La calle, el último recurso

Bluesky
Añade EL TRIANGLE como favorito en Google

El sinhogarismo crece en Barcelona de manera sostenida y ya no puede ser considerado un fenómeno marginal. Alrededor de 2.000 personas duermen en la calle de la ciudad , según los recuentos de Fundación Arrels realizados a finales de 2025, una cifra que supone un aumento de un 43% respecto al recuento de 2023 (1.384 personas). Este es el registro más alto de los últimos años. No es un fenómeno pasajero ni invisible; se ha instalado con crudeza.

Esta presencia genera incomodidad y, en algunos casos, miedo. Sin embargo, asociar esta realidad con degradación e inseguridad es un error simplista y peligroso. La inmensa mayoría de personas sin hogar no son una amenaza: son el resultado de un sistema que expulsa a quien no puede seguir el ritmo del mercado laboral y de la vivienda. Detrás hay historias de precariedad acumulada, precios de la vivienda inasumibles, redes familiar y de apoyo rotas y falta de alternativas.

Criminalizar la pobreza no resuelve nada; sólo alimenta el rechazo y justifica respuestas represivas que no funcionan. Los desalojos sin solución alternativa digna sólo desplazan el problema, no lo eliminan. El caso de Badalona y el desalojo del antiguo instituto B9 podía ser un buen (mal) ejemplo.

Las grandes ciudades europeas y norteamericanas viven situaciones similares. Allí donde se ha optado por políticas punitivas y discursos de odio, las consecuencias humanas y sociales han sido desastrosas. Sabemos qué pasa y hacia dónde vamos si no actuamos.

Uno de los principales déficits es la falta de una respuesta coordinada. El reto supera el ámbito municipal: sin una estrategia conjunta entre administraciones (local, autonómica y estatal), los recursos son insuficientes y las intervenciones, pedazos.

Sin una apuesta decidida por la vivienda social, la prevención y la atención integral, ninguna estrategia será efectiva. Además, el sinhogarismo ya no afecta sólo a colectivos extremadamente vulnerables: cada vez más personas viven al límite, a una subida del alquiler o a una pérdida de trabajo de quedarse en la calle.

Sabemos que el sinhogarismo crece y que seguirá creciendo si no se actúa con previsión. Permitir que la calle sea el último recurso es asumir el fracaso colectivo. Garantizar un techo digno no es una opción ideológica, es una responsabilidad democrática.

(Visited 15 times, 1 visits today)

Noticias Relacionadas

Te puede interesar

Deja un comentario