«Tengo una relación neurótica con el periodismo»

Entrevista a Jordi Ibáñez Fanés

    Jordi Ibáñez Fanés

    Profesor de Filosofía en la Universitat Pompeu Fabra. Escritor. Ha publicado “Un quartet”, “Morir o no morir, un dilema moderno”. Ahora, sale a las librerías “Infierno, Purgatorio, Paraíso” (Tusquets Editores), una novela política, ambientada en la Cataluña post-pujolista. 

     

    ¿A qué responde un título tan bíblico, como “Infierno, Purgatorio, Paraíso”?

    Más bien dantesco, de “La divina comedia”. El libro tiene tres partes, que algunos lectores podrían interpretar que son independientes. Están escritas con estilos y composiciones literarias distintas. La primera es un infierno, la segunda un purgatorio y la tercera un paraíso. Cronológicamente, van hacia atrás. La parte del infierno es el futuro. Un futuro que en realidad está fuera del mundo, porque es el país de los muertos. La segunda parte sucede en diciembre de 2016, cuando Alfons Quintà mata a su esposa y se suicida, y la tercera tiene lugar exactamente el día en que Pujol, sus abogados, hacen un comunicado reconociendo que tiene dinero en Andorra. El retroceso es de un futuro, que es el país de los muertos, a un pasado no tan lejano (inverno de 2016) del asesinato-muerte de Quintà, y julio de 2014, cuando Pujol confiesa. El Purgatorio y el Paraíso se sitúan a las puertas del año infausto de 2017. La primera parte, el Infierno, ocurre cuando todo ha pasado. No es, por tanto, un libro sobre los acontecimientos duros del “procés”, pero sí que los rodea, desde antes, y luego va saltando a un después, muy metaforizado, alegorizado…

    ¿Hace tu Paraíso alusión al jardín edénico, que tan bien expresan los mosaicos de la mezquita de Damasco?

    Es un poco extraño, porque hace coincidir lo que podríamos llamar el conocimiento y el reconocimiento del amor. Un territorio privado, que se explica a grandes trazos, a través de un sujeto que le da un ataque de ganas de ir a un salón de sado-maso, y ahí descubre el amor de su vida. Hay otro personaje que acaba descubriendo que una mujer que desea mucho, en el fondo, también la quiere. El descubrimiento del amor, estrictamente personal, coincide con la confesión de Pujol, que en la novela es Capgràs. Otro personaje importante en la novela es Xavier Clotas, que tiene una relación si no de amistad, sí de vieja rivalidad, y de un cierto afecto peculiar con Pujol. Éste aparece en la casa de Clotas, desesperado, porque ha confesado que tiene dinero en Andorra. Y ahí se produce una larga conversación. Este Pujol de ficción duda, se hace preguntas, sobre la vida que ha llevado. Así, el Paraíso es un territorio en que todavía es posible cambiar de vida, pensar por sí mismo, en el que los grandes movimientos históricos delirantes todavía no se han apoderado de la vida de los sujetos. Pero todo se está acercando, cociéndose.

    ¿Cuál es, si existe, la relación ente la individualidad de Capgràs y la calle, el personal…?

    Al principio de la novela, cuando el protagonista abandona el taxi y emprende un camino que le lleva a la casa de Salvador Clotas, ve que las cosas han cambiado mucho. Cuando llega, Clotas le lleva a ver una escena que, a ratos, parece sacada del programa de humor “Polònia”, y es muy melancólica. En ella, aparecen inconfundiblemente los últimos presidentes de la Generalitat, menos Puigdemont y otro, que ni lo menciono ni le cambio el nombre, que es Joaquim Torra. Aparece Maragall, que se llama “Capavall”; Montilla, “Puntilla”, y Pujol, “Capgràs”. Los últimos que tuvieron algo parecido a una dignidad, o que la respetaron un poco. Después, todo es tierra quemada. La vinculación con el mundo social catalán no se pone en duda. Por ejemplo, cuando el protagonista llega a la casa, que ya no es la que él conoció, porque está muerto. Llega al país de los muertos sin saber que lo está, y se extraña de los cambios…

    ¿Con qué se va encontrando en aquella región del Hades?

