No es una jueza mediática, pero su actuación ha tenido y tiene una importancia capital en los acontecimientos políticos que han sacudido Cataluña en los últimos siete años. Silvia López Mejía, la discreta titular del Juzgado de instrucción n. 9 de Barcelona, dirigió la investigación judicial que acabó, en 2012, con la imputación de Oriol Pujol en el caso de las ITV y, de este modo, truncó su fulgurante carrera política, que estaba destinada a asumir, algún día, la presidencia de la Generalitat. En este sentido, podemos decir que la jueza Silvia López Mejía liquidó el proyecto dinástico de Jordi Pujol en Cataluña con la imputación y posterior condena de su heredero político.

Otra investigación judicial, en este caso sobre las subvenciones irregulares que Laura Borràs (foto) dio, cuando era directora de la Institución de las Letras Catalanas (ILC), a su amigo Isaías Herrero, también ha convertido en determinante la actuación de la jueza Silvia López Mejía. En el convulso y confuso panorama postconvergente, Laura Borràs había emergido, en los últimos meses, como una firme candidata para encabezar la lista de Junts x Catalunya a las próximas elecciones catalanas y aspirar a la presidencia de la Generalitat.

Pero la minuciosa tarea de la jueza Silvia López Mejía ha colocado a Laura Borràs en una situación política insostenible, acusada de malversar 260.000 euros de los presupuestos del ILC para favorecer a su amigo, que además fue detenido por tráfico de drogas y distribución de moneda falsa. Al ser diputada en Madrid, Laura Borràs está aforada y será el Tribunal Supremo quien continúe la instrucción judicial iniciada por la titular del Juzgado de instrucción n. 9 de Barcelona.

Para la historia quedará que la jueza Silvia López Mejía se “cargó” al heredero de la dinastía Pujol a la presidencia de la Generalitat en 2012 y, siete años más tarde, a la “pubilla” postconvergente que -después de Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra- tenía que continuar esta larga saga de poder que domina Cataluña desde 1980 (con el paréntesis de los siete años de tripartitos de izquierdas presididos por Pasqual Maragall y José Montilla).