La semana interminable

Ya lo escribí en este mismo espacio, en caliente, después de que el presidente en funciones, Pedro Sánchez, tirara la toalla y nos obligara a repetir las elecciones -las cuartas en cuatro años-: me tentaba el voto en blanco que el escritor José Saramago puso en boga en su libro "Ensayo sobre la lucidez", o, incluso, bajo el pretexto del allá ellos, no ir a votar. Finalmente, no haré ni una cosa ni la otra y, cabizbajo, alicaído, iré a votar quien menos rabia me dé. Me equivoco, seguramente; los políticos merecen una lección, como la que proponía Saramago, pero me da miedo no ir a votar. Sin embargo, la reiteración descontrolada de elecciones es un fracaso de la clase política, que viene a demostrar que la democracia en este país ha enfermado.

En la vida cotidiana uno se pasa el día pactando con gente que no le cae bien y piensa diferente; de otra manera, si hiciéramos como los políticos, este mundo sería irrespirable. Menos mal que la mayoría de mortales, al contrario de los políticos, somos responsables y aplicamos la lógica del sentido común. Ellos no, ellos hacen de la división su manera de vivir. Deberíamos rescindirles el contrato por inútiles, por no saber hacer bien su trabajo.

Parafraseando el fotoperiodista Jordi Borràs (autor del libro "Días que durarán años"), para algunos, la semana de la campaña electoral está durante años… Suerte que la repetición electoral conllevó la sabia reducción a la mitad de lo que vienen a ser las campañas (de quince días), si no todavía estaríamos de cháchara… a la mayoría de mortales se nos está haciendo larga, pero al presidente en funciones y candidato socialista, Pedro Sánchez, interminable. Maldito el día que tomó la decisión de adelantarlas, se debe haber repetido más de una vez el presidenciable. El hombre, en una semana, prometió llevar al expresidente Carles Puigdemont a España. Luego, cuando le preguntaron cómo se hacía eso, dijo que los fiscales seguían sus órdenes. Finalmente, cuando vio la reacción de los fiscales y entendió la metedura de pata, se defendió, torpemente, diciendo que un mal día lo puede tener cualquiera, que estaba cansado y que lo que dijo de Puigdemont son cosas que se dicen en los debates de las campañas electorales. También dijo que volvería a tipificar como delito los referéndums, recordando así que ahora no lo están, y que crearía una asignatura de valores civiles, constitucionales y éticos -¿la aprobaria? Nada, en una semana Sánchez ha hecho bueno José Luís Rodríguez Zapatero.

Y en medio, respondiendo a la euroorden dictada por el Supremo español contra Clara Ponsatí, la justicia del Reino Unido habló primero de "desproporción", luego se desdijo. La verdad es que creo que la falta de proporción es la mejor manera de definir lo que ha pasado, a ambos lados, en el caso del proceso independentista, y define mejor el momento desproporcionado que estamos viviendo en este y tantos otros aspectos de la política contemporánea. Así, desproporcionadamente, volveré a ir a votar.

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