La junta de Laporta vive una curiosa batalla interna entre cobardes

Aunque se ha destapado que un sector de los directivos 'antiguos' ha enviado a los medios cartas anónimas acusando a los 'nuevos' de ser una mala compañía y de ser tóxicos para el presidente, la 'guerra' no dejará bajas porque todos necesitan el cargo para sus intereses

Joan Laporta

El laportismo no se parece a nada conocido. Se ha convertido en un universo único y excepcional que, por desgracia, ni debe ni puede ser referencia ni ejemplo de lo que se espera de una directiva del FC Barcelona por razones que, acumuladamente, no resisten el más generoso de los análisis. El último episodio roza el esperpento y el ridículo, pues una serie de miembros de la junta de Joan Laporta se han dedicado a enviar cartas anónimas a la prensa en las que señalan a otros integrantes de la misma directiva como personajes tóxicos que, como dan a entender en esa denuncia epistolar, han desarrollado peligrosamente su capacidad de influencia en el presidente para atraerle al lado oscuro de la vida y de la propia gestión del club.

Explicado así parece casi una broma, pero se trata de un hecho completamente contrastado que ha sido explicado con todo lujo de detalles por el periodista Toni Frieros en El Periódico, sin que esas escandalosas revelaciones hayan sido desmentidas por ninguno de los dos bandos en que se ha dividido la directiva. Ni han sido matizadas ni tampoco han provocado una de esas notas del departamento de comunicación no menos delirantes en según qué situaciones.

Este suceso ha provocado tanta perplejidad y asombro como ausencia de eco mediático y seguidismo en las redes por la sencilla razón de que el alto contenido acusatorio de estas cartas apunta y subraya que el entorno de la presidencia, su núcleo duro, y el propio presidente, no serían precisamente personas con una conducta privada, comportamiento y reputación social a la altura de la exigencia debida a quienes ostentan la representación del FC Barcelona por designación directa de los socios.

Las acusaciones, por otro lado, solo vienen a confirmar ese ruido de fondo que se viene escuchando desde hace años, no solo en esta legislatura, sobre el grado de despiporre, celebraciones y juergas permanente, en la mayoría de los casos camuflado como parte de la actividad y deberes de representación como directivos azulgrana. En círculos de la noche barcelonesa y en el ámbito de quienes siguen al presidente y tienen verdadero conocimiento de sus hazañas se comentan y admiten comportamientos más que lamentables cuando se deja acompañar por ese séquito impresentable, ahora denunciado por un sector de la junta.

En este sentido, ha sido destacada la evolución del propio aspecto físico de Joan Laporta en los últimos tiempos hasta el extremo que su imagen y evidente sobrepeso han sido objeto de artículos periodísticos y comentarios por parte del propio presidente que, además, ha sufrido algún susto médico como consecuencia del cual hubo de abandonar por unas semanas su costumbre de viajar con primer equipo. Bajo las denuncias de sus directivos, que denotan también preocupación por su estado y futuro, se deja entrever que esos problemas estarían asociadas a un estilo de vida y dieta poco adecuados.

Según el relato de este medio y de un periodista que habla de por lo menos cuatro cartas confirmadas de directivos escamados y preocupados por la deriva laportista, «en una de las esas cartas se explica que Joan Laporta tiene un «nuevo entorno». Se refieren, entre otros, a Joan Soler, miembro de la comisión deportiva, a Angel Ruidalbas, de quien se dice que ejerce de nuevo vicepresidente económico sin serlo. Al vicepresidente social Antonio Escudero se le acusa de haber tenido comportamientos impresentables en algunos actos y también se dan detalles de Xavi Puig, responsable del fútbol femenino, a quien se describe como «fiestero» y que muchas jugadoras del primer equipo del Barça no le tragan. También se cita el papel del asesor presidencial Enric Masip: se le acusa de no tener conocimientos para ejercer su cargo y de estar cobrando 300.000 euros al año. Igualmente, se habla del directivo Ferran Olivé como parte de ese nuevo entorno».

Los afectados han reaccionado con indignación y malestar «porque se han llegado a hacer acusaciones muy delicadas sobre sus vidas privadas, de las que han tenido conocimiento incluso sus respectivos entornos familiares. «Laporta se ha rodeado de un grupo de gente de bajos fondos», se afirma en una de las misteriosas cartas».

