Contra el odio y los que lo difunden, a toda pastilla

Bluesky
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Vox y los suyos se esfuerzan en insuflar el odio allí donde pueden. Se presentan en cualquier barrio donde ha habido algún incidente o delito y llaman a los medios de comunicación para que les ayuden a difundir sensación de inseguridad y de rabia entre los ciudadanos afectados. Tienen la Fachoesfera que les apoya y gente bien pagada para ayudarles en las campañas de embrutecimiento de la convivencia a través de las redes sociales y los tribunales de justicia a los que recurren a menudo.

Susana Alonso

Se hacen llamar Abogados Cristianos pero si ser cristiano tiene algo que ver con ser personas sensibles al sufrimiento y las necesidades de los más desvalidos de cristianos no tienen nada. Han contribuido a torturar durante dos años a una chica que había pedido que le aplicasen la eutanasia incapaz de soportar el dolor físico y mental que sufría.

Se hacen llamar Hazte Oír pero lo que quieren que se escuche es su clamor contra la convivencia y a favor de los poderosos. Ignacio Arsuaga, fundador de esta entidad, cobró 220.000 dólares del lobby ultraconservador Citizen Go en los años 2023 y 2024. La Fundación Heritage, nido de fachas y financiadora de las campañas de Donald Trump y otros energúmenos, ampara a Hazte Oír, entidad que es acusación particular en todos los procesos contra el PSOE y el gobierno progresista que puede y que pasea autocares por España acusando a Pedro Sánchez de corrupto. Un Pedro Sánchez que cobra menos que lo que recibe Arsuaga de la mafia de Estados Unidos.

Ante esta avalancha de odio hay que plantar cara con toda la energía posible. Y en Barcelona hay más gente que lo hace de la que podríamos pensar. En unos pocos días he asistido a la presentación de dos libros que representan una bofetada a los odiadores de manual. Uno lo han titulado «Mierdificación» y lo presentó su autor, Cory Doctorow, en una sala de la librería Finestres llena a rebosar. Doctorow denuncia el papel de las plataformas digitales en la destrucción del tejido social y la difusión de ideas reaccionarias y el de los multimillonarios que las controlan en beneficio de los más poderosos.

En la Librería Altair, unos días después, Jordi Corominas y Joan Albert Vicens presentaron «Extrema derecha. ¿Qué nos jugamos?». En el último apartado, «El futuro en juego», los autores recuerdan que Orriols, Abascal o Alvise son, con sus colegas europeos, «la quinta columna del neofascismo trumpista» y que «mientras que la demagogia necesita el engaño para sostenerse, la razón dispone de la potencia de los hechos y la fuerza de los argumentos rigurosos; mientras el odio destruye, la razón y la empatía que vehicula nos permiten reconstruir la convivencia sobre los escombros».

Esta última semana he asistido a dos actos que muestran la voluntad de los organizadores -el Instituto Catalán Internacional por la Paz (ICIP) y el Colegio de Periodistas de Cataluña- de derrotar la desinformación y el odio con los argumentos de la palabra y la convicción. El miércoles asistí a la mesa redonda que organizó el ICIP bajo el lema «Los riesgos de la desinformación» en el marco de PolsXtrems, una exposición interactiva y multimedia «en un contexto de creciente desinformación, polarización y discursos de odio, el espacio expositivo reproduce la sala de entrenamiento de un gimnasio, con diferentes propuestas para ganar flexibilidad mental y espíritu crítico, y concluye con la recreación de un vestuario donde se nos invita a escuchar diferentes puntos de vista sobre debates sociales de actualidad, como la inmigración, el turismo o la lengua».

El jueves, el grupo de Periodismo Solidario del Colegio de Periodistas de Cataluña convocó un debate sobre «Resistir a los discursos de odio: Herramientas para jóvenes». Era el tercer debate que dedicaban a analizar porqué estos discursos se abren camino en nuestra sociedad y cuál es la mejor manera de combatirlos. «¿Cómo se puede luchar contra la proliferación entre la gente joven de contenidos discriminatorios que dañan la dignidad de las personas? ¿Se pueden contrarrestar desde la educación digital los relatos que hacen suyos personas sin conciencia de clase social? ¿Cómo podemos cambiar la tendencia actual reaccionaria que fluye en las redes?», son preguntas que se plantearon en este debate y que reclaman una respuesta rápida y contundente.

El sábado cerré la semana dejándome caer en la plaza de Sant Jaume donde Democrats Abroad organizó una concentración para denunciar al que podríamos calificar cabeza de la serpiente del odio que se arrastra por el mundo: Donald Trump.

El odio nos ha declarado la guerra. ¡Si la máquina de la paz, la fraternidad y el diálogo funciona a pleno rendimiento como he visto estos días en Barcelona la ganaremos!

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