Vulcanólogos

Ya se han cumplido dos años del inicio aquí, en España, de la Covid-19. Dos años en los que también se ha consolidado una manera de ser y de hacer en las redes sociales, en la que todos, como los opinadores de los magacines televisivos de la tarde, somos especialistas en todo. Pues si, en marzo de 2020 empezaron a aparecer virólogos de entre las piedras. Su currículum, por el que tuiteaban, era impresionante: inmunólogos, neurólogos y politólogos todo junto, que te hacían pensar que como podía ser que no estuvieran formando parte de los servicios de inteligencia mundiales de tanto que sabían. Estos mismos, posteriormente, con el volcán de la Palma, adquirieron el título de vulcanólogos, y ahora, con el conflicto entre Rusia y Ucrania, demuestran sus dotes como geoestrategas sin ningún tipo de mal olor.

Saber de todo no digo que sea una cosa nueva, de hecho es tan vieja como lo son las tertulias de copa y puro de las comidas familiares. Somos seres sociales y que mejor para socializar que hablar de aquello que pasa. Quien no haya pontificado nunca, que lance la primera piedra. Pero sí que creo que en las redes sociales, en la que mucha gente es propensa a establecer cátedra, a defender una única y pura verdad, se ha consolidado el cuñadismo a niveles estratosféricos, y este desgraciadamente no se queda entre las cuatro paredes del comedor.

Ahora, bajo perfiles de nombres diversos, que esconden personas de carne y huesos, puedes leer las disertaciones y opinones de gente de todo el mundo. Y si esto debería ser un hecho positivo, que nos permitiera crecer cultural y socialmente, y acceder a tener más información para conformar un pensamiento propio, la realidad es que también ha hecho que el cuñadismo se una para combatir con odio todo aquel que opine lo contrario del lo que ellos defienden.  La cultura de la cancelación es justamente esto: invalidar una persona porque sus opiniones no son como las tuyas con el detalle de que, además, no se necesita debatir sobre los motivos por los cuales consideras alguien equivocado, sino que simplemente puedes pedir el boicot, insultarlo y hundirlo en la miseria por el simple hecho que no piensa cómo tú.

Dos son las cosas que se ponen en extinción con estos comportamientos: la primera, la libertad de expresión y la riqueza intelectual que te facilita formar parte de un debate basado en la argumentación, el intercambio de percepciones y la crítica constructiva. El segundo: la izquierda. Si, la izquierda, porque ver como alumnas del máster de género y comunicación (nada sospechoso de ser de derechas), cancelan a una profesora experta en género y comunicación y fundadora del mismo máster,  por ser crítica con la concepción del género y sexo que establece la teoría Queer solo convierte estas personas en policías del pensamiento, al más puro estilo 1984 y las hace ser cómplices de un discurso de odio que este sí, es real, por la carencia de argumentos, al que ellas dicen combatir.

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