Una realidad incómoda

Es una evidencia cada vez más palpable la necesidad de cambiar nuestro modus vivendi en un mundo que quisimos imaginar ilimitado y que labra está sufriendo las consecuencias del consumismo contaminante, feroz y destructor de los humanos. Hace años que los científicos nos alerten: cal, y cuanto antes mejor, cambiar los hábitos adquiridos y nuestros patrones de consumo poco sostenibles… Este cambio de hábitos obviamente no será fácil y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo, a pesar de ser imprescindible si no queremos llegar a un punto de no retorno. Sabiendo esto resulta lamentable comprobar cómo se hace de una realidad incómoda una batalla política oportunista para intentar ganar al adversario. Un ejemplo, la polémica ante los comentarios del ministro de Consumo sobre los macrogranjas.

La realidad que muestran los datos es que el 80% de la superficie agrícola mundial se destina a producir alimentos para animales y no para consumo humano. Que el excesivo consumo de carne se asocia a sobrepeso, obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo II. Que en España, el 94% de las emisiones de amoníaco son generadas por la ganadería industrial, incumpliendo el umbral de emisiones desde 2010, año en que es estableció. Y que según un informe de la CE de seguimiento de la Directiva de nitratos, España tiene un problema sistémico derivado de su modelo agroalimentario que está provocando consecuencias para el medio ambiente. Además, una macrogranja genera menos puestos de trabajo que la ganadería extensiva y ecológica, a estar todo más automatitzat.

De todo esto se pueden extraer dos conclusiones: tenemos que consumir menos carne y tiene que ser de la mejor calidad por el bien de todos, por lo tanto, se tiene que potenciar en todo caso la ganadería extensiva en las macrogranjas. Y esta es la realidad incómoda expresada por Garzón y que todo el mundo ha atacado y ridiculizado. Desde el «donde haya un buen chuletón» del mismo presidente del Gobierno a la tergiversación política hecha por la derecha para sacar rédito electoral.

Estas fiestas de navidad que muchos hemos pasado medio confinados en casa, Netflix licitó en la plataforma «Don’t look up», una película llena de actores reconocidos y que trata de forma cómica la realidad actual: este negacionismo oportunista, a corto plazo y podriamos definir como autolesivo, con la única finalidad de sacar un rédito material. Y es que el negacionismo sobre los problemas que comporta la ganadería industrial no obstaculizan solo empezar a poner manos a la obra a un problema que si seguimos permitiendo llegará a un punto que se nos hará incontrolable, sino que es una muestra más del egoísmo imperante en este mundo capitalista, consumista y egocéntrico, que mira más por la ganancia inmediata que por la tierra que dejará a las generaciones futuras. El asteroide se dirige hacia nosotros, pero nosotros seguimos sin mirar arriba.

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