Portugal está de moda. El país atlántico de la península Ibérica, que llegó a ser intervenido por los hombres de negro durante la pasada crisis financiera, ha experimentado en los últimos cuatro años una extraordinaria revitalización económica y social. 

El “padre” del milagro portugués es el primer ministro, el inteligentísimo António Costa, que este próximo otoño opta a la reelección. Aunque su formación, el Partido Socialista, gobierna en minoría, ha conseguido tejer una red de complicidades en la Asamblea de la República con los grupos parlamentarios del Partido Comunista, el Bloco d’Esquerda y el partido ecologista Os Verdes que ha permitido hacer avanzar las grandes transformaciones que está viviendo el país y que lo han convertido en un modelo de referencia para la izquierda europea. 

El aumento del salario mínimo, el incremento de las pensiones y la mejora de la renta familiar disponible, entre otras medidas impulsadas por el gobierno de António Costa, han hecho que el consumo interior empuje y, de este modo, ha fomentado el crecimiento de la actividad económica a partir de una política de redistribución de la riqueza y de reducción de las desigualdades sociales. La implementación de este “círculo virtuoso” ha estado posible con el método de mantener intensas y permanentes negociaciones con los grupos parlamentarios que le apoyan. 

António Costa hace política en mayúsculas, con el objetivo transparente y loable de sacar a Portugal del atraso crónico que arrastra y convertirlo en un país de oportunidades y de esperanza para la gente joven. Y esto con un control prudente del gasto público, para evitar caer otra vez en el error de crear una bola imparable de deuda, que es el fermento de futuras crisis financieras. 

En esta hora incierta de España, cuando el candidato a la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, ha perdido las dos votaciones de investidura al naufragar el intento de coalición con Unidas Podemos, la vía portuguesa es una oportunidad interesante y factible. Si hay coincidencia en el diagnóstico de los grandes problemas que afectan al Estado español -precariedad laboral, bajos salarios, desigualdad social, vivienda, deuda pública desbocada, crisis climática...- es necesario construir un amplio acuerdo político programático para abordarlos desde una perspectiva progresista a favor de la mayoría de la población. 

El PSOE puede gobernar en minoría si gana la confianza de la formación morada y la de algunos partidos territoriales para implementar los cambios urgentes que necesita España. La fórmula la ha practicado con éxito António Costa en Portugal y solo tiene un secreto: diálogo permanente, sinceridad, lealtad y responsabilidad.