La prensa aclama la falsedad una semana después

Aún no se ha acallado el eco mediático de la rueda de prensa de Laporta contra Bartomeu, que sigue esperando respuestas

Joan Laporta en la rueda de prensa sobre la auditoría
Joan Laporta en la rueda de prensa sobre la auditoría

La sucesión de artículos de la prensa deportiva especializada más prestigiosa en el contexto del entorno barcelonista, entendiendo por prestigiosa la más leída y generadora de un estado de opinión azulgrana convencional, coincidió en que la rueda de prensa de hace una semana puso a Josep Maria Bartomeu donde se merece, al pie de los caballos, y le dio alas a un Joan Laporta que necesitaba un balón de oxígeno tras la marcha de Leo Messi. Ha sido incesante, hasta el fin de semana -siete y ocho días después- el reguero de artículos repetitivos y unánimes en la idea de que el presidente se dio un baño de éxito y de locuacidad.

Ninguno de los ‘popes’ de este periodismo alienado con la uniformidad y el discurso único del poder dejó de incidir, invariablemente, a interpretar como un gran error de Bartomeu el hecho de cantarle a Laporta las cuarenta. El expresidente, sin duda y comprensiblemente, reaccionó harto de ser acusado, también, de la patada a Leo Messi, harto de recibir todas las críticas por haber renovado en su momento generosamente al mejor jugador de todos los tiempos -críticas de hoy, no de cuando se produjeron las renovaciones- y harto de haber sido igualmente el único culpable de haberlo obligado a quedarse en el Barça cuando el delantero envió un burofax hace un año que pretende irse del club. Es decir, culpable de tres delitos barcelonistas contra la figura de Messi, cada uno en una dirección opuesta a la otra.

Existe en este periodismo de cámara y elitista de los Ramon Besa, Josep Maria Casanovas, Joan Vehils, Joan Josep Pallàs y tantos otros opinadores, acobardados y temerosos de la ira de Joan Laporta, la unanimidad de que Bartomeu debe ser considerado invariablemente el único responsable de cualquier calamidad del barcelonismo aunque sea una y la contraria al mismo tiempo, o tridimensional en el caso de Messi: pagarle primero la mejor ficha para que se quede, no ceder a su chantaje cuando quiso irse tras perder 8-2 contra el Bayern y, finalmente, un año después de haber cesado en el cargo, apareció como el verdadero y único malhechor que sigue moviendo los hilos por haber impedido su renovación con el Barça. ¿Cómo?

Esto es física y materialmente imposible por más que Joan Laporta lo repitiera durante dos horas el lunes pasado, encadenando una mentira tras otra. Josep Maria Bartomeu, por supuesto responsable hasta el cierre del ejercicio 2019-20, le envió una carta que, al parecer, nadie leyó con atención, y mucho menos el propio Laporta, a quien el ex-presidente pidió dejar de enredar con insinuaciones, rumores, filtraciones y acusaciones de hechos «presuntamente delictivos».

Bartomeu le pidió que, de una vez por todas, aporte la auditoría y la Due Diligence y gobierne como le corresponde a un presidente. Que denuncie lo que sea necesario y sea denunciable; que rebaje el sueldo a la plantilla como sí hizo él (el 12% en ejercicio anterior); que aminore el impacto de la caída de los ingresos por el bien el club; que encuentre algún recurso que no sea engordar en el Botafumeiro; que deje de ser una marioneta de Florentino Pérez; que inscriba los fichajes en lugar de irse de vacaciones; que no recompense a Neymar por su traición con el dinero del club; y que no busque artimañas contables para deteriorar la plantilla, como pretendió hacer en 2003, intentando esconder la basura bajo la alfombra de Gaspart.

Joan Laporta, adjetivado por las estrellas mediáticas como un coloso de la comunicación, tan capaz y valiente de avasallar un rival ausente y ante un auditorio cómplice y sediento de sangre y venganza, no fue capaz ni de dar respuesta al título de la convocatoria de prensa que rezaba como Due Diligence. Ni la presentó, ni tampoco la auditoría (ahora dice que en septiembre). Omisión e incumplimiento que si hubiera dependido de Bartomeu habría sido grave y denunciado por los altavoces del poder. No digamos si, por ejemplo, el ex-presidente hubiera embaucado a Messi como hizo Laporta. Entonces habría sido, metafóricamente hablando, quemado en la hoguera.

El periodismo que más presume de independiente y de sagaz cayó en el error y en la artimaña que más domina Laporta, las artes de la agitación y de la mentira como más audaz, imprudente y desbocada mejor. Admitidos sus dones para la interpretación y la desvergüenza de no decir una verdad ni equivocándose, debe convenirse que le favorece la desinformación absoluta, la ignorancia supina y el ‘papanatismo’ de la prensa en general por haber salido, como un coloso, de un discurso en el que ninguna de sus aserciones, proclamas y amenazas dichas por él se sostienen.

El periodismo, con muy pocas excepciones estratégicas porque Laporta se ha lanzado en brazos del Grupo Godó y le sopla siempre a favor el viento de la Corporación, encajó con una resignación ciega e incluso con aplausos y vítores que, por ejemplo, negara la aprobación de las cuentas de Josep Maria Bartomeu de la temporada 2019-20 en la pasada asamblea del 20 de junio. Unas cuentas que él mismo pidió aprobar por la única razón de que estaban correctamente formuladas.

Hubiera sido una irresponsabilidad por su parte y no habría supuesto ningún contratiempo técnico ni de ningún otro tipo no reformularlas si no estaban validadas, como en este caso, por el auditor, cerrando oficialmente la temporada con 97 millones de pérdidas por la covid y el mandato con 96 millones de beneficio patrimonial. Una aprobación mayoritaria por parte de los socios compromisarios que cierra la posibilidad de emprender una acción de responsabilidad. Laporta niega la evidencia, promueve la falsedad, engaña a la prensa -y a los socios- y sale como el gran ganador.

Esta presentación tendenciosa y mentirosa de hechos probados, ciertos y que, además, figuran en la memoria oficial del club, es sólo un ejemplo del festival de inexactitudes, mentiras y manipulaciones de esta tan aplaudida comparecencia. Más que venirle bien a Laporta para mejorar su imagen ante los socios y la opinión pública -que le da del todo igual-, la carta de Bartomeu le convino sobre todo a la prensa para poder descargar más munición en su contra y así evitar la crítica por la señalada y palmaria inacción de la nueva junta, denunciada con pelos y señales por Josep Maria Bartomeu.

Puede que fuera temerario, pudiendo estar callado, como estrategia para mejorar su reputación. Pero fue valiente, claro y honesto exigiendo que, si hay irregularidades, salgan a la luz y haciendo hincapié en la parálisis del actual presidente y de la junta directiva para gobernar. Esta carta, con el tiempo, cobrará el valor debido, como denuncia necesaria y oportuna, lo mismo que los artículos de esta corte mediática y aduladora, huérfana de una pizca, no mucha, para la investigación y la corroboración de tantas afirmaciones. ¿Desde cuando la palabra de Laporta es sinónimo de credibilidad, certeza y garantía? Que se lo pregunten a Leo Messi, por ejemplo.

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