“Ich bin ein Iraner”

He repasado los siete pecados capitales y me ha sorprendido no encontrar el orgullo. Está la soberbia, la avaricia, la lujuria, la gula, la ira, la envidia y la pereza, pero quien hizo el listado –supongo que algún Papa de hace tiempo- no consideró oportuno incluir el orgullo. Si tuviera influencia en el Vaticano, le diría al Papa Francisco que quizás sería una buena idea sustituir la lujuria o la pereza por el orgullo. Encuentro más criticables las personas orgullosas que las lujuriosas o las perezosas.

Me reprimo siempre de utilizar la palabra orgullo para definir alguna sensación mía. Cuando alguien dice estar orgulloso de su ciudad, su país o su hijo, frunzo el entrecejo. De la suma de los orgullos de unos y otros no puede salir nunca nada bueno.

Entendedme. Este sábado me habría gustado haber estado en Berlín y participar en la manifestación de unas 80.000 personas en el distrito gubernamental de la capital alemana. Si yo fuese ciudadano de Berlín no me sentiría orgulloso de que mi ciudad fuese la sede de esta gran concentración de gente que protestaba contra el régimen iraní, apoyando a las ciudadanas y ciudadanos de ese país que se están jugando la vida estos días por sus calles. La revuelta iraní estalló después de que una chica de 22 años, Mahsa Amani, fue detenida por la policía de la moral iraní por no llevar el velo en la cabeza como impone la norma vigente. Se la llevaron a una comisaría, según dijeron los policías a los familiares de Mahsa, para que asistiera a una «hora de reeducación». Pocas horas después era trasladada a un hospital de Teherán en estado de coma. Acabó muriendo y desde entonces se han sucedido en muchas ciudades iraníes las acciones valientes de mujeres que se quitan y queman el velo públicamente y otras formas de protesta. La represión ha causado muchas muertes. Imposible cifrarlas en un sistema opaco como el iraní, pero no bajan de un centenar, según fuentes fiables.

Tampoco estaría orgulloso de Barcelona si el escenario de la gran manifestación a favor de la revuelta iraní hubiera sido la ciudad en la que vivo desde hace 66 años. Pero preferiría que Berlín no nos pase la mano por la cara en esto. Me gustaría vivir en una ciudad en la que injusticias tan aberrantes como el asesinato por parte de las fuerzas de seguridad de una joven porque el velo que llevaba no le tapaba del todo el cabello provoquen un rechazo general y masivo.

Y rechazo la palabra ‘orgullo’ porque no creo que deba utilizarse cuando se trata de denunciar realidades como el asesinato de Mahsa. Más bien lo que es una vergüenza es que las concentraciones que hacen las mujeres y hombres iraníes en la plaza de Sant Jaume cada sábado reúnan apenas un par o tres de centenares de personas. La inmensa mayoría de los asistentes son ciudadanos iraníes o de origen iraní.

Tampoco me sentí ‘orgulloso’ de las magníficas manifestaciones que se hicieron en Barcelona para denunciar la invasión de Irak por las tropas multinacionales lideradas por Estados Unidos y para ofrecer nuestra ciudad a los migrantes que huían de Siria y otros países donde su vida y su dignidad humana corría peligro. Era nuestra obligación, no un mérito del que enorgullecerse.

El presidente de los Estados John F. Kennedy quiso ganarse la simpatía de los ciudadanos del Berlín Occidental gritando “Ich bin ein Berliner” en un discurso que dio en esta ciudad el 26 de junio de 1963. Manifestaba así su solidaridad con los berlineses que sufrían las consecuencias de tener la ciudad partida por un muro construido por Rusia. Como toda expresión política contenía cierta dosis de demagogia e intereses partidistas, pero a la gran mayoría de los berlineses occidentales les llegó al corazón.

El sábado me habría gustado haber estado en Berlín y, por unas horas, ser un berlinés más pidiendo la caída del régimen teocrático de los ayatolás. El día que hagamos una manifestación igual en Barcelona no me sentiré orgulloso. Pensaré que se habrá hecho aquello a lo que nos obliga nuestra condición de seres humanos. Y me sumaré a quien grite bien alto “ich bin ein Iraner”.

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