El pasado mes de abril, la ONG Save the Children presentó un informe alertando de que Catalunya es el segundo territorio con más segregación escolar socioeconómica de España, tras la Comunidad de Madrid. Siete de cada diez niños en situación de vulnerabilidad estudian en centros donde se concentra alumnado que vive en entornos desfavorecidos. Está claro que algo se está haciendo muy mal en nuestro país.

Las causas de la segregación escolar son una combinación de diferentes factores, de los que unos tienen que ver con cuestiones sociales, como el aumento de la desigualdad y la diferente distribución territorial de los hogares en función de su renta, pero otros tienen ver con las propias políticas educativas.

Una de las primeras causas de la segregación escolar es la doble red educativa: unos centros públicos que acogen todo tipo de alumnado y unos centros privados concertados que cobran cuotas y seleccionan el alumnado. La segunda causa es la creciente desigualdad entre los centros públicos y una política que fomenta la estratificación de los centros y la competitividad entre ellos. Todo ello, junto a la libertad de elección de centro, hace que el alumnado con más recursos económicos y culturales termine escolarizado en centros concertados o en centros públicos con "proyectos singulares", mientras el alumnado con menos recursos y de origen extranjero se concentre en los centros públicos menos valorados, que pueden acabar convirtiéndose en verdaderos guetos.

Esta situación es una de las injusticias más flagrantes de nuestro sistema educativo. Mientras los centros concertados tienen instalaciones de gran calidad y muchos recursos, los centros públicos cada vez tienen edificios más degradados y menos recursos. Cabe recordar que, además, los recortes a la educación han sido en la red pública y no en la concertada. O sea, que con el dinero de todos y todas se pagan los privilegios de los más privilegiados. Una situación realmente perversa.

Pero no sólo es una cuestión de justicia social, sino también de qué futuro estamos creando con esta segregación escolar. Cuando los niños y jóvenes de clases más acomodadas están juntos desde pequeños y en situación de privilegio los estamos socializando en la idea de que sus privilegios son "derechos inalienables", acostumbrándoles así a sentirse superiores y propiciando una actitud clasista en el futuro. Además, al no convivir con los otros niños y jóvenes que están en situación precaria, no pueden establecer empatía con los menos favorecidos.

Igualmente, cuando los alumnos provenientes de familias con menos recursos y/o inmigradas se escolarizan todos juntos en espacios más degradados y con menos recursos, les estamos también enviando el mensaje de que "aquel es su sitio", no permitiéndoles que se empoderen y reivindiquen los derechos que les corresponden. Si los chicos y chicas de las diferentes culturas, orígenes y religiones no se escolarizan juntos, tampoco pueden disfrutar de la riqueza de la diversidad, y es mucho más fácil que aparezcan las actitudes xenófobas y racistas y más difícil que el alumnado de otras culturas pueda integrarse, ya que no tiene la oportunidad de relacionarse con el alumnado autóctono.

Finalmente, a nivel pedagógico, la concentración de un tipo de alumnado en los mismos centros es negativo: los informes nos dicen que en los sistemas educativos donde el alumnado se escolariza junto los resultados escolares mejoran. Las aulas donde hay diversidad, de clase social, de nivel cultural, de religión y de capacidades, son un estímulo para el aprendizaje de todos. Mientras que la concentración del alumnado con más dificultades, entorpece la posibilidad de éxito escolar.

Resumiendo, la segregación en el ámbito educativo consolida las desigualdades sociales, reduce las oportunidades educativas de una mayoría del alumnado y pone en riesgo la cohesión social. Si queremos construir una sociedad más justa y más igualitaria necesitamos un sistema educativo que elimine todo tipo de segregación. Y para ello hace falta una única red educativa, pública, gratuita e igualitaria, la desaparición progresiva de los conciertos educativos, la limitación de la libertad de elegir centro, y recursos suficientes para que todo el alumnado pueda desarrollarse personal, intelectual, cultural, social y laboralmente.

De todo esto hablamos más de 100 personas en el III DEBATE EDUCATIVO sobre SEGREGACIONES, el 27 de octubre.