‘Exitus letalis’

El rumbo que han cogido nuestras políticas es el de todo a babor, nos dirigimos a un mar abierto sin rumbo fijo, y olvidamos que en un hospital es en donde nos encontraremos con las últimas miradas, las que nos dirán si hemos sido amados antes de partir.

«España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos de dolor y de piedra profunda para darme: no me separarán de tus altas entrañas, madre».

Madre España, Miguel Hernández

¿Cómo es posible que vivamos en un país en el que se intenta quitar el reconocimiento al personal de limpieza sanitaria por su labor durante la pandemia?

Trabajar limpiando tiene más mérito del que muchos puedan creer, porque mientras pasas la fregona observas los zapatos de quiénes pisan el suelo que estás fregando, y mientras pasas el paño con la intención de mantener pulcra tu zona de trabajo, sabes que el más mínimo movimiento afectará a tu jornada laboral, y no solo eso, un hospital te abre en canal y te enseña lo que es la vida. Los limpiadores no solo limpian, consuelan a todo el mundo, tienen que quitar todo tipo de basura, incluida la mental como la que tienen los grupos políticos que se han negado a reconocerles el mérito. Queda claro por dónde intentáis navegar, un mar bravo y sin conciencia que arrasa con lo que se interpone en vuestro ascenso al poder. Reducir al máximo las políticas sociales, de las humanitarias ni hablamos.

El jueves 22 de julio ERC, JxCat y Vox, rechazaron la paga extra en reconocimiento por su labor durante la pandemia al personal de limpieza sanitario. Tuve la oportunidad de trabajar limpiando con 24 años en el Hospital Parc Taulí de Sabadell. El artículo lleva el título del momento más temido cuando trabajaba allí, si mi busca sonaba era un exitus, aquello significaba que tenía que ir a la habitación del muerto a desinfectar suelos y paredes para el próximo. Trabajar en paliativos no te libra del horror de la verdad única que a todos nos iguala. Un día charlas con un paciente sobre el libro que está leyendo para concienciarse antes de partir, y al día siguiente estás recogiendo sus últimas cosas olvidadas. Desinfectar las habitaciones de la muerte te otorga cierta perspectiva.

¿Os podéis imaginar como habrán llegado a sus casas los limpiadores en la época de auge de la pandemia?

Yo no puedo evitar empatizar con todos ellos, qué horror. Trabajar como limpiadora en un hospital es uno de los trabajos más agradecidos que he tenido, y uno de los más duros por tener que pasar de largo y no establecer vínculos con ninguno de los pacientes, porque aquel era su pase final. Nada que ver con escribir que es esclavo, y más en mareas revueltas. Hay personas que no tienen conciencia del peligro, pero las paredes de un hospital suspiran los versos arrinconados de personas sin posibilidad de escapar, vuelan las esperanzas de los hijos, los padres, los hermanos. Negar algo así es mezquino y despreciativo. Como humanista en ciernes, me entristece ver -aunque es lo lógico y lo propio en épocas de escasez, de catástrofes, y de guerras- es como los radicalismos han saltado a la palestra a por su trozo de pastel.

Un exitus es lo que han supuesto las políticas de los últimos tiempos para Cataluña, reducción de nóminas al personal sanitario, recortes en educación, y precariedad laboral.  Lo he vivido en primera línea y he analizado cada uno de los puntos, los independentistas quieren hacer caja de todo, hacen las mismas políticas que los de la derecha española. ¿Cuándo se va a dar cuenta la población de qué ha estado alentando al opresor? Tan solo somos su carne de cañón. ¿Cuándo la verdadera izquierda española va a dar un paso al frente para frenar este destino?

Susana Alonso

Si se construyeran hospitales, escuelas públicas, y viviendas sociales-además de ser una sociedad constructiva- se observaría una España progresista, a lo único que deberíamos aspirar, porque se produce de forma automática bienestar. El pueblo educado, sano, y bien recogido. Una sociedad en paz, como en algunos países de Europa a los que deberíamos apuntar para tomar ejemplo, y no a los que viven en guerra o sometidos por sus formas de gobierno. Nos hemos convertido en una Cataluña en la que los dueños de las tierras se lanzan espadas al aire, y caiga quien caiga a ciegas siguen cabalgando.

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