LAPORTA, EL PRESIDENTE EMÉRITO (II)

El vínculo familiar con Francisco Franco, un asunto de familia convertido en una mentira destapada por Lluís de Val

Como todo ‘emérito’, el presidente Joan Laporta mostró su lado y su vínculo con el pasado franquista. Impensable, al principio de su mandato, si se tiene en cuenta que de sus padrinos políticos de la Plaça de Sant Jaume alguno como Jordi Pujol había pasado por la cárcel jugando a forzar la transición. Era por el entorno familiar por donde le tocaría esconder sus relaciones con los Echevarría, resultado de su matrimonio con Constanza Echevarria, hija de Juan Echevarría un poderoso empresario del sector del automóvil, la energía y de los seguros, también inmobiliario, perfectamente asentado y relacionado con la derecha más auténtica de los 40 años de la dictadura franquista.

Cuando le llegó el momento de ser presidente fue la familia quien contribuyó a los gastos electorales, al menos en parte porque Laporta también pidió prestado a algunos compañeros de viaje dinero que nunca devolvió, y sobre todo a la formalización del aval. En compensación, la familia acordó que el ‘yerno’ no estaría solo en la administración del club, que estaría siempre escoltado y controlado por su cuñado, Alejandro Echevarria, hermano de Constanza, a quien nunca le había interesado el deporte y mucho menos el Barça, una institución para su gusto e ideología completamente en las antípodas del régimen que admiraba.

Para llevar a cabo ese plan y convertir a Alejandro en directivo hizo falta esconder su identidad durante un año hasta que no se hubo dado de alta como socio del FC Barcelona y haber demostrado la antigüedad mínima exigida. Aún así ya circularon rumores sobre la pertenencia de Alejando Echevarria a la Fundación Francisco Franco, una teoría que llevó a Joan Laporta a afirmar delante de la asamblea de compromisarios que era del todo mentira, que su cuñado no era miembro de la entidad que desde la muerte de Franco se había dedicado a mantener viva su memoria y revindicar su figura en la historia de España. En realidad era de lo que se hablaba muchas veces los domingo en la casa de los Echevarria mientras Joan Laporta compartía mesa y mantel y dicen algunos que hasta un busto de Franco que decoraba las estanterías de su domicilio.

La familia Echevarria ya le había ayudado a Laporta en la apertura y  puesta en marcha de su propio bufete, que debió cerrar al poco tiempo porque con su yerno al frente la caja siempre estaba vacía y los pleitos por ganar. Hubo que cerrar uno y abrir otro pero esta vez con socios escogidos cuidadosamente para que compensaran sus deficiencias profesionales y sostuvieran el negocio protegiéndolo de los muchos gastos que era capaz de generar. La mayoría de los primeros clientes se los llevaba desde FECSA el propio suegro, uno de los accionistas y consejeros más importante de la compañía.

Cuando salió elegido presidente la misma familia se vio en la necesidad de arroparlo con la figura de Alejandro Echevarria permanentemente a su lado, antes que nada con la misión de procurarle seguridad y techo a costa de club. De sus turbios manejos, Laporta fue presunta víctima de unas pintadas en su domicilio y de amenazas del grupo Boixos Nois, nunca demostradas y de delitos que acabaron en un juzgado de Vic que finalmente se extravió. Boixos sigue manteniendo que todo fue un montaje como demuestra la insustancialidad de las pruebas, utilizado para que el club financiara y justificara rápidamente el alquiler de su nueva casa en Sant Cugat junto a la de sus suegros, la seguridad personal y la protección del hogar que incluía llevar a los niños al colegio y todos los recados domésticos necesarios.

Al poco, claro está, Echevarria se quedó a esperar, oculto, a que la asamblea ratificara su cargo de directivo, lo que sucedió un año después de la elección de Joan Laporta como presidente, en 2004. Allí insistió en la desvinculación del cuñado de la Fundación Franco, mintiendo con ese descaro e imperturbabilidad que le ha hecho famoso.

Un socio del Barça al que Laporta había echado del palco, Luis de Val, patrono de la Fundació FC Barcelona, fue quien meses después, tras personarse en el registro de fundaciones y realizar las gestiones oportunas, pudo acreditar que Alejandro Echevarria había sido y seguía perteneciendo a la institución franquista más destacada del país.

El impacto de la revelación acabó con la dimisión del cuñado y unas explicaciones esperpénticas por parte de Laporta verdaderamente insuperables aduciendo que él seguía creyendo en la honestidad y en su palabra. Nada que unos días de revuelo no pudiera acabar escondiendo. Alejandro Echevarria dimitió como directivo, pero siguió vinculado como miembro de la Atención al Jugador del primer equipo donde se dedicó a lo suyo, a hacer lo que en realidad le había llevado hasta allí, al Barça, a cerrar negocios para él y para la familia.

Puede que, para tener un recuerdo, siga siendo socio de Barça. Y no se tiene noticia de que haya causado baja en la Fundación Francisco Franco. Tampoco el presidente emérito del FC Barcelona ha dejado de recurrir a la mentira y la manipulación para sus propios intereses.

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