«¿Es verdad que cuanto más de izquierdas eres mejor te va y mejor nos va a todos?». La pregunta retórica es de Marc Giró, en una conversación telefónica sorpresa con Pedro Sánchez en el programa Lo de Évole. Y no es una boutade. O no solo. Es una de esas frases que, dichas con una sonrisa, contienen más sustancia de lo que parece. Y estoy de acuerdo al cien por cien.
Giró —con quien tuve el gusto de trabajar cuando todavía no era tan omnipresente como ahora, pero ya apuntaba maneras…— tiene esa capacidad poco habitual de decir cosas serias sin poner cara de funeral. Y en este caso acierta de lleno: cuando la política se acerca a la izquierda, cuando pone el acento en la redistribución, en los derechos y en una cierta idea de justicia social, acostumbra a funcionar mejor. No siempre, no de manera automática, pero a menudo sí.
Sánchez parece haberlo entendido. O haberlo recuperado. O haberse dejado llevar, que en política tampoco es menor. En cualquier caso, esta izquierdización le procede. Le da coherencia en un momento internacional convulso y lo sitúa en una posición que, más allá del cálculo, conecta con una parte de la opinión pública que pide algo más que gestión técnica.
Hay gestos que lo explican bien. El retorno al «no a la guerra», desempolvado de un baúl que parecía cerrado desde hace años, no es solo un eslogan; es una toma de posición en un contexto en el que la tentación de normalizar la guerra vuelve a ganar terreno. Y también le queda bien —y no es menor— haberse convertido en uno de los pocos líderes que planta cara a Donald Trump en esa escalada de decisiones unilaterales que se parecen demasiado a una huida adelante. Trump gobierna a golpe de músculo. Sánchez, en cambio, ha optado —al menos de momento— por reivindicar la política como espacio de límites, de derecho internacional y de contención. No es poca cosa, en el mundo actual.
Eso no quiere decir que todo sea virtud ni que la coherencia sea absoluta. La política es siempre una mezcla de convicción y oportunidad. Pero hay momentos en que esta mezcla da resultados políticamente inteligentes y moralmente defendibles. Y este es uno de ellos.
Después está el Sánchez más mediático. El de los cameos —el de las apariciones estelares. Un día en el Polònia de TV3, ahora en el programa de Jordi Évole. Un presidente que entiende el valor de la televisión y de la proximidad, que juega con el formato y que, evidentemente, agrada a sus seguidores.
Caer bien ayuda. Y mucho. Pero no es lo mismo caer bien que ganar elecciones. Woody Allen decía que «el 80% del éxito consiste simplemente en aparecer». Sánchez aparece. Y mucho. Ahora falta ver si, además de aparecer, convence.






