El contrato creciente de Lewandowski no produce ningún rechazo a la prensa

Laporta repite con el goleador polaco, Ansu Fati, Pedri y Dembélé la misma estructura salarial aplicada por Bartomeu, tan criticada y satanizada mediáticamente

Robert Lewandowski

Las condiciones de Robert Lewandowski, que ha firmado por cuatro temporadas -la primera, con 34 años cumplidos-, se recogen en un contrato que hasta la tercera de ellas -o sea, hasta la 2024-25-, estipula unos ingresos ascendentes que le garantiza el cobro de 78 millones de euros, variables y premios al margen. Nada, por tanto, que cambie la estructura habitual de los acuerdos alcanzados por los futbolistas con el FC Barcelona desde hace años, no solo desde los tiempos de Josep Maria Bartomeu. La escalada de salarios es la consecuencia lógica de aliviar el coste contable de los fichajes cuando se da la circunstancia obligatoria de afrontar la amortización del coste del traspaso, los 60 millones en el caso del delantero polaco pagados al Bayern Múnich, linealmente a lo largo de los años del contrato.

Siguiendo con el ejemplo de Lewandowski, con tres años asegurados, el impacto real anual es la suma de dividir el traspaso por tres, 20 millones, y el bruto del salario, que esta primera temporada es de 20 millones: 40 millones en total. El delantero costará la siguiente temporada 20 millones más 26 millones (46 millones), y 20 millones más 32 millones (53 millones) la última, la 2024-25. En total, 104 millones al margen de las variables, que son -como para el resto de los futbolistas- generosas si el equipo gana el triplete: de 2 millones en su caso. Son los datos revelados en el programa Què t’hi jugues de la Cadena SER.

La finalidad de este aumento prorrateado no es otra, también, que la de ir compensando estos incrementos con las bajas de otros miembros de la plantilla en un ciclo normal de entradas, salidas y renovaciones.

Las ampliaciones de contrato representan la otra causa de salarios progresivos por la misma razón, frecuente, de añadir al salario una especie de premio o compensación con el que el club acaba seduciendo al jugador que se sienta a negociar con una oferta superior de otro club. Lo normal es que, aplicando el mismo criterio de elevar lo menos posible el global de la masa salarial, sobre todo esa ratio que ahora tanto vigilan LaLiga y la UEFA para que la economía de los clubs no se desmande, se pacte la mejora de una determinada cifra y esta se distribuya de forma gradual en porciones más pequeñas el primer año, incrementándose en los siguientes.

De la misma forma se han cerrado las renovaciones de Pedri, Ansu Fati y, por descontado, el extraño caso de Ousmane Dembélé, perversamente renovado solo por dos temporadas y con 25 años, una situación que refleja la clara voluntad de ambas partes de convertir al extremo francés en carne de traspaso al final de esta temporada, cuando baja la cláusula a 50 millones con un sustancial porcentaje de la venta a favor del jugador, o bien la solución intermedia de aplazar la que sería la firma de un contrato que de verdad comprometiera a ambas partes a un futuro juntos. Si ese final feliz llega, será a cambio de añadir una jugosa recompensa aplicada a un excel salarial creciente. Lo mismo aplica a los acuerdos aún pendientes de Ronald Araújo y Gavi.

La prensa, como no podía ser de otro modo, no se ha encarnizado, sino todo lo contrario, con este diseño de los contratos, como sí lo había hecho con saña y crueldad contra la idéntica política salarial del club aplicada por la administración de Bartomeu. Eso sí, dependiendo del caso y de las circunstancias, pues lo que valía para las renovaciones de jugadores como Gerard Piqué, Sergio Busquets, Jordi Alba y, sobre todo, Leo Messi, todas ellas exigidas y aplaudidas en su momento por la opinión periodística, pero satanizadas más tarde cuando, a causa de la pandemia y de la ineptitud de la gestión comercial, deportiva y económica de Laporta, ha resultado imposible mantener el mismo nivel de ingresos y de pagos que en su momento permitió aprobar un presupuesto superior a los 1.000 millones, después de registrar 990 millones la temporada 2018-19. No en vano, ese año y el siguiente, Forbes consideró al FC Barcelona como el club de fútbol más valioso del mundo por delante del Real Madrid.

Ahora se ha hecho un gran silencio con esta divulgación del contrato de Lewnadowski que, al igual que Piqué, firmó un último contrato renunciando antes a 1,9 millones en el año más duro de la covid-19 a cambio de ampliar los años y de un premio de 12,2 millones de final de carrera, si colgaba las botas en el FC Barcelona. Pareció entonces una buena solución, como lo parece ahora el contrato, muy similar en tiempo y condiciones, de Lewandowski, tan aplaudido y aceptado por la prensa. Es evidente que, como en el caso del defensa catalán, el exgoleador del Bayern puede sufrir más lesiones y pérdida de condición física y atlética, en ningún caso de talento y oficio, a medida que vayan pasando los años.

Aun así, para los más alarmistas y extremistas, el contrato de Piqué, al igual que el de Lewandowski, incluye contramedidas. El último año del defensa catalán (2023-24) no se ejecutará porque ni jugará el porcentaje de partidos exigidos en la actual (más o menos sobre el 60%), ni cobrará los bonus contemplados para este curso por disputar un 35% de los mismo. Por eso a Piqué se le ha quedado esa cara de póker en el banquillo, condenado a ser suplente por orden del presidente por varias razones. Piqué no aceptó rebajarse el salario para facilitar el fichaje de Jules Koundé, su teórico sustituto, ni hubo entendimiento cuando el central quiso comprar, a través de Kosmos, el 24,5% de Barça Studios. Piqué es hoy un jugador represaliado por las circunstancias previstas en ese contrato, idéntico al firmado por Laporta a favor de Lewandowski, un contrato que Laporta defendió a su llegada a la presidencia cuando necesitaba a Piqué para echar a Messi. Desde el club se ha prohibido hacer referencia a ese contexto y circunstancias en las tertulias.

Piqué y Laporta celebraron en esos días felices más de una fiesta gastronómica, desde luego no tan divertidas, animadas y vistosas como la que el presidente del Barça celebro el domingo en Tel-Aviv, en casa de su amigo Pini Zahavi, el agente de Lewndowski, con motivo de su cumpleaños. Esa fue la versión de la prensa sometida al control laportista, pues el cumpleaños de Zahavi fue el mes pasado. En realidad, festejaron el final feliz de la operación Lewandowski, con 10 millones de comisión para un representante de futbolistas con el que Laporta ha admitido mantener relaciones profesionales previas a su condición de presidente del Barça, como cuando consiguieron que el PSG pagara al Barça la cláusula de rescisión por Neymar y una comisión de ocho cifras. Justificadamente, al menos para ambos, Pini Zahavi y Joan Laporta, había motivos para pegarse una juerga. Laporta, poseído hoy por ese impulso irrefrenable del exhibicionismo, pidió incluso un aplauso del Camp Nou para Zahavi en la presentación de Lewandowski. Todo de lo más normal.

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