L’Hospitalet, en Cataluña, y Coslada, en la Comunidad Autónoma de Madrid, representan dos modelos exitosos de ciudades inclusivas e interculturales. Así lo da a conocer ‘Aquí Madrid’ en un análisis de Antonio Vallespín en el que pone en evidencia el contraste entre las políticas acogedoras e integradoras de estas dos ciudades y las que impulsa Isabel Díaz Ayuso desde la presidencia de la comunidad madrileña.
«Mientras la Comunidad de Madrid despliega la alfombra roja al gran capital con incentivos fiscales, los municipios de Coslada y L’Hospitalet de Llobregat se consolidan como laboratorios de resistencia social», comienza el análisis que descubre una ‘España a dos velocidades’: «una administración regional que litiga contra la acogida de menores migrantes frente a ayuntamientos que, pese a densidades extremas de hasta 23.651 habitantes por kilómetro cuadrado, priorizan la interculturalidad y la justicia social«.
Señala que «a través de mediación profesional y programas como LOUD (Local Young Leaders for Inclusion), del Consejo de Europa, estas ciudades demuestran que la cohesión urbana no se compra con exenciones fiscales sino con políticas de proximidad que protegen a la población más vulnerable».
L’Hospitalet tenía 292.161 habitantes el 1 de enero de 2025 mientras que Coslada tenía 80.512. Ambas ciudades tienen una extensión similar de 12 kilómetros cuadrados. Por tanto, la densidad de población de L’Hospitalet casi cuadruplica la de Coslada. En L’Hospitalet la población nacida en el extranjero era, a comienzos del año pasado, de un 42,3% aunque la que tiene la nacionalidad extranjera es del 27,3% debido a los procesos de nacionalización y arraigo. En Coslada la población extranjera se situaba en aquel momento en un 18,52% .
Laboratorios de convivencia
El artículo de Vallespín explica que «L’Hospitalet ha adoptado un enfoque basado en la interculturalidad, un concepto que supera la integración unidireccional para promover la interacción y el enriquecimiento mutuo» y que este modelo toma cuerpo en el Plan de Ciudad Intercultural, que establece como ejes estratégicos «la cohesión social, el reequilibrio territorial y la garantía de la equidad reconociendo la diversidad.”. En cuanto a Coslada, detalla que un aspecto distintivo de su política inclusiva es «su fuerte apuesta por la Justicia Social».
En las conclusiones del trabajo se insiste en que «el análisis comparativo revela que tanto L’Hospitalet como Coslada operan como laboratorios de convivencia frente a un contexto regional madrileño que prioriza el capital sobre la persona migrante vulnerable». En él se dice también que el carácter progresista de los gobiernos de las dos ciudades «actúa como un dique de contención frente a los planteamientos de Vox, que busca estigmatizar a la población extranjera calificando los centros de acogida como ‘depósitos de ilegales‘.
«En lugar de la confrontación, L’Hospitalet y Coslada han optado por la mediación profesionalizada y el fortalecimiento del tejido asociativo como herramientas de estabilidad ciudadana», afirma y concluye que «tanto L’Hospitalet como Coslada demuestran que la gestión de la diversidad racial no es sólo cuestión de asistencia social sino una estrategia política fundamental para la estabilidad y el progreso de las sociedades urbanas modernas».













