La ley de amnistía reaviva las desavenencias entre los independentistas

Junts se quiere colgar todas las medallas, pero el expresidente Carles Puigdemont será detenido si vuelve a territorio español para asistir al debate de investidura

Bluesky
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El independentismo vivió el 30 de mayo pasado una de sus grandes jornadas, con la aprobación de la ley de amnistía en el Congreso. La reacción de Junts por Catalunya (JxCat) y ERC fue hacer “sangre” a los socialistas: lo que Pedro Sánchez considera una fórmula para conseguir desactivar el conflicto catalán, para el independentismo es una victoria en toda regla y el punto de partida del proceso 2. Esta etapa, que será más de lo mismo, tiene como meta conseguir un referéndum pactado con el Estado. Así se lo hicieron saber los dirigentes de JxCat y de ERC: “Ahora viene el referéndum y, después, la independencia”. Lo que no se sabe todavía es cuando durará el proceso 2, si una década, dos o tres. Mientras tanto, los partidos procesistes tienen la excusa para seguir copando instituciones y parcelas de poder.

La gran jugada del presidente del Gobierno español, sin embargo, ha estado sembrar la semilla de la discordia en el independentismo. Los abrazos de los eternos enemigos de JxCat y ERC en el Congreso, después de la votación, son solo una foto engañosa, una imagen que se quiso transmitir de una victoria que no fue tal y que solo representará ventajas para un puñado de dirigentes independentistas, pero nada para el grosor del sobiranisme. Y la foto de JxCat, ERC, la CUP y las entidades cívicas en la antigua prisión Modelo el día siguiente es otra herramienta engañosa, utilizada como anestesia electoralista por las fuerzas que han alimentado el proceso y que ahora sueñan iniciar un proceso 2.

Esta semilla de Pedro Sánchez ha hecho una cosa más importante que el independentismo intenta ocultar con las fotos de rigor sobre una imaginaria unidad de acción: la amnistía, en realidad, ha fracturado “el movimiento”. Ha dividido los soberanistas en dos bandos irreconciliables: los que están a favor del perdón y los que no. De hecho, el abrazo de ERC y Junts (y después con las otras fuerzas) es un sueño, un espejo roto y embustero, porque el independentismo está dividido en torno al tema de la amnistía. Una parte importante de los activistas rechazan la ley porque consideran que desactiva el movimiento y que, además, es una norma hecha a la medida de Carles Puigdemont y de un puñado de dirigentes políticos más, pero no para el conjunto de la militancia.

Alerta Solidaria hizo públicas los datos de los activistas a los cuales podría afectar: 419, de los varios miles de represaliados que ha habido durante la década y media que hace que dura el proceso. Se trata de activistas procesados por disturbios de calle casi exclusivamente, y en esta lista están excluidos los cargos políticos. Pero la misma entidad reconoce que la mayor parte de los procesos han acabado con algunas multas y muchos sobreseimientos, por lo cual el impacto de la amnistía en esta bolsa de represaliados es muy bajo.

Òmnium Cultural, por su parte, ha elevado la cifra de algo más de 1.400 a 1.616 personas que se podrán beneficiar: 697 acusados por el penal y 919 que tienen que afrontar procesos administrativos. De los casos penales, sin embargo, 157 ya están resueltos. De los casos administrativos, hay 875 personas sancionadas.

Lo menos importante es si Carles Puigdemont podrá volver a Cataluña. En realidad, si pisa territorio español será detenido. Es la primera medida que se tomará, según fuentes jurídicas consultadas por EL TRIANGLE. Después, será el juez quien decida si lo deja en libertad o no, si existe riesgo de fuga o si hay cargos que no pueden ser amnistiables. Por eso, es difícil que el expresidente se presente, como prometió, para la investidura del presidente de la Generalitat este mes de junio. Todos los cebos lanzados sobre esta posibilidad eran simples globos sonda para analizar el impacto que podía producir la iniciativa en la opinión pública, pero Puigdemont ya sabía que no volvería aunque estuviera aprobada la ley de amnistía. Nunca se arriesgará a ser detenido (aunque quede en libertad el día siguiente), puesto que no quiere dar una foto con él privado de libertad.

“NO en mi nombre”

En el nuevo mapa del sobiranisme que afronta el proceso 2, un amplio espectro rechaza el pacto con el Estado español. Pero, además de acusar la ley de favorecer solo a las élites políticas, hay otro motivo mucho más inquietante que se esgrime por parte de los activistas para posicionarse radicalmente en contra: reclaman una ley que solo ampare los delitos cometidos por activistas del sobiranisme, en la cual se tienen que excluir los delitos cometidos por policías y mossos. Esta consideración obvia que una norma de estas características habría sido anulada inmediatamente por los tribunales europeos, que ya avisaron de este hecho en su momento, por antidemocrática.

Uno de los que hacen salir los colores a los pactistas es Josep Costa, exvicepresidente del Parlament: “Yo no quiero amnistiar los represores. Ni los jueces ni los espías ni los policías . No quiero ninguna amnistía porque quiero continuar luchando contra ellos. Cada cual que haga lo que crea conveniente con su situación personal. Pero, la amnistía, NO en mi nombre”. No es una opinión aislada: un gran sector independentista está de acuerdo con él.

También piensa igual Víctor Terradellas, exresponsable de relaciones internacionales de Convergència y el hombre que buscaba contactos con el Kremlin para reconocer la independencia de Cataluña: “Queríamos la independencia y gracias a nuestra pequeña clase política, Junqueras, ERC y Carles Puigdemont, JxCat, los catalanes agradecemos el perdón y por eso tenemos la amnistía. Gracias a esta pequeña clase política que lo celebra como si hubiéramos ganado algo, y el único que hemos ganado es indignidad y hacernos poner rojos y avergonzados”.

