El pato cojo

De los Estados Unidos adoptamos la expresión lame duck (pato cojo), para referirnos al político caduco. Como los patos cojos, aquellos que no son capaces de seguir el ritmo de la bandada y se convierten en presa fácil de depredadores, el político, en su recta final, pierde legitimidad para tomar según qué decisiones. En teoría, la expresión no debería servir para aquellos políticos que, como Pere Aragonés, aspiran a gobernar tras ‘ganar’ las elecciones. Pero Aragonés, tras dos investiduras fallidas -por primera vez en Cataluña-, si no cojea, renquea.

Junts -lo que antes era Convergència- quedó tercero en las pasadas elecciones catalanas, tras el PSC y ERC. De hecho, ya hace dos elecciones que no gana, las anteriores, las de 2017, las ganó Ciudadanos y Junts quedó en segundo lugar. Las de 2015 las ganó, pero concurrió en coalición con Esquerra -Junts pel sí-. En solitario no las gana desde el año 2012, antes del paso al lado de Artur Mas. No obstante, Junts actúa como si las hubiera ganado. Recuerdo las elecciones de 2003, cuando el socialista Pasqual Maragall fue elegido presidente y la esposa de Jordi Pujol, la ex primera dama Marta Ferrusola, dijo aquello: «Es como si entran en tu casa y te encuentras los armarios revueltos, porque te han robado». Ahora, tras quedar por detrás de Esquerra, Junts recupera la vieja idea del robo.

Junts y Esquerra arrastran a lo largo de estos años demasiadas heridas no cicatrizadas y, como se demuestra estos días, la reconciliación se convierte en quimérica. Así, con las ansias independentistas ralentizadas por la realidad y las circunstancias, el encamamiento sin amor se convierte en pesadilla. Por otra parte, el fantasma de unas nuevas elecciones revuelve estómagos a ambos bandos. Saben que el precio puede ser elevado. Entonces, más tarde o más temprano -dos meses como máximo-, se pondrán formalmente de acuerdo. Mientras tanto, Junts tortura Aragonés con la idea de empequeñecerle hasta convertirlo en aquel Quim Torra vicarial, al dictado de Carles Puigdemont. Ahora, seguramente no habrá nuevas elecciones y Aragonés será elegido presidente, sin embargo, ¿cuánto durará? Con estos mimbres no se puede hacer un buen cesto y esto nos lleva a otra legislatura agitada. La enésima. Y, probablemente, interrumpida. Veremos. Todo ello en medio de una pandemia mortífera, con consecuencias económicas devastadoras, y con políticos de ambos partidos encarcelados y expatriados. Sin embargo, nada parece suficiente para tratar de hacer las cosas mejor.

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