recomendé leer “Senior. La vida que no cesa”. 

Al maliense Amadou Hampâté Bâ, figura emblemática para todo el continente se le atribuye la famosa frase “En África, cuando un anciano muere, una biblioteca se quema”

Es eso. En los próximos 150 años los nuevos centros de interpretación social urbana, serán la memoria inmaterial de las personas mayores, como patrimonio de la humanidad. 

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