Elogio a una federalista clarividente

La noticía de la muerte de Dolors Renau i Manent nos llegó acabando el verano, después de una lucha enconada, larga y valiente contra la enfermedad, sin perder la sonrisa que siempre nos había regalado. Fue una gran mujer, feminista, federalista, psicóloga, pedagoga y escritora. Su mirada sobre la política era internacionalista y federal, sabía que no podíamos resolver los problemas de las desigualdades de clase, de género y la complejidad de compartir la diversidad, sin alianzas políticas compartidas, y creo que ha sido poco valorado, dentro de Catalunya, que una catalana, española, y ciudadana del mundo fuera presidenta de la Internacional Socialista de Mujeres.

Viendo el clima de crispación que están atizando estos días las fuerzas nacionalistas, de mirada corta, a uno y otro bando del espectro político, radicalizando los mensajes, diciendo noticias falsas, o provocando el odio en vez de la reflexión serena, me preguntaba qué habría pensado o dicho ella en unos momentos donde parece imposible la convivencia entre los que siempre habíamos sido hermanos.

Leía, aquellos días, un ensayo sobre "La policía y el estado de derecho" escrito por Rafael Sánchez Ferlosio, reflexionando sobre la dificultad de usar la violencia y la excusa de la seguridad para resolver conflictos políticos. Mi sorpresa fue encontrar que el autor, alejado políticamente, dedicaba un homenaje al artículo firmado por Dolors Renau, bajo el título "Explota y confunde, que algo queda" en el diario El País, el 12 de abril de1984. Un artículo que os invito a leer sin prejuicios, como si hubiese sido escrito para la situación actual de nuestro país, mostrando que una reflexión clarividente puede permanecer actual a pesar de los 25 años de distancia desde el día en que fue publicado:

"El famoso tema de la 'seguridad ciudadana' es terreno fácil para todo tipo de manipulaciones y demagogias. Existe una clara explotación de una situación de malestar real, que se crea en la calle, se amplía de forma sensacionalista e indiscriminada en los medios y se utiliza en el Congreso para hurgar en una herida abierta en el tejido democrático del país y se empuja literalmente al gobierno a tomar medidas represivas, ante la sonrisa irónica de los que se apuntan al "yo ya lo decía…". Digo explotar. Con esto me refiero a la utilización desconsiderada, en beneficio propio y, por lo tanto, fraudulenta, de una situación real y auténtica, de fragilidad, de necesidad o malestar colectivo. Esta situación y sus causas profundas existen. Pero existen también importantes intereses de la derecha ultramuntana en lograr dos objetivos, situados a diferentes niveles de profundidad en la vida social del país. Uno surge vinculado a las voces más llamativas del conservadurismo devoto perennemente escandalizado. Estas voces están difundiendo su mensaje en base s meterlo todo en un mismo saco: "Confunde, que algo queda….". Atacan, sistemáticamente y encubiertamente, todo aquello que en la trama de la vida cotidiana, y en su traducción legislativa, ha venido a representar liberación de costumbres y reconocimiento de derechos y libertades individuales, todo con el fin de que al lugar del que nunca debieron salir. El segundo objetivo –más evidente y coherente en sus formas de expresión- es el de atacar frontalmente al primer gobierno honesto y progresista que ha tenido el país. El que está intentando- con enormes dificultades- ajustar la legislación a las necesidades sociales globales y gobernar de forma útil al conjunto de ciudadanos (….) Fomentar el miedo al futuro vaticinando catástrofes cuando aparecen situaciones conflictivas y explotar con ello la natural y humana inseguridad constituye una manera muy antigua de fomentar la dependencia, incitar a una inmovilidad próxima a la parálisis, y a delegar, por lo tanto, las libertades más intransferibles al mismo malvado que vaticina la desgracia. Difundir la idea de que las acciones son el resultado exclusivo de 'la voluntad' y que ésta depende de la bondad o maldad innata de los individuos permite situarse en el papel de juez, hacer de las conductas cuestiones morales y dejar a oscuras la carga de responsabilidad social y colectiva que las ha hecho posibles. Depositando la culpa en los individuos particulares no hay porque cambiar las condiciones sociales que las han sostenido. Si las conductas son el resultado de la 'voluntad', buena o mala, exclusivamente individual, la única salida viable es la del castigo y la represión de los malos".

Sánchez Ferlosio se preguntaba como era posible que desde el PSOE no hicieran caso a una jurista tan grande y tan profunda, ignorando que era una psicóloga y una gran política quién reflexionaba sobre la explotación insana de los conflictos que desarrollan los que piensan que cuanto peor vaya al país quizás les puede ir mejor a ellos. Por suerte, Dolors nos ha dejado su palabra para que reflexionemos los federalistas, que sí que queremos realmente resolver conflictos.

 

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