Los abonados del FC Barcelona, aproximadamente unos 80.000, siguen sin saber como y cuando desde la administración del club se les efectuará la liquidación correspondiente de la temporada 2019-20 ni tampoco si el club les cobrará las cuotas correspondientes para la renovación de sus asientos de aquí a poco más de un mes. Esta es una situación que algunos socios consideran tan excepcional como decepcionante, teniendo en cuenta que el Camp Nou, con toda seguridad, no abrirá las puertas esta temporada y probablemente tampoco lo hará cuando sea que las competiciones de la siguiente, 2020-21, puedan arrancar. Los cálculos más optimistas hablan del otoño próximo como mucho pronto.

Esta realidad, pero, sólo ha provocado un debate interno faltado de sensibilidad, tardío e inexplicablemente envuelto en unas dudas que siguen sin resolverse a pesar de la emergencia y la que parece una incuestionable necesidad de aplicar una solución respetuosa con la masa social y apropiada a la grandeza del club, que ha entrado en choque financiero debido a la pandemia. El preocupante motivo por el cual todavía no se ha decidido es el hecho que el equipo de finanzas de Òscar Grau defiende la necesidad de cobrar por adelantado los abonos, aunque no haya la menor certeza, sólo expectativas, que se pueda disfrutar de los partidos.

Cuando se trata de miles de socios que son el corazón y el alma del club, su razón de ser y, de hecho, sus propietarios, no se entiende que ni la directiva ni el equipo ejecutivo no reaccionen con la necesaria diligencia y, en este caso, el máximo respeto. No ha gustado, porque resulta inexplicable, que los socios se hayan enterado por informaciones periodísticas aproximadas que no se haya planteado en ningún momento ningún tipo de devolución o compensación por los cinco partidos ligueros a puerta cerrada, así como por el Barça-Nápoles de Champions.

Bien es verdad que algunos socios, muy pocos, puesto que la mayoría se ha hecho cargo de la situación y sobreentiende la necesidad de no complicar más las finanzas del club, han preguntado formalmente como se los piensa compensar. Pero causa una gran incertidumbre y extrañeza que aún no se haya informado a los socios sobre si se les pasará el cobro, como es habitual cuando llega el verano, de la totalidad del abono de la siguiente temporada. Esta sería una tormenta perfecta que todavía se puede evitar.

Tampoco se ha liquidado el Asiento Libre
Cargar en los hombros de los socios el peso de avanzar los abonos sin la seguridad de poder abrir el Camp Nou podría ser el desencadenante de un enorme malestar social. De estos 80.000 abonos, la mayoría están agrupar en unas 30.000 familias barcelonistas, cosa que quiere decir que aproximadamente dos tercios de los socios tienen que pagar, al menos, dos abonos por unidad, es decir, un gasto que en este momento, por las razones evidentes de la precariedad en la actividad económica, no estaría en las prioridades de los socios barcelonistas. Y mucho menos si se tiene en cuenta que ni se les ha propuesto ninguna compensación por los partidos no disputados de la temporada actual ni, el que es más grave, se dan las condiciones para garantizar que los partidos de la próxima se puedan disputar a puerta abierta.

Se añade un factor importante derivado del uso del Asiento Libre de este curso. Aquellos socios, cada vez más, que han hecho uso regular o puntual de la posibilidad de ceder la localidad en algún momento, han generado un saldo en su favor a descontar de la temporada siguiente. Probablemente este es el motivo por el cual los expertos financieros del club no se atreven a cerrar el curso y liquidar estas cuentas pendientes a favor de los socios, que, finalmente, se tienen que acabar traduciendo en una rebaja de los ingresos previstos. Estr es su miedo, dejar de asegurarse una parte muy pequeña de ingresos arriesgando incomprensiblemente su propia continuidad si provocan un motín de consecuencias imprevisibles.