Laporta provoca una revuelta social con su negligencia y cinismo

La Grada de Animación protesta con su ausencia ante el Cádiz y califica lo ocurrido como una “vergüenza social” y la “mayor infamia” de la historia del Camp Nou

Afición del Eintracht de Frankfurt en el partido de Europa League contra el Barça en el Camp Nou
Afición del Eintracht de Frankfurt en el partido de Europa League contra el Barça en el Camp Nou.

La reacción del laportismo ante la crisis de las entradas produce escalofríos, pues las respuestas son fanáticas, embusteras y desesperadas, propias de un régimen fascista que necesita engañar a todo un pueblo, en este caso a todo el barcelonismo, para borrar de la peor historia del club un episodio como el de la noche del Eintracht.

A cualquier otro presidente que no fuera Joan Laporta, instalado en un trono mediático a prueba de bombas, siendo el único y principal responsable de la mayor vergüenza y riesgo social de la historia del FC Barcelona, lo ocurrido lo hubiera pagado con una dimisión rápida e irrevocable.

Sus legiones periodísticas tratan de evitar que la crisis pase a mayores. Sin embargo, una revuelta social, en principio anónima, se está cociendo en vísperas del partido de este lunes frente al Cádiz, convocando a los socios y barcelonistas damnificados por la ocupación a una concentración en la esplanada del Camp Nou a las 20:00 h. con la finalidad de protestar por lo ocurrido y dejar constancia de un malestar y enfado que tardará mucho tiempo en superarse.

A esa manifestación de incierto pronóstico, pues habrá que ver si los socios tienen ganas y ánimo de volver al estadio tan pronto, se ha unido la postura abiertamente beligerante y activa de la Grada d’Animació del Camp Nou, que no estará en el Camp Nou frente al Cádiz en señal de protesta.

Una decisión acompañada de un severo comunicado en el que justifican la medida adoptada: “Los hechos sucedidos el jueves hacen que nos veamos obligados a emprender acciones, como hicimos durante el partido y en otras ocasiones, y precisamente por ello no acudiremos al próximo partido entre el FC Barcelona y el Cádiz» indica el comunicado, que califica lo ocurrido de “vergüenza social” y que se recordará como la “mayor infamia” en la historia del Camp Nou.

Consideraciones serias y graves, después de argumentar que “la perversión del sistema del ‘Seient Lliure’ ha facilitado el acceso de turistas y aficiones contrarias a través de una política de precios inasumibles para el público culer». Igualmente, cree la Grada d’Animació que «los hechos sucedidos esta temporada exceden cualquier límite y ponen en peligro, innecesariamente, a la masa social del Barça».

En efecto, a diferencia de cómo se vivió el partido en el palco, a salvo de todo, el socio fue insultado, agredido, escupido, insultado y vejado física y directamente en su propia casa, invadida por un público forastero que no tuvo necesidad de burlar ningún control ni restricción. Nunca lo hubo por parte de una directiva que abrió todos los canales de venta a cualquiera que quisiera una entrada, no sólo a través de la web oficial del club sino, sobre todo, a través de las agencias oficiales elegidas a dedo por el presidente, la junta y sus amigotes, turoperadores sin escrúpulos que aprovechan el software de la venta de entradas con licencia del club para abrir páginas de compra, réplicas de la original, donde los alemanes podían comprar tickets a precios que duplicaban o triplicaban su valor facial.

Esas prácticas prohibidas y delictivas produjeron mucho más dinero y ganancias que esos poco más de tres millones que dijo Elena Fort se habían recaudado en el partido, el último, de la Europa League. Los alemanes, con el permiso y la colaboración de la directiva del Barça, saquearon el Camp Nou, lo violaron como quien dice, pero también al propio club, dando a ganar mucho dinero a la piratería autorizada por la junta.

