¿Superpoblación en territorio nacionalista?

De nuevo, Iñigo Urkullu. A la pregunta de Luis R. Azpiolea (El País, lunes 25 de enero de 2016) «¿Qué le parece lo más alarmante en Cataluña?», el lehendakari respondía: «Que movimientos sociales sin responsabilidad política condicionan a los partidos que tenemos que rendir cuentas a la sociedad».

¿Cómo -cabe preguntarse- algo que el presidente del Gobierno Vasco considera «alarmante», apenas suscita interés en Cataluña? ¿Nos hemos acostumbrado y nos parece lo más natural que entidades privadas, sin refrendo democrático, intervengan en la política e intenten marcar la pauta a los partidos? ¿Podría ser que la abundancia de sujetos en la arena independentista genera efectos no deseados? ¿O será, en fin, que Urkullu no percibe con suficiente nitidez la realidad catalana?

Catorce entidades y plataformas cívicas soberanistas se han unido en torno a la organización Reiniciacatalunya.cat para, el próximo mes de marzo, arrancar con un nuevo proceso, el de la «Convención Constituyente». Si les añadimos los partidos y algunas otras asociaciones que no figuran en esta lista, parece evidente que el territorio nacionalista catalán amenaza de superpoblación. Y, en este sentido -por aquello de «cuanto menos bulto más claridad», de Carlos Puebla-, no estaría de más preguntarse si, por ejemplo, son los mismos los que están en uno u otro lado. Si no fuera así, parece no haber suficiente gente para llenar tanta sigla. O, por el contrario, si las siglas son solo eso (siglas), resulta que no responden a la representatividad que se arrogan.

Podría parecer que, como los hongos después de un buen chaparrón, las entidades nacen, crecen y se desarrollan espontáneamente en el favorable microclima del «procés». Sí, puede haber algo de eso, pero no al margen o en contra de los partidos políticos independentistas. Y, en cualquier caso, como ocurre en los territorios superpoblados, unos (los partidos) crean, influyen o promueven (las entidades) y éstas, a su vez, dan marcha a los partidos.

Sea como sea, las entidades (ANC, Òmnium, Parlament Ciutadà, AMI, etc. etc.) tienen buen cuidado en desmarcarse de la «política». Así, Neus Lloveras, alcaldesa convergente de Vilanova i la Geltrú y nueva presidenta de la AMI, ha explicado que es «absolutamente necesario continuar manteniendo los partidismos fuera de la AMI» ¿Cómo se come esto? ¿Se refiere acaso a todos los partidos de Cataluña o solo apunta hacia Convergència y ERC, o sea a los «nuestros»? ¿Es que los «nuestros» están vetados en la AMI? ¿Hay demasiados de los «nuestros» para tan poco espacio?

¿No será acaso que tras esa aparente pulsión por desmarcarse de la «política», entendiendo ésta como «los partidos», late una querencia por «el pueblo», entendido como sujeto político soberano, más allá de las urnas? Esto justificaría la leyenda urbana según la cual Artur Mas no ha hecho más que seguir el mandato del «pueblo», obedecer a lo que la ANC en particular y otras en general le han mandado hacer. Reiniciacatalunya.cat establece entre sus objetivos «evitar que el Tribunal Constitucional pueda entrometerse en esta fase previa a la elaboración del texto constitucional, dado que no partirá de una iniciativa institucional, sino de la propia ciudadanía». Construcción más bien propia del Consejo Nacional para la Transición (12 catedráticos y profesores, un empresario y Pilar Rahola) que, a este paso, no les debe faltar trabajo.

Habrá, en fin, quienes crean, no sin razón, que las «entidades» no son más que meras herramientas de los partidos para, con la ayuda de algún poder fáctico, «sacudir el árbol», como dijo Xavier Arzallus. Ya se encargaría más tarde alguien de recoger las nueces. ¿En qué lugar queda entonces la aparentada inocencia de la ANC, la mística de Òmnium, la popularidad de la AMI? ¿Es que las escenografías del 11 de Septiembre son únicamente lo que aparentan? ¿Es que entidades y partidos son en realidad una misma cosa, con distintos nombres?

¿Y qué de extraño tiene, en fin, que en un entorno business-friendly (Artur Mas) acaben entendiéndose y organizándose las cosas a su estilo? O sea, haciendo ver lo que no es, manipulando la caja vacía de la independencia, trampeando…, como si de lobbies (con piel de cordero) se tratara. Todo ello, además, con los problemas derivados de la superpoblación, como son los codazos, empujones y hasta cuchilladas (políticas), como ha dicho el propio Mas.

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