Jugar para mejorar el mundo

El lugar que ocupa el juego en nuestro día a día quizás se concentra estos días de Enero, en los que tenemos que recorrer tiendas, mirar ofertas, probar como funcionan los juguetes, sentarnos en el suelo para usarlas con nuestros niños, aprendiendo de ellos, seguro, aquellas habilidades que vayamos perdiendo por no usarlas.

El juego, por su propia definición, no tiene otra finalidad que no sea la alegría y el propio placer de jugar” como diría Raimundo Dinello, o antes Johan Huizinga al poner por delante el juego a la cultura: “sin cierto desarrollo de una actitud lúdica, ninguna cultura es posible”

Pero, más allá del juguete y la infancia, jugar es un impulso vital y primario que nos empuja a explorar el mundo, conocerlo y hacernos con él. Esta actitud existencial es una manera particular de tomarse la propia vida, curiosa e indagadora, valiente y libre, orientada a disfrutarla y agradecerla, de forma positiva y con cierto sentido del humor.

Decir que somos tal y como hemos jugado quizás es demasiado determinante, teniendo en cuenta el montón de experiencias que tenemos al largo de la vida…. Lo que sí podemos decir es que si un adulto mantiene la capacidad de jugar, la actitud de indagar, el valor de explorar… seguramente será más fiel a la realidad, tendrá una mejor actitud ante los acontecimientos vitales y, probablemente, será más sociable.

Este es el cimiento de las tendencias innovadoras que se basan en el juego para resolver conflictos, imaginar escenarios de futuro y pensar más allá: la “gamificación”. Podríamos decir que es una técnica de aprendizaje que traslada la mecánica de los juegos al ámbito educativo y profesional con el fin de conseguir mejores resultados, ya sea para fijar mejor los conocimientos, desarrollar una habilidad o bien recompensar acciones concretas. Como técnica de aprendizaje se ha extendido al ámbito de la sociología y la ciencia política, especialmente en las estrategias de creación de escenarios de futuro.

Cada vez disponemos de más institutos y centros de investigación sobre el FUTURO, ya sea para pronosticar sucesos o definir tendencias. Pero hemos creído que merece la pena resaltar otra utilidad de las técnicas de juego pensadas para imaginar el futuro que tienen más a ver con la participación de las personas, invirtiendo sus habilidades y capacidad de juego cooperativo.

Hablamos de la experiencia de Jane McGonigal, del Instituto for the Future, en California, que se basa en las últimas investigaciones científicas en psicología y neurociencia para mostrarnos como entrenar nuestra mente para pensar aquello impensable e imaginar aquello inimaginable.

¿Qué papel tenemos las personas en la construcción del futuro?

La pronosticadora de futuro y diseñadora de juegos de renombre mundial, en un próximo libro, nos enseña a imaginar el futuro antes de que llegue y nos da las herramientas para ayudar a dar forma al mundo en el que queremos vivir. Nos invita a jugar con los experimentos de pensamiento provocativos y las simulaciones futuras que ha diseñado exclusivamente para este libro, con el objetivo de:

– Construir nuestro imaginario colectivo para que podamos zambullirnos en el futuro e imaginar, con un detalle sorprendente, como será nuestra vida de aquí a diez años.

– Desarrollar el coraje y la visión para resolver problemas de manera creativa.

– Tomar acciones y tomar decisiones que ayudarán a dar forma al futuro que deseamos.

– Acceder a “el optimismo urgente”, una fuerza imparable dentro de cada cual de nosotros que activa nuestro sentido de la agencia.

“Con nuestra imaginación, el futuro es un lugar donde cualquiera cosa, cien cosas, o todo, puede ser diferente, incluso cosas que parecen imposibles de cambiar hoy”. Esta afirmación, lejos de ser ingenua, se basa en el potencial real que tienen millones de personas jugando a juegos diseñados para resolver dilemas reales mundiales desde una lógica propia de los juegos digitales, según la cual todos los protagonistas tienen un papel concreto, una misión específica, unas reglas comunes y un sistema de conexión con los otros para poder actuar de forma cooperativa en la resolución de conflictos. La capacidad creativa de un conjunto enorme de personas abordando los mismos dilemas y encontrando formas diversas de resolverlos es, para la autora, un potencial que no se puede dejar de lado. Realmente resulta disruptivo apostar por una fuerza creativa comunitaria que, ya sea de forma individualizada o a partir de grupos, pueda dedicar el tiempo de juego habitual a una actividad verdaderamente orientada a soluciones de problemas reales y no ficticios. ¿Cómo se podría este patrimonio universal transformar en acciones concretas?

Esperamos encontrar todo esto en el nuevo libro de Jane McGonigal que se publicará en marzo de este año: «IMAGINABLE: Como ver el futuro que llega y sentirse preparado por cualquier cosa, incluso cosas que parecen imposibles hoy» (Spiegel & Grado, 2022).

Jane McGonigal es una pronosticadora de futuro y diseñadora de juegos de realidad creados para mejorar la vida real y resolver problemas reales. También es autora de dos libros más vendidos según el New York Times, “Reality Is Broken: Why Games Make Os Better and How They Can Change the World” (Penguin Press, 2011) y “SuperBetter: The Power of Living Gamefully” (Penguin Press, 2016).

Es la directora de Investigación y desarrollo de Juegos en el Institute for the Future, un grupo de investigación sin ánimo de lucro en Palo Alto, California, actualmente imparte el curso “Como pensar cómo un futurista” en la Universidad de Stanford.

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