Llenar el Liceo sin ni una sola voz discordante

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llenó el Liceo de Barcelona con más de 300 personas para anunciar que el día siguiente el Consejo de Ministros aprobaría los indultos a los nueve líderes independentistas encarcelados por la causa del 1-O. El socialismo lo vendió como un gran acto con la sociedad civil y política catalana. Pero poco después, con un análisis más detallado de los nombres de los asistentes, quedaba claro que el público no dejaba de ser una representación de gente que ya estaba de acuerdo con el que Sánchez se disponía a explicar.

Poca oposición y muy pocos matices había a la platea del Liceo. Las principales autoridades políticas de Cataluña dieron la espalda al presidente español y al acto que montó, todo alegando que era un acontecimiento propagandístico sin calado político. De hecho, hicieron bandera, de no ir. Y entre los asistentes solo había representantes de entidades que ya habían manifestado su apoyo a los indultos. Así, era mucho más fácil hacer la conferencia entre aplausos, está claro. De hecho, cuando un militante de Arran interrumpió a Sánchez pidiendo independencia, y cuando una mujer pidió más diálogo, la misma Moncloa admitía que eran dos personas que se los habían “colado”, de forma que reconocieron que nadie que pensara como ellos tendría que haber sido invitado al acto.

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