Sin embargo, en lugar de poner el foco en la degradante experiencia sufrida por los socios que sí fueron al Camp Nou y también en el baño de realidad y cierto pecado de soberbia exhibido por el equipo, la ‘gestapo’ informativa laportista ha orientado su discurso defensivo, el contraataque, dirigido a los socios ausentes y contra aquellos que, con sus motivos, circunstancias y argumentos, eligieron no acudir al estadio, unos porque pertenecen a ese colectivo de abonados que forman parte de las redes de reventa y otros porque decidieron aprovechar la oportunidad de beneficiarse de la ansiedad y generosidad de los aficionados alemanes.

Laporta no está solo en esta batalla contra el crimen de lesa majestad cometido contra el club que preside. La prensa del régimen, mayoritaria, ha comprado la maniobra de distracción, empezando por aplaudir el cinismo del propio presidente cuando la misma noche del partido afirmó que había sentido vergüenza e indignación.

Claro, a él no le vomitaron encima, no intimidaron a sus parejas, hijos o nietos, no le lanzaron vasos y botellas que la ridícula seguridad del estadio, timorata y desbordada, también permitió, superada por una situación sin precedentes que, transcurridos varios días, aún no ha provocado internamente ninguna dimisión. Laporta no pasó el pánico y la humillación que la mayoría de los socios.

La actitud cobarde, escapista y desentendida de Laporta y de su ‘familia’, o sea de los que como él viven del abuso del poder que está ejerciendo permanentemente esta junta, necesita más que nunca una coraza mediática que resista la ola de indignación y de crítica de los socios.

La estrategia tan propia de Laporta es la de siempre, atacar al pasado, o sea a Rosell y a Bartomeu, y a los socios que, desde hace años, emplean su abono a su gusto y conveniencia, tirando del Seient Lliure para sufragar su coste y, si se da el caso, revendiendo la localidad.

Para lanzar esa monumental mentira mediática, el mayor embuste de su carrera, Laporta necesita que su ejército mediático despliegue también una colosal campaña de falsedad, sin comparación y sin precedentes.

Para empezar, quien introdujo el reclamo de un reembolso en dinero en efectivo a los socios que utilizaban el Seient Lliure fue Joan Laporta partir de 2009, asesorado por su director general Joan Oliver, una medida de emergencia para estimular la cesión de los abonos y la venta y reventa de sus asientos a los miles de turistas que pagaban lo que hiciera falta por ver al Barça de Messi y de Guardiola.

Con Laporta, pues, empezó todo, un despliegue sistemático de campañas animando al socio a liberar el asiento en lugar de estimular lo contrario. La iniciativa encontró un terreno abonado, favorable, en miles de socios que, gracias al Gran Repte, pudieron darse de alta y adquirir abonos sin restricciones ni acreditar el menor crédito barcelonista.

Básicamente, los socios que, gracias al Seient Lliure y el crecimiento desbocado de las mafias dedicadas a la reventa, entre ellas las propias agencias oficiales autorizadas por la directiva, no sólo disfrutaban de un abono gratuito sino de la posibilidad de revenderlo.

Rosell y Bartomeu consiguieron rebajar y sanear considerablemente prácticas como la que posibilitaron la invasión del Eintracht. Gracias a Joan Laporta, de nuevo, recuperando a las agencias anteriormente expulsadas y deshabilitando todos los controles de seguridad que ya existían, el Camp Nou quedó expuesto al riesgo de que un día sucediera una catástrofe.

Y sí, pudo ser peor si los socios abonados hubieran respondido a la llamada de la junta de última hora a liberar sus asientos. Habrían podido entrar aún más alemanes.

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1 comentario en «Laporta provoca una revuelta social con su negligencia y cinismo»

  1. Los periodistas a sueldo de Rosell y Nobita como el que escribe este artículo no se atreven ni a firmar las mier….. que escriben
    Jajajajajajaajajaj
    Sacarse la carrera para esto jajajaajajajaja

    Responder

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