La información añade que Laporta se ha visto en la obligación de entrevistarse y reunirse, por separado, con los afectados por estas observaciones y con los presuntos denunciantes que, por lo que ha trascendido, han negado su paternidad. «El presidente azulgrana ha tenido conocimiento de las quejas de Xavi Puig, Joan Soler, Ángel Ruidalbas y Ferran Olivé. Estos directivos, según nuestras fuentes, le expresaron a Laporta su indignación y llegaron a plantearse su dimisión si no investigaba de forma interna el tema y se ponía fin a este episodio. Le dijeron al presidente que esas cartas anónimas son una falta de respeto y toda una traición a la buena convivencia que debe reinar en la junta directiva».

En el otro lado, el teóricamente opuesto a los acusados o a los que se han dado por aludidos, El Periódico desliza que «Laporta, muy preocupado por la guerra civil que está viviendo el club, citó días después en su domicilio particular a los integrantes del otro bando: los directivos Elena Fort, vicepresidenta institucional; Rafa Yuste, vicepresidente primero; y Josep Ignasi Macià, directivo responsable del área social. Estos tres directivos siempre han sido muy próximos a Laporta desde que los reclutara para la junta directiva en 2008. Siempre han sido fieles a Laporta y le han acompañado en los buenos y en los malos momentos».

En concreto sobre Rafa Yuste, se relaciona este episodio con su significativa ausencia junto a Deco en la semifinal de la Eurocopa, sustituido por Alejandro Echevarría, quien de facto es hoy el segundo de a bordo del laportismo regente pese a no ser directivo, así como con su posible baja en la gira americana de pretemporada que arranca en pocos días.

Existe una correlación económica también demostrativa de ese cisma, pues unos directivos, los denunciados por arrastrar al presidente a la mala vida son quienes más dinero avanzaron para la campaña electoral y más garantías aportaron a la hora de avalar, mientras que los presuntos acusadores apenas participaron del gasto electoral y, como el propio Laporta, no pudieron hacer frente a su parte del aval.

Ahora, todo indica que por culpa de esa circunstancia Laporta habría visto segregada la propia relación con sus directivos no solo en el plano personal, sino especialmente a la hora de tomar decisiones y consultarlas o compartirlas.

El espectro que ahora mismo arroja una directiva en la que Laporta se ve obligado a poner orden y sofocar tanto fuego amigo no sería precisamente el idóneo ni el más edificante.

Otra cosa es que, por culpa de esa amnesia social aguda y generalizada del barcelonismo, hasta los propios veteranos de la junta, los que ya vivieron la primera era laportista hasta 2010, hayan olvidado que Laporta fue el protagonista de imágenes de fiesta y de borrachera legendarias en Luz de Gas y otros escenarios, por poner solo un ejemplo casi anecdótico de su verdadera personalidad detrás de las cámaras. Laporta ordenó y permitió espionajes a socios del FC Barcelona, a sus propios directivos y jugadores, a políticos, a jueces, a personajes influentes del entorno, a sus camaradas de farras y hasta a sus amantes, una de las cuales puso a trabajar en el club saltándose todas las normas y controles de contratación. También se le descubrieron 10 millones cobrados a la multinacional Zeromax, de origen uzbeko y vinculada directamente al presidente y su familia, reconocidos y sanguinarios dictadores, con los que Laporta intermedió para que varias de las estrellas del primer equipo del Barça viajaran a Taskent en un oscuro negocio que enriqueció a unos cuantos y sirvió para blanquear el régimen totalitario por el que el Laporta fue recibido con honores de jefe de Estado. Operaciones tan sospechosas como las de Mario, Maxi López, Ibrahimovic, Keirrison o Henrique, y otras actuaciones como la venta irregular de Can Rigalt (42 millones costó la reversión, 7 de los cuales de penalización), el coste del caso Sogecable (con más de 35 millones de pérdidas) o los 4 millones de multa por hacerle un favor a su amigo Jaume Roures y firmarle un año más, ilegal, de cesión de los derechos de la Liga, ya habían demostrado ese lado oscuro de Laporta que ahora denuncian, según se desprende la información destapada, los directivos que ahora están de capa caída, como Yuste, Font, Macià y otros, pero que en aquel momento eran los favoritos de la corte laportista.

En cualquier caso, no parece que esta guerra interna vaya a dejar consecuencias a nivel directivo por la sencilla razón de que tanto una camarilla como la otra comparten idéntica cobardía, pusilanimidad y necesidad de ostentar un cargo en la junta para sus propios intereses y negocios personales.

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