Cataluña se convierte en el prostíbulo de Francia

La nueva legislación aprobada por el país vecino penaliza a los clientes con fuertes multas y esto está provocando el éxodo de los 'puteros' hacia la zona fronteriza del Alt Empordà y Barcelona
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El presidente François Hollande ha cumplido su promesa electoral. Después de una larga y conflictiva tramitación legislativa, la Asamblea Nacional francesa aprobó, el pasado día 6 de abril, el texto definitivo de la nueva ley que penaliza a los clientes de la prostitución en el Hexágono. A partir de ahora, los hombres que sean pillados en Francia contratando los servicios de una prostituta serán sancionados con una multa de 1.500 euros. Si reinciden, la multa sube a 3.750 euros. Esta ley modifica la anterior normativa, promulgada bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, que penalizaba con multas y prisión a las prostitutas que ofrecían sus servicios.

Con la aprobación de esta nueva ley, Francia se añade a la lista de paises europeos que han decidido abordar el problema de la prostitución por el lado de los clientes. Esta estrategia fue adoptada por Suecia en 1999 y, con posterioridad, se han añadido Noruega, Islandia e Irlanda del Norte. Sus resultados son contundentes: en los países que han optado por esta medida punitiva sobre la demanda, el negocio de la prostitución ha experimentado una vertiginosa caída de más del 50%.

En la Unión Europea coexisten varios modelos legislativos a la hora de encarar la prostitución. Desde Rumanía, donde esta actividad es tipificada de ilegal, hasta Alemania y Austria, donde las prostitutas son consideradas unas trabajadoras con todos los derechos y deberes de la legislación laboral. El Estado español está instalado en una «zona gris«, donde la prostitución está permitida, pero, en cambio, se persigue el proxenetismo y la inmigración ilegal de mujeres que se prostituyen.

La adopción de la nueva legislación francesa ya tiene unos efectos evidentes en Cataluña y, en especial, en las zonas fronterizas. La penalización de los clientes en Francia ha hecho que estos se trasladen masivamente a los prostíbulos que proliferan en las comarcas gerundenses y en la conurbación de Barcelona. Este fenómeno no es nuevo, pero se ha incrementado últimamente y es previsible que se consolide, de forma que Cataluña se acabe convirtiendo en la «gran casa de putas» del sur de Francia.

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