Responsabilidad compartida

Me gustaría no tener que escribir este artículo. De hecho, recuerdo que sobre este tema ya hablé hace un tiempo, reflexionando sobre los motivos por los cuales la violencia contra las mujeres va en aumento y es perpetrada cada vez a edades más bajas. Desde aquel momento hasta ahora no ha cambiado nada. Cada semana, en los medios podemos leer feminicidios, violaciones, agresiones sexuales… La última que he leído, la detención de cinco menores en Valencia por la agresión sexual de dos niñas de 12 y 13 años en Burjassot.

Ahora podría volver a hablar de la necesidad de una (buena, no cualquiera) educación sexual, de la barbaridad que es que los menores tengan su primer contacto con el porno a los ocho años (¡ocho!) y podría volver a repetir que hay que actuar ya, que ya vamos más que tarde, que estamos retrocediendo… ¿Pero alguien está escuchando al otro lado? Y cuando lo pregunto no interpelo solo al gobierno, quiero que lo escuchen también los ciudadanos y ciudadanas.

Ciertamente, el gobierno tiene que tomar cartas en el asunto de manera contundente. ¿O no lo hace, por ejemplo, con el problema de la obesidad y el IVA de las bebidas azucaradas? ¿Un tema que, comparado con el que estamos hablando – la vida de las mujeres- parece más bien fútil?

Pero no solamente tiene que tomar cartas, tiene que ser consciente de lo que puede suponer aquello que predica. Que precisamente el Ministerio de Igualdad defienda la prostitución como trabajo sexual sin tener en cuenta el contexto, la violencia contra las mujeres que supone, la esclavitud que tiene inherente, etc, y presentándola meramente como un producto neutro que parece salido del laboratorio de Utopía, que unas pocas empoderadas escogen para vivir y que son criticadas por el puritanismo de la sociedad… precisamente no ayuda a evitar la cosificación de las mujeres. Que el mismo ministerio arrecie los estereotipos de género como lo hace cuando enseña a los niños y niñas que las curas son femeninas, que si quieres vestirte de princesa, quizás has nacido en un cuerpo equivocado, no hace más que perpetuar el rol de macho dominante y de mujer sometida. No es casual que la disforia de género de inicio rápido afecte principalmente a chicas que se sientan encorsetadas en un estereotipo de mujer que no las deja ser quién son, y prefieren tener los privilegios que en este patriarcado que vivimos tienen los chicos. Quizás es hora que se planteen qué se está haciendo mal desde el gobierno.

Pero, por otro lado, los padres no podemos desentendernos. Que un niño de ocho años acceda a páginas porno es posible porque el adulto se ha desentendido. Los padres, tíos, primos, familiares, tenemos que hacer un acompañamiento de nuestros hijos, que no tienen el grado de madurez necesario como por saber qué les conviene. Tenemos que orientarlos para que escojan saludablemente entre las opciones que esta sociedad les ofrece. Tenemos que educarlos en la igualdad y en los valores como la integridad, la honestidad y el respeto a los otros. Tenemos que alejarlos de la cultura, de gustar al resto que nos venden las redes sociales y poner a su sitio sus líderes musicales, futbolísticos, tik-tokers… tienen que saber reflexionar sobre los motivos por los cuales les gustan y aprender a separar aquello en que les pueden ser referente y aquello en que no los seguirán. Solo así podemos conseguir, no solo parar esta cosificación y machismo flagrante que impregna la sociedad, sino que podemos conseguir un futuro con ciudadanos críticos y comprometidos con la igualdad de todos y todas.

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