Duro inicio de la primavera para la Fundació Arrels

En el último mes y medio han muerto cinco personas acompañadas por esta entidad, que atiende a las personas sin techo

El inicio de la primavera ha sido duro para la Fundación Arrels, entidad que acompaña y atiende a personas sin hogar. En el último mes y medio, cinco personas atendidas por esta Fundación han muerto. Lo daba a conocer en su perfil de Twitter, el pasado 13 de abril, con este mensaje: “En sólo seis semanas, nos han dejado cinco personas que conocíamos y acompañábamos desde Arrels. Son Arek, Miquel, Valentín, Asad y Rafael”.

«Estas cinco pérdidas evidencian realidades muy invisibles que sufren las personas sin hogar, como tener un estado de salud muy frágil debido a la vida en la calle y estar expuestas a violencia», explicaba Arrels en el hilo de Twitter que acompañaba al primer mensaje. Y añadía: «También visibilizan situaciones que las entidades que las acompañamos encontramos a menudo, como el hecho de enterarnos de que una persona nos ha dejado tiempo después de su fallecimiento». #ningusenserecord era el hastag incorporado a estos mensajes. «Nadie durmiendo en la calle» es el lema de la entidad.

Arrels recuerda que “Arek, con 52 años, amaba muchísimo la Barceloneta y la calle Mariners, donde dormía cada noche”, “Valentín tenía 45 años y nos hacía sonreír con sus historias cuando lo visitábamos en la calle”, “con Assad, de 39 años, hemos compartido cafés, hemos hablado de música y hemos descubierto cómo le querían los vecinos y vecinas del barrio donde vivía al raso”, “Rafa vivía en las calles de Sants y con él habíamos charlado y cantado”, y que “Miquel nos dejó mientras dormía en su piso y de él siempre recordaremos sus ganas de explicar que vivir en la calle no es algo normal y que materializó en el cómic autobiográfico ‘Miguel, 15 años en la calle’”.

En su portal web, esta entidad recoge que “en 2021, hemos dicho adiós a 69 personas que vivían o habían vivido en la calle en Barcelona. Tenían, de promedio, 55 años; esto significa 27 años menos que el resto de barceloneses y barcelonesas que también nos han dejado”. Cuando una persona de las que atiende muere, se encarga de contactar con la familia, se coordina con los servicios funerarios para preparar una despedida en condiciones y avisa a todos los miembros de la entidad del día y hora del entierro. El objetivo es que todo el mundo sea enterrado con dignidad y en compañía.

También explica en el portal web que “vivir en la calle deteriora la salud y acorta los años de vida. Los motivos son muchos y todos suman: el frío en invierno y el calor en verano, la tensión para buscarse la vida todos los días, el miedo, la inseguridad y la violencia a la que está expuesta la persona, la mala alimentación, las adicciones en algunos casos o el escaso acceso a la sanidad”.

En Barcelona hay cerca de 5.000 personas que no tienen hogar de las que unas 1.100 duermen en la calle todos los días mientras que el resto lo hacen en albergues públicos o privados o en asentamientos informales. Los datos sobre personas sin hogar en Cataluña están poco actualizados. Los últimos de que se dispone corresponden a 2017. Entonces, el gobierno de la Generalitat contabilizó 53.118 personas en situación de sinhogarismo, de las que 2.347 vivían y dormían en la calle.

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