Otro desafecto es Alfons Godall, exvicepresidente del Barça y puigdemontista histórico: “Siento desafección total hacia la UE. Siento animadversión hacia España. Siento decepción y frustración hacia Cataluña”. Y el mismo pregona Fredi Bentanachs, un exmiembro de Terra Libre que se había pasado a las filas de Junts y ahora es próximo a Aliança Catalana: “El 1-O hicimos el referéndum vinculante y unilateral y ganamos la declaración de independencia. Hay que desplegar y cumplir. Habéis traicionado el pueblo. Yo no quiero ninguna mierda de amnistía española. No hice el 1-O para que el fascismo español me perdonara. Carles Puigdemont, Junts, ya os lo encontraréis”. Jordi Roset, uno de los financiadores de Carles Puigdemont y propietario de Petróleos Independientes, se ha pasado también al bando crítico y retuiteó un mensaje con carga de profundidad: “Decían ‘si van por nosotros, detrás vendrán otros’. No se han apartado nunca, no han dejado nunca. Hoy, vuelven a pactar con el enemigo y te lo venden como un éxito”.

El CADCI, la plataforma que agrupa a funcionarios hiperventilados, viaja por la misma vía, aunque añade elementos que forman parte de una curiosa teoría de la conspiración, digna de la mejor estrategia trumpista: “Escándalo. La ley de amnistía de PSOE, Junts, ERC, CUP y Comuns garantiza la impunidad a policías, guardias civiles y CNI implicados en las palizas, detenciones ilegales, además de los atentados del 2017”. De estos posicionamientos se desprende que la guerra fratricida al si del independentismo se ha reavivado después de la aprobación de la ley.

Lo menos importante es lo que dijeron Jordi Turull o Míriam Nogueras, secretario general de JxCat y portavoz en el Congreso, respectivamente. “Hemos aguantado la posición y lo hemos conseguido sin renunciar a nada”, dijo el secretario general de Junts. Y la portavoz en el Congreso empezó su discurso diciendo que “hoy no se perdona. Hoy se gana”. Los dos dejaron claro que tienen en cartera la declaración unilateral de independencia (DUI), lo cual, en principio, sería una contradicción y una deslealtad. Un diputado socialista explica que “el independentismo manipula la situación. Su tesis es que con la ley de amnistía queda despenalizado el referéndum y a partir de ahora hay barra libre para hacer todo el que quiera. Pero la amnistía, ya sea jurídicamente o políticamente, es solo un perdón. Si vuelven a hacer un referéndum como el del 2017, irán de nuevo en la prisión y serán condenados de nuevo. Y entonces ya no habrá amnistía posterior”.

Pasada de frenada

“La amnistía es una victoria. El PSOE no la quería. Junts la puso sobre la mesa y aguantamos la posición. La confrontación da resultados. Con Junts, las cosas pasan”, presumen desde JxCat. En resumen, como afirmó Turull después de la sesión del Congreso, “hemos ganado la batalla”. Mientras tanto, otros se pasaban de frenazo, como Antoni Castellà, portavoz de Demòcrates de Catalunya: “Hoy hemos forzado el Estado Español a pedir perdón y a reconocer que el Primero de Octubre y su defensa no era delito”, dijo el también portavoz del Consell de la República.

Esta pretendida lucidez ha hecho exclamar a algunos de sus camaradas de lucha, como el letrado Lluís Gibert: “Qué flipat!”. Josep Rosell y Fossas, un activista con autoridad dentro de los círculos soberanistas lo desmintió con un zasca en toda regla: “La amnistía, por definición, es el perdón del delito. Si la pides, quiere decir que aceptas que cometiste un delito. Quiere decir que aceptas que el referéndum fue un delito. Es un disparo en el pie y una victoria de Sánchez para desvincularse de las sentencias del TEDH”.

Pero bien es verdad que quedan demasiados flecos para saber cómo se tiene que aplicar y en qué casos no podrá acoger determinados comportamientos. El problema de Carles Puigdemont es que no sabe si afectará su situación personal íntegramente. Hay dos delitos que la amnistía no ampara: los de malversación (cuando se produzca enriquecimiento) y los de terrorismo. Por lo tanto, es posible que algunos delitos desaparezcan del currículum de Puigdemont, pero hay otros que no serán tan fáciles de borrar. Uno de ellos es el de las acusaciones de terrorismo que se contienen en el sumario que investiga la plataforma clandestina Tsunami Democràtic.

Junts intentará que la ley se aplique de la manera más rápida posible, así como de la manera más abierta, incluyendo todos los delitos sin distinción. Pero esto chocaría con la Constitución y con las normativas europeas, que son muy estrictas en cuanto a los delitos económicos y de alteración del orden público. Hay que remarcar, sin embargo, que los jueces serán los que interpretarán la ley y los que decidirán en última instancia. A los independentistas les quedará recurrir a las instituciones europeas, pero este no es su camino preferido, puesto que sospechan que en Europa se validarían los delitos de malversación, por lo cual avalarían una amnistía restringida. Josep Rosell Fossas resume la situación de una manera categórica: “Cambio de paradigma: los procesistas ahora defienden la primacía del derecho español por encima del europeo. Los jueces no digerirán y plantearán cuestiones prejudiciales al TJUE, inaplicando la Ley Orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña”. Resumiendo: lo que en principio era un caramelo se puede acabar convirtiendo en un mal trance para el sobiranisme.

Puedes leer el artículo entero al número 1579 de la edición en papel del EL TRIANGLE.

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