ASAMBLEA CON DOBLE FONDO

Laporta enterró el mal recuerdo del voto de censura con mini referéndum aún más vergonzoso

La habilidad de Joan Laporta para dominar la escena mediática fue proverbial durante su mandato, en especial en los peores tiempos, los meses que siguieron a la victoria-derrota del voto de censura de 2008 cuando los socios reprobaron su continuidad con un 60% de los votos. Aunque se aferró a los estatutos, los mismos que se había saltado no convocando las elecciones en 2006 o no presentado los avales exigidos, para agarrarse a la silla, ese escrutinio dejó su imagen dañada y frágil, también porque los directivos de cierto prestigio que le quedaban en la junta habían dimitido en bloque.

Para cambiar de alguna forma esa contradictorio 60% de los socios en contra organizó uno de sus números circenses como fue incluir en la asamblea ordinaria del ejercicio 2007-08 una especie de referéndum, vinculante, entre los socios compromisarios. Quería un porcentaje a su favor y propuso lo que llamó una especie de acto de ratificación en el que vino a poner su cargo en manos de la asamblea. 

Como es posible suponer aquella asamblea acabó convertida en un ejemplo de opacidad, de falta de espíritu democrático y de manipulación del órgano soberano de club.

Joan Laporta empleó todos los trucos a su alcance y el ventajismo del poder para ese número de ficción en pleno mes de agosto, exactamente en el día del verano que aseguraba una menor participación, en plena época vacacional y bajo un calor de justicia, propio de la estación.

Sin embargo, sorprendentemente, la afluencia de compromisarios, que llenaron el Palau en un número superior a cualquier otra asamblea de Laporta provocó que a la hora de la verdad el control y la identificación de los socios compromisarios se relajara lo bastante como para que entrasen aquellas personas que llevasen simplemente una pegatina que así lo indicara. Fue una sorpresa que poco después de las siete de la tarde se alcanzara la cifra redonda de 1.000 socios compromisarios, momento que se aprovechó para realizar la consulta en cuestión.

Aun así, se movió ese punto del orden del día del séptimo puesto al cuarto para aprovechar esa inesperada y masiva participación sobre las seis de la tarde. La votación que el presidente había calificado como vinculante sobre su continuidad se avanzó antes de que el cansancio comenzara a causar bajas entre los asistentes.

La junta directiva ya había advertido que no se votaría de otro modo que no fuera a mano alzada con las cartulinas de colores (azul para el SÍ y rojas para el NO), negándose, pese a que algunas plataformas y socios destacaos habían pedido transparencia y voto secreto para una cuestión tan importante y decisiva como la que se planteaba.

Llegó el gran momento, finalmente resuelto en medio de una gran confusión. Tras haberse levantado las cartulinas para el ‘Sí’ y el ‘No’, la mayoría de los socios presentes, incluida la mesa de presidencia, percibieron que a simple vista no sólo no se había producido una victoria aplastante del ‘Sí’, sino que las rojas claramente habían empatado con las azules. Esa fue la impresión visual generalizada. 

Rápidamente llegó el desmentido oficial del recuento manual con un resultado de 56% a favor de la continuidad de Laporta en el cargo y 40% en contra. Un extraño silenció y no pocos murmullos dejaron paso al anuncio de la mesa, que dio por finalizado ese punto del orden del día. La sensación que flotó en el Palau Blaugrana fue no había cambiado mucho el elevado porcentaje de rechazo social hacia el presidente, reflejado en las pañoladas de los últimos partidos y en el voto de censura, pero con una evidente concesión y apoyo al proyecto de equipo propuesto por Josep Guardiola.

Inmediatamente de anunciarse la oficialidad del resultado, 400 socios se levantaron en masa de sus asientos y se dieron a la fuga, corriendo como quien dice dejando la asistencia a la asamblea en la media habitual de las asambleas celebradas anteriormente en las mismas fechas. ¿Procedencia? ¿Identidad? Nunca se sabrá si esa sobre asistencia, sorprendente, la facilitó el uso de pegatinas para todos y si ese adelanto imprevisto de la votación respondió a las caras aburridas y de ganas de marcharse de la sala que Laporta empezó a detectar a las dos horas de tediosa asamblea.

La sospecha de haber manipulado la asamblea escandalosamente sólo se reflejó en algunos medios mientras que el resto ocultó como casi siempre esos rasgos y señales de signo antidemocrático y absolutamente reprobables. Luego estaban las certezas, pues mientras el resto de los puntos de la asamblea se resolvieron como es preceptivo con un turno previo de preguntas de los compromisarios, la votación sobre si Laporta debía seguir en su puesto se insertó deprisa y corriendo sin que nadie pudiera decir ni pio. Otra vergonzosa decisión, totalitaria y contraria al reglamento, que añadir a la historia de un presidente que por algo ya se conoce como el presidente emérito. 

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