El vicepresidente primero del Parlament, Josep Costa, es uno de los escuderos más fieles del expresidente de la Generalitat y líder de JxCat, Carles Puigdemont, y de la actual jefe del Consejo Ejecutivo, Quim Torra. Además, es uno de los personajes políticos más odiados en Esquerra Republicana, sobre todo por sus continuas maniobras para poner entre la espada y la pared al presidente de la cámara catalana, Roger Torrent. Y es que Costa siempre ha acusado a los republicanos de no estar dispuestos a darlo todo y a asumir todas las consecuencias derivadas de una política de confrontación con el Estado y con el sistema judicial español.

Pero bien es verdad que él, que presume siempre de tener esta valentía, fue uno de los miembros de la fallida Sindicatura Electoral del 1-O que se apartaron y renunciaron con la primera amenaza del Estado de ser multados con enormes sanciones si no desistían. Además, los que conocen el proceso independentista, aseguran que se le ofreció ocupar el lugar de Torra antes de que al actual presidente y que lo rechazó. Ahora, con la última remodelación, parece que Torra también le ofreció entrar en el Govern, con el aval de Puigdemont, y volvió a dar calabazas a los presidentes. Y es que siempre ha sido más fácil –para él y para todo el mundo– pedir que se arriesguen los otros cuando se analizan las consecuencias para uno mismo.