La paradoja actual, en el contexto de la macroeconomía y los grandes movimientos patrimoniales del Real Madrid, radica en que a Florentino Pérez le llueven las críticas por tratar de reparar la grieta financiera, estructural, para que la presión de la deuda no haga estallar la toma.
Es decir, para que no afecte a la competitividad del primer equipo de fútbol por la conveniencia y por la necesidad de reducir el dinero destinado cada temporada a la masa salarial, incluyendo salarios y amortizaciones.
Según las informaciones más veraces, para hacer frente al peso de una deuda de 1.500 millones por la reforma del Bernabéu, unos 500 millones más de los previstos causados por las desviaciones y varias contingencias de la obra, el presidente del Madrid busca una fórmula legal para que un inversor externo, que haga suyo el 5% del valor del club (500 millones), pueda compensar esta carga en el pasivo del balance.
En caso contrario, la coyuntura dejaría al Madrid en desventaja a la hora de fichar si el volumen de intereses y devolución de capital supera los beneficios de la explotación de la instalación.
Diferencias
A Joan Laporta, en cambio, la prensa, los analistas e incluso los popes de la economía catalana aplauden su gestión y lo felicitan por liderar la reforma de un Spotify Camp Nou que pronto acumulará un sobrecoste estimado muy superior a los 500 millones si, como él calcula y espera, consigue que los socios le aprueben una extensión del crédito con Goldman Sachs este mes de julio en una asamblea extraordinaria.
La decisión, tanto desesperada como inexplicable, responde exclusivamente a la urgencia de seguir alimentando el pozo sin fondo en el que se ha convertido Limak, que ya se ha pulido todo el dinero autorizado en la asamblea de 2021 (1.500 millones), en principio suficiente cantidad para cubrir la totalidad del Espai Barça, pero que a la hora de la verdad no llega ni siquiera para acabar el Estadio.
Limak, campeona mundial en retrasos y baches, no cumplirá los plazos previstos con casi dos años de demora y, además, arruinará al Barça con sobrecostes incalculables.
Laporta sabrá lo que se hace en un escenario en el que Limak y su obra, junto con las atrocidades financieras de las que es víctima el Barça desde 2021, ya condicionan hoy la precariedad más que evidente derivada de la falta de fair play que arrastra el Barça desde 2022.
La cuestión es que, mientras Florentino intenta frenar y resistir la sobredosis envenenada de intereses a tiempo de evitar que, a cambio de la deuda, algún inversor se pueda quedar el Madrid, en el Spotify Camp Nou el presidente del Barça se siente como el feliz y satisfecho protagonista de capitanear y conseguir que una avalancha de deuda e intereses caiga como una losa sobre el futuro del Barça.
La ampliación planteada por Laporta condenará definitivamente al club azulgrana a que, de hecho, asumiendo la administración económica, o bien mediante una conversión accionarial a sociedad anónima por la totalidad de la deuda, pierda su condición secular de club social y de copropiedad en manos de Goldman Sachs.
Temeridad
El desvergüenza y la temeridad de Laporta, que, al fin y al cabo, sigue escribiendo el guión previsto desde el principio a copia de engordar la deuda hasta un extremo irreversible y a favor de la usura y del plan de negocio de Goldman Sachs, pasan por un numerito de presunta bonanza financiera en el que, aparentemente, el Barça estará cerca del 1:1 de aquí a unas semanas, para crear un falso y engañoso caldo de cultivo en el que parezca conveniente y fácilmente digerible aumentar en 400 millones el préstamo sobre la explotación del nuevo Spotify.
Será, en definitiva, la mayor de las simulaciones y de la teatralidad encubriendo el paso definitivo hacia el abismo. La realidad, delegada por Laporta desde hace años, es que no será el Barça quien negocie las condiciones de esta nueva y definitiva deuda, sino Goldman Sachs, la financiera encargada de acordar con los inversores el refuerzo de garantías sobre una ampliación del capital endeudado.
Hasta ahora, Laporta ha permitido que Goldman se quede un mínimo de 100 millones anuales sobre unos ingresos del Matchday ya mermados por el 25% menos de los ingresos de TV de la Liga, por las concesiones avanzadas de la gestión de los asientos y de las zonas VIP, así como por la restauración, también cedida a un tercero, que ya aplican en la práctica una mordedura de enorme calibre.
Teniendo en cuenta que cuando vuelvan al estadio los 85.000 abonados se reducirá el número de localidades de venta libre, ya que se prevén casi 10.000 plazas VIP, la regeneración de los recursos conduce al callejón sin salida de la actualización de las tarifas de los socios y de la explotación de los abonos, susceptibles de entrar en la espiral inflacionaria que convenga a Goldman Sachs, que es quien ya posee la plena potestad para negociar con los inversores las condiciones y las terribles consecuencias de pedir más dinero.
Más deuda
¿Qué puede encarecer aún más la deuda actual, al límite del bono porquería y pagando 100 millones de intereses de demora anuales hasta 2032 cuando empiece a devolverse el primer préstamo?
La respuesta comparada es que el Madrid, afectado por una causa similar de sobrecostes, busca capitalizar de alguna manera el 5% del valor del club para mantener su fair play positivo de varios centenares de millones, pero sin deuda ordinaria, con fondos propios positivos de más de 500 millones y con el estadio ya acabado e ingresando 200 millones más que el Barça actual.
Laporta, por su parte, deja en manos de Goldman Sachs la gestión del 100% de la explotación del estadio, es decir, es quien ingresa la facturación y decide cuánto deja gastar a los socios, a través de la directiva de Laporta, en un contexto de fair play excedido, de deuda neta ordinaria por encima de 500 millones y de fondos propios negativos de 152 millones mientras el estadio todavía está lejos de estar acabado, financiado y generando beneficios que, en todo caso, alimentan el balance de terceras sociedades.
Y es, curiosamente, Laporta quien se lleva el aplauso y Florentino las críticas por querer arriesgar el 5% del patrimonio del Real Madrid contra el 100% de la pérdida sobre el control del club que Laporta ya ha firmado a favor de Goldman Sachs.