    Una de las cosas que ve es que Xavier Clotas, que es una especie de segundo protagonista, está instalado sobre una montaña de papeles de periódico. Algo que debe venir de mi relación neurótica con el periodismo. Mi padre fue un periodista importante, muy vocacional y realizado en el oficio de periodista. A mí, el periodismo siempre me ha atraído, pero también me repele. Me desagrada el sometimiento a la fugacidad de la noticia, la actualidad, y al mismo tiempo confieso que me apasiona esa cosa del saber más que tienen los periodistas. La novela surge, exactamente, de la decisión de decir “no hago más artículos porque pierdo el tiempo”. La montaña de papel representa, muy alegóricamente, el fracaso del periodismo. En la novela no se dice de modo explícito, pero todavía nadie se ha atrevido a hacer un análisis profundo del papel que ha jugado aquí la prensa, en los últimos 15 años. Todos decimos, comentamos, señalamos… pero un libro serio, no sobre los desmanes, los delirios, las fechorías de la ciudadanía, sino respecto a la complicidad, la cobardía del periodismo, todavía no ha salido. 

    ¿Tu Purgatorio, tiene algo que ver con ese “fuego interior, que purifica el alma del pecado”, según Benedicto XVI?

    Jordi Amat y yo supimos, por amigos comunes, que estábamos haciendo al mismo tiempo un libro sobre Quintà. Sabía que él acabaría antes, porque además de trabajar mucho, su libro era muy concreto. Se trataba de construir la biografía del personaje. El mío era más complicado porque, además de tener que encajarlo en el libro, quería, de algún modo, hacer ficción sobre la hipótesis de que pudo haber maniobras políticas en torno a esa muerte. Hay un encuentro nocturno, que yo considero la cumbre del libro, no por calidad sino por intensidad, con Capgràs, que aparece con una máscara de Quintà. El cual pasa por un policía, típico de novela negra: perdedor, separado, puteado…. Una escena también política, porque hay una interpretación de todo el lío de Cataluña, España, las políticas del Gobierno de Madrid, las de aquí… Y, dicho cordialmente, he hecho un anti-Quintà, que aparece al final, en forma de fantasma. Es Purgatorio porque el policía está purgando penas, y Quintá no deja de ser una purga.

    ¿El infierno es alguno en particular de los siete descritos por Dante, un compendio de todos ellos, o algo no previsto en la “Divina Comedia”?

    La primera parte es un viaje contado en primera persona, la segunda es un narrador que cuenta la historia del policía y en la tercera hay más voces. Algunas parece que entrevistan a Clotas, otras quieren dar testimonio… Se juega con “Ubú Rey”, de Jarry, que Boadella llevó al teatro. Al final, hay una serie de bromas que se entienden bien si se tiene en cuenta a Ubú. Algo un poco impenetrable. En la cubierta del libro, en catalán, hay un error: “Purgartori”, en vez de “Purgatori”. “Dejarlo”, dije a la editorial. “En catalán nadie nos va a hacer caso”, pensé. Y así ha sido. Además, esa “r” suelta resulta que, inesperadamente, tiene mucho sentido. Es un juego de palabras, porque en el Ubú de Jarry, el gordo rey de Polonia dice “merde”, y lo dice mal. En la novela, Mas es Gas. En algún momento, alguien pregunta “¿Por qué no quitas esa “r” de mierda? Para que Capgràs se conviertas en Capgas”, se afirma. 

    ¿El Rey Ubú, Capgràs, Pujol constituyen una referencia ineludible en este tiempo del viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso de tu novela?

    Al final hay una escena de cierta compasión con Pujol. El personaje siempre me ha resultado horrible, pero en ese desenlace tan patético, la novela parece querer decir que cebarnos en él no nos hace mejores que reconocer todo lo que ha hecho, objetivamente, mal. Parte del éxito de Pujol, de la gran modernización de Cataluña que se le adjudica no se entiende sin Felipe González y la Unión Europea. No ha sido el gran estadista rodeado de mequetrefes, sino el eslabón de una cadena de prosperidad, inversión… Eso se dice en la novela, que reduce su talla de hombre histórico, providencial…, aunque es verdad que el delirio emancipatorio pasa por él.

    Describe Manel Pérez, en “La burguesía catalana”, el peligro de “corralito” que se produjo a raíz del 1-O, cuando miles de clientes sacaban de golpe sus ahorros del Sabadell y La Caixa, incluidos, claro, bastantes o muchos de los que habían votado ¿Espectral coro de una “final fantasy” digno de “Infierno, Purgatorio, Paraíso”?

    No he leído el libro de Manel Pérez, pero desde fuera, y hablando de tópicos, ahí se satisface el gran tópico catalán: una cosa es la “pela” y otra la causa. Resulta difícil de entender que la misma persona a la que apalean el 1-O, el 4 esté preocupándose de sus ahorros. Yo, que soy un catalán medio, en ningún momento tuve sensación de peligro de “corralito”, pero pudo ser. Y en todo caso, confirma que la sociedad catalana es compleja, mucho más de lo que los independentistas querrían, y que en un momento el juego del independentismo asustó.

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