Aliança Catalana entra en el Parlament con ganas de romper la convivencia

El partido que lidera Sílvia Orriols pretende aglutinar otros grupos que pregonan el independentismo identitario con un virulento discurso contra la inmigración

L’alcaldessa de Ripoll, Sílvia Orriols, ha obtingut l’escó per la demarcació de Girona

Las elecciones del 12-M han redibujado el mapa político catalán con importantes novedades: el PSC ganó, por primera vez en la historia, con una mayoría de votos y de escaños; Junts per Catalunya (JxCat), que pretende ser la heredera de CiU, se quedó con 35 escaños, muy lejos de la CiU que Artur Mas cogió el 2011, justamente antes de que el partido nacionalista optara por pasarse al independentismo; ERC se hundió en las urnas, perdió 180.000 votos y 13 escaños, y volvió a los 20 escaños que obtuvo el 2012, y por primera vez la extrema derecha independentista consigue representación parlamentaria, con la irrupción al hemiciclo de Aliança Catalana mediante dos diputados.

La fuerte bajada de ERC fue la gran sorpresa de las urnas y ha provocado la explosión del partido estrella que durante los últimos tres años mantuvo la presidencia de la Generalitat. Pere Aragonès, el candidato y todavía presidente en funciones, fue el primero en asumir responsabilidades y dar un paso al lado, anunciando su renuncia al acta de diputado. El día siguiente, Oriol Junqueras y Marta Rovira, presidente y secretaria general del partido respectivamente, también presentaron su dimisión, después de una ejecutiva en la cual la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Nace una “estrella”

Pero, paralelamente, este 12-M nacía una nueva “estrella”: Sílvia Orriols, la alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana (AC), es la nueva líder independentista. Obtuvo 118.302 votos y dos escaños por Girona y Lleida. En Barcelona consiguió unos meritorios 67.405 votos, a pocos miles de obtener representación parlamentaria (le habría supuesto tres escaños más de golpe). En Girona, fue la cuarta fuerza, con 26.659 sufragios. Detrás suyo quedaron el PP, Vox, la CUP y Comuns Sumar. Es de reseñar que en la cuna de Carles Puigdemont quedó a menos de 9.000 votos de ERC y obtuvo casi el doble que la CUP. En Lleida fue la quinta fuerza, nuevamente delante de Vox, la CUP y Comuns Sumar, y en Tarragona pasó en la octava posición, aunque a 1.000 votos de Comuns Sumar y a poco más de la CUP.

¿De donde le vienen los votos a Orriols? Según los mismos cálculos de Aliança Catalana, más de 62.000 provienen de JxCat, mientras que algo más de 11.200 vendrían de ERC, 14.295 del voto nulo y en blanco en otros comicios y 12.271 de la abstención. El resto, han llegado desde la CUP, la FNC, el PDECat, Primàries y Vox. Es importando el hecho que un 5% de los más de 118.000 votos de AC provengan de Vox, el que tendría que ser su acérrimo enemigo político. Y aproximadamente el mismo número provienen de la CUP, o sea, de la extrema izquierda.

Pero más allá del número de votos, la eclosión de Aliança Catalana como la gran revelación del 12-M tiene un sentido profundo como la concreción de una ideología que hasta ahora se había mantenido oculta y que el independentismo siempre había afanado en esconder: hay un soberanismo de bandera estelada tan ultra como el españolismo de la gallina franquista. En Cataluña, como en otros lugares, también se odia lo que es extraño y también se alimentan miedos ancestrales y atávicas.

Hay un detalle que no tiene que pasar desapercibido: el Front Nacional de Catalunya (FNC), partido del cual se escindió Sílvia Orriols, acaparó en estas elecciones 264 votos en las dos demarcaciones donde se había presentado: Lleida y Tarragona.

La irrupción de Aliança Catalana como fuerza de ultraderecha obligará también a replantearse algunas cuestiones, como la composición de la ultraderecha catalana, donde conviven fuerzas como la FNC, el Moviment Identitari Català (MIC), Renaixença Nacional Catalana (vinculada al MIC) y otros grupúsculos como por ejemplo Catalunya Acció, de Santiago Espot. Algunos de estos grupos ya se alinean claramente con las tesis de Aliança Catalana, como la plataforma Resistència Catalana. Es pronto para determinar qué puede pasar con fuerzas como la FNC, liderado por Albert Pont, también presidente del Cercle Català de Negocis (CCN), si esta fuerza que siempre se ha destacado sobre el resto seguirá su singladura o determinará unirse a Aliança Catalana, la nueva marca independentista que se ha hecho grande este 12-M.

