Retroceso de la libertad y alza de precios en Rusia. Saqueos en Ucrania

“Los rusos se están marchando del país en masa”, nos explica Larissa desde San Petersburgo. «Es muy difícil irse ahora, pero, en cuanto ve la oportunidad, la gente sale por cualquier medio». Marchan empujados por una regresión de las libertades más que palpable. Rusia nunca ha sido un modelo de libertades, más bien era un ejemplo de que el simple hecho de votar no convierte a un Estado en democrático, pero desde el inicio de la guerra los pocos derechos de los que gozaban sus ciudadanos van desapareciendo.

Desde el minuto cero Putin ha ido advirtiendo a los ciudadanos de que están contra la invasión o, simplemente, critican las decisiones del gobierno. Los califica de “insectos que deben ser eliminados”, de los que “los rusos sabrán cómo ocuparse a través de la autopurificación de la sociedad”.

Los medios de comunicación independientes han desaparecido y los canales oficiales difunden como información pura propaganda que habla del supuesto acoso y asesinato de ciudadanos rusófonos y aprovecha programas de televisión donde un jovencísimo Zelinski aparecía parodiando a Hitler para presentarlo como un nazi. El actual presidente de Ucrania es judío, algunos de sus familiares murieron en campos de concentración durante la II Guerra Mundial y cuando llegó a una presidencia que ni él mismo se esperaba se puso a estudiar ucraniano a toda prisa porque sólo hablaba ruso.

En televisión oficial la guerra no existe. Tanto es así que Marat Basharov, un conocido actor moscovita, fue despedido del teatro en el que trabajaba después de hacer público su apoyo a la intervención militar en Ucrania. Cometió el crimen imperdonable de pronunciar la palabra «guerra».

Los rusos que abandonan su país también lo hacen para huir de una situación económica que se degrada con una rapidez alarmante. Solo la marcha de las empresas occidentales ha supuesto la pérdida de más de 120.000 empleos directos. Algunas fuentes estiman que el paro, que a principios de año rondaba el 4,7%, puede llegar a situarse por encima del 20% a final de año. La subida de precios parece imparable.

«No te lo creas cuando dicen que no tenemos comida en los supermercados, no es verdad», explica Irina desde Kazan, pero reconoce que «la tinta para las impresoras cuesta hoy cinco veces más que antes del comienzo de la «intervención especial””. Lo cierto es que algunos productos van muy buscados. Es el caso del azúcar, que ha disparado su precio más del 37% y escasea en las tiendas. Aún han subido más los plátanos, un 49%, y no hablemos de los tomates, por los que hoy es necesario pagar un 57% más que hace algunas semanas. Junto a ello, que el jabón o leche sólo hayan incrementado su precio un 10% y un 6,5% respectivamente parece una buena noticia.

En esa situación, la compra y venta de mercancías obtenidas a través del saqueo de las casas de los territorios ocupados puede ser un buen negocio. Lo que en un primer momento eran robos de pulseras, anillos o ropa interior para regalar a las novias que esperan el regreso de los combatientes se ha industrializado. Irina Vereshchuk, ministra ucraniana para la Reintegración de los Territorios Temporalmente Ocupados, denunciaba que los soldados rusos robaron catorce toneladas de alimentos y medicinas que habían traído como ayuda humanitaria a Melitopol en doce autobuses durante un viaje para evacuar a refugiados. No es un caso único. En Enorgodar los ocupantes detuvieron un reparto de comida entre los civiles de la ciudad para quedarse con los víveres.

Es posible que parte de esta ayuda haya sido vendida en algunos de los mercados informales que organizan de vez en cuando miembros del ejército ruso para sacar algún dinero con el botín obtenido robando casas que han dejado atrás los refugiados deseosos de huir del frente o de civiles asesinados. En Narovlia, en Bielorrusia, donde las huestes rusas tienen su retaguardia, se pueden encontrar a la venta en medio de la calle lavadoras, lavavajillas, neveras, joyas, coches, bicicletas, motos, vajillas, alfombras, obras de arte o cosméticos provenientes del saqueo. Ni siquiera se salvan los juguetes de los niños. No muy lejos de allí, en Mozyr, se han visto soldados recién regresados ​​del frente descargando de camiones militares Kamaz paquetes con el fruto de los robos para enviarlos camino de sus hogares a través del servicio ruso de entrega urgente de mercancías CDEK.

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