Hace unos días me invitaron a moderar un acto incluido en la novena edición del proyecto "Ciudades defensoras de los derechos humanos". Se celebró en Sant Boi de Llobregat y participaron dos activistas de Nicaragua que han tenido que huir del país por presiones del gobierno que preside Daniel Ortega. Son la feminista Magaly Castillo y el ambientalista Amaru Ruiz. Los dos son jóvenes y, por lo tanto, no vivieron en edad adulta la llegada al poder del Frente Sandinista después de derribar al dictador Anastasio Somoza. Los dos, sin embargo, consideran que el sandinismo actual traiciona la voluntad popular que lo llevó al poder. Y comparten la desilusión de muchas personas que tanto en Nicaragua como el resto del mundo pusieron muchas ilusiones de cambio y futuro en aquella revolución.

En España, pocos años después del regreso de la democracia tras la muerte de Francisco Franco, se empezó a hablar también de la desilusión, del desencanto porque los cambios sociales y culturales que se esperaban no acababan de llegar o lo hacían con cuentagotas y lentamente.

En Catalunya, los centenares de miles de personas que creían que la independencia que les prometían algunos gobernantes y activistas estaba al alcance de la mano han chocado también con la desilusión que supone la realidad que vivimos.

La vida de cualquier persona está llena de ilusiones y desilusiones. El paso de los años nos hace más escépticos ante las expectativas y esperanzas que nos hacemos sobre los proyectos de futuro personales o colectivos. Pero vivir sin ilusiones es triste. Por eso es recomendable y saludable no renunciar a tenerlas. Tener ilusiones, pese a todo, no tiene que equivaler a ser iluso, a no tocar de pies en el suelo.

Hay que saber reaccionar ante las ilusiones frustradas. Cada uno se tiene que esforzar para que sus ilusiones se hagan realidad algún día. Dar cualquier batalla por definitivamente perdida es un error. Cómo es un error pretender ganar alguna mediante la violencia.

No se trata de ir con un lirio en la mano pero con pataletas de niño pequeño, amenazas de cualquier tipo o saltándose las leyes y los derechos de la ciudadanía no se avanza hacia la independencia de Catalunya, una democracia de más calidad en España o la paz y el respecto a los derechos humanos en Nicaragua.