La segunda muerte de Marta Harnecker

Marta Harnecker murió en Vancouver, Canadá, a los 82 años, el 15 de junio pasado. El suyo es un nombre casi olvidado pero durante mucho tiempo, sobre todo en los años 70 y 80 del siglo XX, era una referencia para mucha gente de izquierdas de todo el mundo. Desde la publicación, en 1969 en México, de Los conceptos elementales del materialismo histórico, y después de sus Cuadernos de educación popular, la obra de esta intelectual marxista chilena fue un elemento básico para la instrucción de cuadros, militantes y simpatizantes de las izquierdas marxistas en lAmérica Latina y también en España.

El profundo trauma que causó a Marta Harnecker el golpe de estado militar de Pinochet que puso un final trágico a la Unidad Popular de Chile, explica en parte su deriva ideológica y política posterior, que la llevó a vivir muchos años en la Cuba castrista y en la Venezuela chavista, dos dictaduras que sirvió y defendió hasta su muerte. Incapaz de hacer su autocrítica, Harnecker nunca quiso aceptar ni asumir el error práctico radical de sus teorías. Unas teorías fracasadas rotundamente en Cuba después de más de 60 años de castrismo y que fracasan de una forma dramática también en la Venezuela bolivariana actual.

Las teorías marxistas de Marta Harnecker están en la base ideológica de algunas de las fuerzas de izquierdas actuales más radicales, como pasa en España con gran parte de Unidas Podemos (UP) y algunas de sus confluencias, y en Catalunya con las Candidaturas de Unidad Popular (CUP). No es extraño que dirigentes, militantes e incluso simpatizantes de estas y otras formaciones izquierdosas se nieguen a reconocer todavía aquello tan obvio cómo es que Cuba y Venezuela son dos regímenes dictatoriales. Dos dictaduras fracasadas desde todos los puntos de vista -el ideológico, el cultural, el político, el institucional y sobre todo el económico y el social-, por mucho que se empecinen en negarlo sobre el mismo terreno, negándose a reconocer la realidad y alegando todo tipo de excusas y justificaciones.

En mi artículo anterior (Cuba, conflicto de clases) dejé claro cuál es el panorama cubano actual: el país vive al borde del colapso económico absoluto debido a una lucha de clases interna provocada por la irrupción de un nuevo sector económico emergente. Son los cuentapropistas o trabajadores por cuenta propia, un sector cada vez más numeroso, potente y poderoso, porque son los únicos que tienen acceso a los pesos convertibles, de uso exclusivo para los turistas y extranjeros residentes en el país. Esto hace que sus ingresos sean mucho más altos que los del resto de los cubanos, que apenas consiguen subsistir con sus salarios miserables, mientras más del 17% de sus conciudadanos cuentapropistas tienen ampliamente cubiertas todas sus necesidades y pueden disfrutar incluso de algunos lujos hasta ahora inimaginables para ningún cubano que no formase parte de la más alta nomenklatura castrista.

Esta lucha de clases palpable en toda Cuba no tardará mucho rn estallar. El 75% de los cubanos empleados del Estado no resistirán mucho tiempo esta situación tan injusta. Se me hace difícil de creer que alguien tan inteligente, documentado e informado como Marta Harnecker no viera todo esto. No lo quiso ver, despreciando aquello que canta Joan Manuel Serrat: "Lo peor de la verdad esque no tiene remedio". Es lo que hacen tantos izquierdosos de todas partes, también algunos españoles y catalanes: visitan Cuba como el cristiano que hace un peregrinaje a la llamada Tierra Santa o el musulmán que va a la Meca.

Marta Harnecker vivió muchos años en Cuba, en una gran casa del privilegiado y restringido barrio habanero de Miramar. Una casa compartida con quién fue su marido durante muchos años, Manuel Piñeiro, comandante Barbarroja, uno de los históricos comandantes guerrilleros de Sierra Maestra que fue uno de los máximos responsables de los servicios de inteligencia, espionaje, contraespionaje y represión interna, mientras Harnecker dirigía el centro de Memoria Popular Latinoamericana, y cuando estaba en la Venezuela chavista dirigía el Centro Internacional Miranda.

Quizás todo esto explica, pero en ningún caso justifica, que una marxista teórica tan inteligente no entendiera que en Cuba, y me temo que pronto también en Venezuela, estallará una lucha de clases.

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