Santiago Espot, por su parte, ha retuiteado decenas de mensajes elogiosos para AC y para su líder y felicitó sus candidatos por los resultados, en el que parece un acercamiento a las tesis y los mensajes de la formación ultra. Entre otras cosas, colgó en X un perfil de Orriols elaborado por Josep M. Andreu, antiguo trabajador de Seat, que sitúa la alcaldesa de Ripoll como la heredera de “personajes ilustres como los hermanos Badia, Lola Anglada, Josep Dencàs, Joan Ballester, Daniel Cardona i Francesc Macià” y de organizaciones como Nosaltres Sols, La Reixa, el CADCI, SEM y Bandera Negra.

“Nunca como hasta ahora una organización y una persona como Sílvia Orriols representaron tan fielmente este espíritu de lucha y claro espíritu patriótico, imprescindible para poder establecer las bases de la liberación nacional con la garantía de perseverancia cultural y social”, dice uno de los mensajes, después de detallar que la dirigente ultra es diplomada en Biblioteconomía y Documentación y “no es una recién llegada al espacio político del nacionalismo patriótico” porque “ya militó en Estat Català [llegó a ser candidata a las europeas por este partido], perteneció a Els Intransigents o al FNC”. El mismo Espot niega las acusaciones políticas hacia Aliança, y dijo dos días antes de las elecciones, en un programa de televisión, que “si Aliança Catalana es racista, lo son exactamente igual ERC y la CUP”.

Un programa inequívoco

Pero el programa electoral de la nueva “estrella” del panorama político catalán delata la verdadera naturaleza de la formación: solo hay que dar un vistazo al díptico que repartieron para entender la ideología del partido. Entre otras cosas, propone “aplicar una moratoria en inmigración hasta que hayamos podido asimilar los inmigrantes a nuestra cultura y valores occidentales”. También promete “la repatriación de los inmigrantes ilegales y deportación inmediata de todos los que delincan, el cierre de las mezquitas salafistas que prediquen contra Occidente y la ilegalización de las asociaciones islámicas que las gestionen”. Otro de los puntos es la “prohibición de exhibir el velo islámico y misógino en equipaciones, edificios e instituciones de titularidad pública, y la prohibición del burquini en las playas y piscinas públicas”.

El programa electoral de AC culpa la inmigración del bajo índice de catalanoparlantes, de los flojos resultados académicos de nuestros institutos, que se deprecien los salarios, que se saturen las listas de espera en los hospitales, que aumenten los usuarios de los bancos de alimentos y que bajen los precios de muchos inmuebles “que ven como a su lado aparecen pisos patera que asustan a los compradores”.

La misma Sílvia Orriols reiteró durante la campaña que “estamos hartos de ver como se nos minoriza en nuestra propia tierra, como se regalan nuestros recursos a quienes no respeta nuestra cultura, a quien cuestiona nuestras leyes civiles, a quienes atenta contra nuestras libertades occidentales”. Acusó los políticos procesistas “que han abierto las puertas de par en par de nuestro país y han invitado a entrar masivamente culturas e ideologías politicoreligiosas incompatibles con nuestros valores y con nuestro grado de civilización”. “Aliança Catalana está aquí para volver a cerrar la puerta y para pasar el cerrojo, para garantizar que los recursos de los catalanes se invertirán íntegramente en el bienestar y la seguridad de los catalanes, no en la sustitución cultural y demográfica de nuestro pueblo”, proclamó.

La dirigente de AC se reivindica como “la voz de todos los que han visto cómo se degradaban sus barrios, como se llenaban de gente extraña, incívica, desconsiderada, de gente que no ha venido a integrarse en nuestra sociedad ni en nuestro mercado laboral, sino a cuestionar nuestra civilización occidental, a saturar nuestros servicios públicos, a traficar con drogas, a ocupar ilegalmente nuestras propiedades privadas y a vivir de subsidios”.

Miquel Àngel Canadell, uno de los referentes intelectuales de AC, recordaba después de las elecciones que “ahora, con Aliança Catalana en el Parlament, veréis una nueva manera de hacer política. Es una manera de entender el mundo, de entender la relación de los catalanes consigo mismos, con el país, con la historia. Veréis que la gente de Aliança Catalana y cada vez más personas piensan de una manera diferente, piensan justo lo contrario de lo que el sistema les dicta que piensen. Y hablan justo al revés de lo que el sistema es capaz de aceptar. Hablan utilizando unas palabras, unas frases, unos conceptos que el sistema odia. Y actúan justo de la manera contraria de como el sistema espera que actúe una persona colonizada, una persona sin pensamiento propio, una persona a quien se le está diluyendo su patria. Veréis que hay una nueva manera de pensar, una nueva manera de habla que no tiene nada que ver con la manera como lo ha entendido hasta ahora la política en nuestro país”.

*Puedes leer el artículo entero al número 1577 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

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