Estamos acostumbrados a entrar en la red de Twitter para ver cuál es el último intercambio de improperios. Hay tuiteros que nunca nos defraudan. Han consolidado una red de decenas de miles de seguidores a partir de mensajes caracterizados por la agresividad y los insultos.

Si entramos en los medios digitales y miramos los comentarios a cualquier noticia de actualidad relacionada con el debate sobre la independencia de Catalunya o el juicio del Tribunal Supremo a los políticos y activistas independentistas nos encontramos con una batalla campal terrible. Hay quién dice que hablar de fractura social en Catalunya es exagerado. Nadie puede negar, sin embargo, que hay fractura digital.

Estos últimos días ha habido una noticia que ha roto esta dinámica. En Twitter y en todas las redes y medios de comunicación. Ha sido la muerte de Xana, la hija del exentrenador del Barça y la selección española de fútbol, Luis Enrique.

Independentistas partidarios de la DUI e independentistas partidarios de ampliar las bases sociales que les apoyan, federalistas de izquierdas y de derechas, unionistas, españolistas e, incluso, dirigentes de Vox, culés, pericos y merengues , feministas y machistas, católicos y musulmanes, activistas contra el cambio climático y negacionistes, xenófobos y partidarios de abrir las fronteras a todos los migrantes,... Que gente tan diversa, que incluso choca a la vista verlos juntos en un mismo párrafo, hayan coincidido en solidarizarse con el dolor de Luis Enrique y su familia demuestra que hay cuestiones comunes que nos hermanan como seres humanos.

Cualquiera de nosotros se puede encontrar en la situación que han vivido Luis Enrique y los suyos. Por eso se entiende el alud unánime de solidaridad que han recibido. Y cuan absurdo es el nivel y el tono de la violencia verbal a los que nos hemos acostumbrado en las redes sociales y en todas partes.