Las alpargatas del presidente

Demasiado a menudo los árboles no nos dejan ver el bosque. Entre otras pocas cosas, de la crisis de Afganistán hemos extraído que el presidente Pedro Sánchez no llevaba el calzado adecuado para conducir el gabinete de crisis español correspondiente. La revuelta talibán ha pillado el líder español de vacaciones en Lanzarote. Así, el hombre resolvió dejar el baño un momento para resolver la crisis, ahora que las crisis y tantas otras cosas ya se pueden resolver teletrabajando. Una fotografía difundida por la Moncloa -después fue debidamente recortada- mostraba a un presidente enfundado en el traje de presidente, pero con un descuido que no pasa desapercibido: Sánchez olvidó sustituir las alpargatas de vacaciones por zapatos de presidente. Un detalle, insignificante si se quiere, pero que ha suministrado munición para una oposición, mayoritariamente derechista, ávida de trofeos de guerra. Al descuido de Sánchez se le puede dar la importancia que uno le quiera dar. Esto con Iván Redondo no pasaba. Lo cierto es que el error no son las veraniegas alpargatas, el error es no haber suspendido ipso facto las vacaciones, como han hecho tantos otros mandatarios.

A Sánchez le han faltado reflejos. Si bien es cierto que la toma exprés de Kabul ha precipitado los acontecimientos y ha cogido medio mundo con el paso cambiado, no lo es menos que el conflicto afgano ha dado a lo largo de su larga historia señales suficientes para esperar lo peor en cada ocasión. Las imágenes del aeropuerto de Kabul merecían una reacción más rápida y proporcionada. Esto no impide que, después, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, haya asumido con diligencia y debidamente calzado la reacción española de una crisis que acaba de empezar. Una gestión sólo empañada por el error presidencial que, al mantener su agenda veraniega, una de dos, o se descartaba como interlocutor internacional, ninguneándose, o minimizaba una crisis que pronto se ha demostrado mayúscula. Sin embargo, conociéndole (?), seguro que el presidente vuelve a caer de pie como hacen los gatos. La expiación la puede encontrar en la evacuación y posterior política de refugiados.

Desconocemos si como Sánchez y los gatos, Joe Biden sabe caer de pie. Lo cierto es que la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, apoyada por una amplia mayoría de la población, en las formas y el momento puede haber arruinado su presidencia. Las imágenes del aeropuerto de Kabul tardarán tiempo en borrarse del magín colectivo. La exhibición de debilidad no gusta y la popularidad del presidente se ha desplomado, situándose por primera vez por debajo del 50%. Su comparecencia televisiva, poco empática y fiando a la suerte la resolución del conflicto, no ayuda a disipar dudas sobre su capacidad. Lo que pueda pasar a partir de ahora en Afganistán, a su población, especialmente a sus mujeres y sus niñas, pesará como una losa sobre el mandato Biden. Una muesca más en la colección talibán. Biden comparece siempre con los zapatos adecuados y bien lustrados, pero en el caso que nos ocupa nunca ha dado la sensación de ir bien calzado.

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