Escola Andreu Castells: ¿la semilla del cambio?

Me he alegrado de ver que, por fin, padres y madres se movilizan en favor de la mejora educativa de sus hijos en las escuelas e institutos. El caso del Andreu Castells en Sabadell debería ser el inicio de una movilización que rompiera con esta desidia que se ha instalado en la enseñanza y donde la administración catalana hace años que no se pone manos a la obra. Los datos de los diferentes informes que se publican son esclarecedores de la situación que se vive en las aulas, muchas de ellas masificadas, sin los recursos adecuados y con profesorado que no tiene ni los conocimientos ni las aptitudes adecuadas para el trabajo que desarrolla.

La historia viene de lejos. La Andreu Castells nació como consecuencia de la falta de escuelas en la zona hace más de treinta años. Su puesta en marcha creó muchas expectativas entre las familias del barrio, lo que hizo que muchos maestros quisieran trabajar allí. Sin embargo, desde hace unos años, las familias han notado un cambio en los modos del equipo directivo, especialmente desde la llegada de la nueva directora y de la jefa de estudios, bastante despreciador y despótico con las peticiones de familias. De hecho, la escuela funciona desde hace dos años sin proyecto educativo y tuvo una evaluación negativa por parte del Consejo Escolar. Sin embargo, la inspección educativa no ha atendido las demandas de padres y madres, que se encuentran en una situación de indefensión total.

Y aquí tienen un papel muy importante padres, madres y profesores y profesoras cansados, hastiados de tanta hipocresía, de tanta mentira y de años y años de ir tirando sin proyectos estimulantes. Familias y profesorado que, pese a que el poder de estas direcciones autoritarias y dictatoriales, han decidido dar un paso adelante y denunciar actitudes, malas prácticas, acoso laboral y dejadez.

Antiguas maestras de la escuela también han dado el paso, afirmando que la dirección ha aplicado cambios metodológicos que no obedecen a un proyecto educativo claro y explícito y, sobre todo, ratifican las críticas de las familias a la actitud despreciativa del equipo directivo y, en concreto, de la directora y la jefa de estudios. Uno de los exponentes de este trato es la carencia de continuidad de la plantilla. En los últimos años se han marchado de la escuela una media de diez maestros por curso, algunos de los cuales tenían plaza definitiva en el Andreu Castells y con muchos años de experiencia.

Las familias también han padecido la censura de cierta prensa local vinculada a familiares de la directora. La AFI (Associació de Familiars d’Infants) de la escuela Andreu Castells denuncia que estas relaciones de proximidad con personas influyentes de la política a nivel comarcal y de medios de comunicación, tienen que ver con el desprecio a sus quejas y reclamaciones. Mientras, el Ayuntamiento de Sabadell calla, aduciendo que no tiene competencias para solucionar el conflicto que, según la dirección, es cosa de cuatro familias y no representan a la mayoría. Sin embargo, en una asamblea hecha la semana pasada, más de noventa familias ratificaron su posición en contra del absolutismo y la falta de transparencia del equipo directivo de la escuela.

Por eso es tan importante que familias y profesorado no se callen ante estos abusos, esas arbitrariedades, que lo único que obtienen es adulterar y desmerecer la tarea educativa. En el caso de Andreu Castells, gran parte del profesorado, muchos de ellos profesores y profesoras que llevaban años en la escuela, han decidido marcharse, incapaces de hacer cambiar los modos del equipo directivo, incapaces, también, de propiciar una alternativa.

El equipo directivo denuncia «acoso» mientras ha pedido una baja que les permite seguir cobrando lo mismo, una opción deshonesta, carente totalmente de ética y que indigna a la comunidad educativa del Andreu Castells. Parece que no van a parar hasta conseguir su dimisión o su destitución por parte de quien tiene las competencias. Así debe ser.

Ya sabemos cómo es el poder, venga de donde venga y lo ostente quien lo ostente. Tratará de responder con evasivas, intentará desprestigiar a aquel o aquella que se atreva a contrariarlo, procurará desviar el tema acusando a unos y otros de desconocimiento, aportará datos falsos. En definitiva, todo lo necesario para no renunciar. La inspección mirará hacia otro lado, como tantas y tantas veces. Quizá empecemos a darnos cuenta de que está en juego la educación de nuestros hijos y parece que esto les importa un bledo a muchos. ¿Callar? Nunca. Ojalá que aquellos que han permanecido callados durante décadas vean ahora que no ha sido buena idea.

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