Ni ecoangustia, ni psicothriller: emergencia climática

Es posible que no lo recordemos ya, y si lo recordamos mejor, que hace muy poco tuvo lugar la Cumbre de Glasgow sobre cambio climático. Recordarlo puede parecer incluso una inocentada, pues parece una eternidad ¿verdad? Meses antes y especialmente durante los quince días que duró la Cumbre se produjo un resurgimiento de análisis, informes, advertencias, foros y encuentros sobre la emergencia climática, así como de manifestaciones por doquier.

Recordemos, como a principios de 2020, con la irrupción de la pandemia, desapareció de repente, de la escena, de los medios, de la agenda política y de las preocupaciones sociales, la emergencia climática, siendo sustituida por la emergencia sanitaria. De hecho, el año 2019 fue un punto de inflexión en la acción climática, luego truncado.

Pues bien, se ha vuelto a repetir la historia y terminada la Cumbre de Glasgow, a las 24 horas desaparecía la emergencia climática de la agenda política y a las 48 horas de la agenda mediática. ¡De forma fulminante!. Como si alguien hubiera pulsado un botón. Simultáneamente emerge como a principios de 2020, una alarma social mundial digna de psicothriller, de nuevo, que hace desaparecer por completo que estemos en plena emergencia climática.

Si bien muy a menudo criticamos la sobreactuación y la saturación de información sobre el cambio climático y/o la emergencia climática, pues lo que provoca no es más concienciación, sino más empalago y ecoangustia, al no ir acompañada de medidas, controles y políticas reales que hagan creíble la emergencia, más nos preocupa, aunque como efecto haga desaparecer la ecoangustia, que su lugar lo ocupe de nuevo el pánico, mucho más paralizante y peligroso con la emergencia sanitaria, pues éste sí va acompañado de medidas, controles, restricciones, prohibiciones, etc. que de rebote, dan a entender a la vez, que no debe ser tan grave la emergencia climática.

Todo ello desmiente por los hechos (durísimas restricciones), la alarma, declaraciones y acuerdos que a nivel internacional se repiten últimamente en las Cumbres de Naciones Unidas, y es que el problema más importante que tiene la humanidad en estos momentos es el cambio climático (por eso estamos ¿estábamos? en emergencia climática). ¡Ah! Y por cierto, a nivel de enfermedades, puede que haya que recordar, con tanta alarma pandémica (o puede ser también una inocentada) que las enfermedades más mortales en nuestro entorno, siguen siendo los infartos, los ictus y los cánceres.

Esta contradicción, que se repite en el tiempo de forma recurrente, y dada la situación, permanente, o bien es fruto de un alto nivel de incoherencia e hipocresía institucional a altos niveles o bien es fruto de una ingeniería social que arrastra como un tsunami a casi todas las instituciones y medios de comunicación, donde se hace difícil hacer una crítica social serena a lo que está sucediendo sin ser catalogado rápidamente de divergente (los más educados) o directamente de imbécil, idiota o estúpido (los maleducados). No hay término medio. Y dado el contexto en el que estamos, curiosamente, el contraste es espectacular y estratosférico en relación con el silencio frente al negacionismo climático: ¿Ignorado?, ¿tolerado?, ¿menospreciado?, ¿fomentado?, ¿relativizado? Un doble rasero moral, ético, intelectual, político y científico muy preocupante. Continuemos con el contraste. Pero ahora, imaginemos con John Lennon.Imaginémonos por un momento que en un contexto de emergencia climática, si es que estamos en él y no es un lavado de verde de las instituciones, todas las empresas que contaminan por encima de x emisiones de CO2 (con umbrales en línea con los Acuerdos de París), fueran multadas y juzgados sus directivos, por delito climático (de ambientales, fijémonos que nunca hay en Cataluña…es un oasis (un oasis contaminante y contaminado).Que se cancelan todos los permisos para instalarse en Cataluña (en nuestro caso) a todas las multinacionales tecnológicas que están favoreciendo el hundimiento del comercio de proximidad, economía local y cooperativa, etc. aparte de la evasión de impuestos a la que estamos asistiendo de forma vergonzante, por las emisiones de CO2 que está favoreciendo el comercio electrónico con una logística de mercancías que está colapsando las grandes ciudades, autopistas y carreteras: el último año en Cataluña con 38 millones de desplazamientos.Obviamente quedan prohibidas (es un decir) a partir de un reciente decreto del Govern (como se ha hecho recientemente con la nueva normativa de energías renovables) todas las carreras y competiciones «deportivas» de «Fórmula 1» y en general, de velocidad, sea de camiones, coches, motos, etc., no las ilegales en polígonos industriales, que son el chocolate del loro. Obviamente el decreto va acompañado de una partida de indemnizaciones y compensaciones que vienen dadas por los 65 millones de euros anuales que la Generalitat ingresa por el impuesto por CO2 a vehículos (no a camiones, ni barcos, aplazado).Imaginémonos que ya no se pueden tomar vuelos transoceánicos, si no es por causa justificada, y que los traslados a menos de 1000Km. son por ferrocarril.Que quedan cancelados definitivamente todo tipo de permisos de instalación o ampliación de granjas de cerdos en todo el territorio catalán, no ya por los impactos de los purines en los acuíferos, sino por su impacto ambiental global.Que a partir de una fecha determinada el turismo internacional o de masas, ha dejado de serlo y sólo se permite la práctica del turismo activo nacional o extranjero, en pequeños grupos, que aparte de pagar un impuesto turístico más elevado (el actual es ridículo), participarán en las actividades populares que se organizan en el territorio, y en campañas de limpieza de bosques, ríos, playas,..Que se obligará a todas las personas a tener un pasaporte ambiental o “green pass” (que aquí sí estaría bien fundamentado y no edulcorando medidas sanitarias de dudosa legalidad) para controlar el nivel de huella ecológica que realizamos al cabo del día o del mes, tanto en nuestra vivienda, desplazamiento, consumiendo, reciclando o digitalmente (en este caso habrá un límite de consumo digital, dado que la industria digital se ha convertido en el “tercer país” más contaminante del mundo, tras China y Estados Unidos).Si imaginamos que todo esto es posible y necesario, es evidente que estaremos en vías de ser coherentes con la emergencia climática declarada. Todo lo demás es postureo o inocentada.

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