El crecimiento económico de los últimos años no ha llegado a todo el mundo por igual y tampoco se ha traducido en una mejora generalizada del bienestar en Cataluña. Según datos del Informe Social de Cataluña 2025, el 10% de los hogares más ricos concentran cerca del 60% de la riqueza total, mientras que el 24,8% de la población (más de dos millones de personas) vive en riesgo de pobreza o exclusión social.
Las cifras son aún más preocupantes con respecto a los menores: el 36,5% se encuentra en esta situación. Todo ello en un contexto en el que el coste de la vida se come casi toda la renta de las familias y el poder adquisitivo ha bajado a pesar de que los salarios han subido.
La riqueza, cada vez más concentrada en pocas manos
La riqueza en Cataluña está repartida de manera desigual y se concentra en manos de una minoría. El 10% de la población más rica acumula casi el 60% de toda la riqueza, mientras que la mitad de la población con menos recursos sólo tiene el 5,8%. Además, el 1% más rico concentra más de una cuarta parte (27,5%) de todo el patrimonio.
Esta diferencia se explica, en parte, por el papel central de los activos inmobiliarios, es decir, propiedades como viviendas o locales, las cuales representan cerca de la mitad del patrimonio de los hogares. Dentro de este conjunto, la vivienda habitual concentra la parte más importante (49,7%), y constituye el principal vehículo de acumulación patrimonial para las clases medias.
Según el Informe Social de Cataluña, casi la mitad de la población tiene dificultades para llegar a final de mes.
Paralelamente, destaca el crecimiento de la vivienda destinada a inversión, que ha aumentado de manera sostenida en los últimos años. En este caso, los más ricos también concentran la mayor parte de los ingresos que provienen de estas inversiones: el 10% con más recursos concentra cerca del 70% de las rentas del capital.
También hay una gran brecha generacional: mientras que la riqueza de los hogares jóvenes ha caído significativamente, un 37% entre 2002 y 2020, la de las personas mayores de 75 años ha aumentado un hasta un 145%, lo que refleja las dificultades crecientes de los jóvenes para acceder a una vivienda o ahorrar.
Los salarios, insuficientes para hacer frente al coste de la vida
A pesar de este escenario, algunos indicadores muestran una ligera mejora en la distribución de la renta. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, se sitúa en 29,1 en 2025, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, por debajo de la media española (30,8) y de la Unión Europea (29,4).
Sin embargo, la realidad del día a día es complicada para muchas familias: casi la mitad de la población (47,3%) tiene dificultades para llegar a final de mes y más de un tercio (35,5%) no podría afrontar un gasto imprevisto de 900 euros. Además, cerca de la mitad de los hogares ha tenido que recortar los gastos en energía o alimentación, lo que muestra que la inseguridad económica se extiende más allá de la pobreza.
Dos de cada diez personas no pueden mantener su hogar a una temperatura adecuada.
El principal factor de presión sobre los hogares es el aumento del coste de la vida. Aunque los salarios han subido un 28,2% entre 2008 y 2023, este incremento ha quedado neutralizado por la subida de los precios, y el poder adquisitivo ha bajado un 3,3%. Esta situación afecta aún más a las personas con salarios bajos, que han perdido hasta el 5,6% del poder adquisitivo.
De media, un hogar necesita 3.378 euros al mes para vivir, una cifra que representa el 95% de los ingresos disponibles. En algunos municipios con rentas más bajas, incluso supera el 100%, es decir, que las familias gastan más de lo que ingresan.
Más de dos millones de personas en riesgo de pobreza
La pobreza sigue siendo un fenómeno persistente en Cataluña. El 24,8% de la población (más de dos millones de personas) está en riesgo de pobreza o exclusión social y, aunque la situación ha mejorado respecto a los años de pandemia, la tasa continúa por encima de la media de la Unión Europea (21%). No obstante, está por debajo de la media española, del 25,7%.
En cuanto a la pobreza severa, afecta al 6,9% de la población de Cataluña, con un umbral situado en 8.874 euros anuales. Además, el 8,9% de la población sufre privación material y social severa, con dificultades para cubrir necesidades básicas como una alimentación adecuada o gastos esenciales. También destaca la pobreza energética: casi dos de cada diez personas (16,8%) no pueden mantener su hogar a una temperatura adecuada.
Los niños que crecen en familias con dificultades tienen más probabilidades de sufrir pobreza en el futuro.
La vulnerabilidad se concentra en determinados colectivos: personas de origen extranjero (48,6% en riesgo de pobreza), hogares monoparentales, familias con ingresos bajos y niños. Concretamente, hay cuatro perfiles principales de hogares vulnerables: hogares sin hijos, en paro y con vivienda en propiedad, pero ingresos muy bajos; hogares jóvenes sin hijos en áreas urbanas, con alta presencia de inmigración extracomunitaria; hogares con hijos que viven en grandes ciudades, con alta ocupación pero presión económica elevada; y hogares feminizados de edad avanzada, con pensiones reducidas y pobreza energética.
La pobreza infantil, una de las grandes preocupaciones
La situación es especialmente grave entre los niños, con un 36,5% de los menores (unos 530.000) en riesgo de pobreza o exclusión social, una cifra que ha aumentado en los últimos años. Esta tasa sitúa a Cataluña entre los territorios con peores datos de Europa, muy por encima de la media de la UE (24,2%) y de países como Alemania o Francia.
Además, el 13,4% de los niños sufre privación material severa, es decir, carencias como no poder tener material escolar adecuado o participar en actvidades de ocio. Los expertos alertan de que esta situación puede tener consecuencias a largo plazo, ya que los niños y niñas que crecen en familias con dificultades tienen más probabilidades de sufrir pobreza en el futuro, perpetuando así el círculo de desigualdad.












