Margarita Rivière, uno de los nuestros

Margarita Rivière simboliza, para mí, como ha sido el periodismo en Cataluña durante decenios. Estaba en el bando equivocado según el pujolismo dominante. Veía las cosas tal como eran y la frustraba ver como el nacionalismo conservador dominante durante tanto años las tergiversaba. Pertenecía a aquel grupo de periodistas críticos que estorbaban al establishment catalán, el de las subvenciones a los medios afines y colocaciones en Cataluña Radio, TV3, el Avui o los gabinetes de comunicación de las consejerías.

Este establishment, transmutado desde hace unos años en independentista, ha ignorado que el ayuntamiento de Barcelona ha puesto su nombre a una plaza. No le han agradecido ni siquiera que pusiera en marcha el servicio de noticias en catalán de la agencia EFE cuando fue nombrada directora de la delegación en Cataluña. No era de los suyos. El pasado viernes se inauguró en el barrio de Les Corts. En la placa que preside la plaza se dice que era «periodista y escritora». De libros suyos he leído pocos. En cambio, de las cerca de seiscientas entrevistas que publicó en La Vanguardia me tragué un montón.

Entre los libros suyos que leí está ‘Clave K’. Lo publicó Icaria Editorial en 2015 después de que durante unos quince años ninguna editorial se atreviese a hacerlo. Dibujaba la Cataluña de los años noventa, el periodismo que se hacía entonces y los políticos que la representaban y dirigían. Y lo hacía con nombres falsos o con letras como la K que da título al libro. La K era Jordi Pujol. Mi memoria lamentable me dice que la Rivière (como la llamábamos todos, o muchos) me envió un pdf de ‘Clave K’ antes de su publicación. Me reí mucho y me entretuve identificando a los personajes, o intentándolo.

De lo que sí se acuerda mi memoria es de la última entrevista que le hice. Fui a su casa, cerca de la plaza que ahora lleva su nombre, y me atendió conectada a una máquina de oxígeno que necesitaba para respirar. Enric Català pudo hacerle fotos sin el tubo de oxígeno en la nariz porque accedió a quitárselo unos minutos. Era octubre de 2014, medio año antes de que nos dejara. La entrevista la publicó eldiario.es/catalunyaplural y la titulamos: «A los periodistas que no estábamos con los nacionalistas nos decían que estábamos contra ellos». Destacamos varias frases: «La confesión de Pujol es un acto de soberbia sublime», «En 1984, hubo un asedio al Parlament y lo llamaron patriotismo» y «Últimamente he dejado de mirar TV3. Catalunya Radio poco y Catalunya Informació, de vez en cuando y si no tengo otra salida». Hace casi siete años de esto.

En una entrevista publicada por la agencia EFE cuatro días antes de morir y publicada a raíz de la presentación de ‘Clave K’, decía: «la vida sin ver cosas positivas, no sé si vale la pena».

No era de los suyos. De los míos, sí.

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