Mientras todo pasa Salvador Illa acompaña al Papa como si fuera su mayor fan. Lo sigue un poco por todas partes, como si no le bastara gastar dinero público en ridículos anuncios de bienvenida.
También me resulta ridículo el seguimiento mediático a esta visita, sin duda importante, pero en un estado aconfesional me alucina la machacona insistencia en los medios de comunicación alrededor del buen pontífice. Por si fuera poco algunas televisiones, sin mucho disimulo, han hablado de lo ideal de esta visita, pues engarzada con el Mundial y el verano puede ayudar a bajar la tensión arterial de los casos que afectan al gobierno presidido por Pedro Sánchez, rey del Primavera Sound.
El Papa se ha erigido en una maniobra de escapismo maravillosa para los intereses de algunos mandamases. No sé si Illa le acompañará a Montserrat, cuna de los abusos a menores por parte de la iglesia y centro que se blanquea con una pasmosa facilidad, algo por lo demás coadyuvado mediante este tan celebrado iter pontificio.
Desde luego no lo festejan tanto aquellos profesionales esenciales en plena huelga. Este martes una profesora dijo con mucha razón que lo del Papa debe haber costado muy caro, mientras a ellos les rechazan cualquier tipo de negociación desde el dicasterio responsable de hacerlo. ¿Illa se ha citado con los huelguistas? ¿Ha realizado algún gesto?
El mismo martes de la llegada del hombre de blanco, Rodalies se paró dos veces. Adif denuncia a Siemens. La culpa jamás es de ellos, frase que antes usábamos cuando la tele se estropeaba. Ahora cuando los trenes se paran o no prestan servicio, que volvemos a pagar, apenas recibimos explicaciones y menos aún indemnizaciones. Tampoco me sorprende, pero en Alemania, donde el ferrocarril es poco germánico, me compensaron hará menos de diez días con el reembolso del billete porque el vehículo llegó tardísimo.
Después pienso en los empleados municipales de atención a la ciudadanía, en huelga y con el alcalde de Barcelona, el mismo que destroza patrimonio de los barrios sin avisar ni decir nada, negándose a dialogar. Asimismo, los bibliotecarios están en pie de guerra de manera indefinida, haciéndolo en las fechas donde se demuestra más si cabe la trascendencia de sus servicios.
Algunos, dentro de la tradición neocon del siglo, se quejan por el hecho de hallar a profesionales que se acogen, arriesgándose, al derecho de huelga, como si este fuera de otro tiempo. Quizá no han comprendido el proceso que afecta a Catalunya, donde se votó a un partido para tranquilizarnos tras una década de inútiles taquicaridas, pero claro, la paz era imposible porque, durante esos años, nadie se preocupó por gobernar y ahora aflora el caos un poco por todas partes.
Este no se resuelve convirtiéndose en el mayordomo del Papa. Es más cristiano trabajar para lo que te han elegido, pues de representante ya circula estos días el de dios en la tierra. El civil, votado por los electores sin Capilla Sixtina en uno de los territorios menos creyentes de toda Europa, debería arremangarse y hacer honor a su condición de socialista.
Para quien escribe, como para muchas personas con las que hablo a lo largo de estas semanas, resulta una enorme decepción lo vivido a nivel político durante 2026. La izquierda necesita referentes que mejoren el progresismo, dándole un ritmo del que ahora carece. Pasear a Miss Daisy en el centenario de Gaudí no es la receta y no deja de aturdirme la naturalidad con la que se perpetra este no ponderar a la ciudadanía desde la sonrisa democristiana del supuesto máximo exponente del socialismo catalán.







