Un cachorro de labrador duerme a los pies de un mendigo, mientras un pequeño perro mezcla de boxer estira la correa para dejarse mimar por unos turistas. Las monedas van cayendo en la lata. Los mendigos saben que un perrito inspira tanta o más lástima que los niños y ya hay todo un negocio alrededor de estos animales.

"Los van alternando por las diferentes esquinas, para sacar más beneficio. Los pedigüeños, que están ligados a mafias rumanas, se intercambian los animales", nos explica Andrea Parra, activista por los derechos de los animales de la Asociación de Vigilancia Solidaria (AVS). "Los perros están de 12 a 15 horas en la calle, desnutridos, llenos de parásitos, y para que estén tranquilos los drogan con orfidal", dice.

Cuando se pregunta al Colegio de Veterinarios de donde sacan los perros, algunos de ellos de raza, responden que "es un gran misterio y ya nos gustaría saberlo, pero lamentablemente no lo sabemos". Con más contundencia nos responde Andrea: "Son perros robados o procedentes del tráfico de animales. Llegan en camiones desde Rumanía, de criadores ilegales, y están enfermos. Acaban en manos de estas mafias, que se los van repartiendo por turnos. El mismo perro para varios mendigos. En lugar de camas calientes hay cartones calientes", explica Andrea Parra en referencia a los cartones que usan los pedigüeños.

A pesar de las denuncias de los colectivos animalistas, la Guardia Urbana poca cosa puede hacer respecto a estos perros, sólo incautarlos si no tienen el chip pertinente, "pero en esto también hay un gran negocio. A veces se dan de alta perros sin papeles o sin pedir documentación y sin comprobar si el perro pertenece a otra persona. Se pone el chip, que es lo que controla la Guardia Urbana, y ya está. Pero no se da de alta a las bases de datos de los veterinarios –explican desde la Asociación Vigilancia Solidaria–. A un mendigo de los que tenemos controlados le hemos contado más de diez perros... ¡Todos con chip!".


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