Cada vez que el Govern de Pere Aragonès ha anunciado una “ofensiva” por alguna cuestión que la actualidad situaba como un problema alarmante, el detalle de las medidas que se han anunciado no han dejado de ser una recopilación de todas las iniciativas ya explicadas, que ya estaban en marcha o que ya estaban planificadas, con algún añadido nuevo de poca sustancia.
Esta estrategia se ha repetido tanto que entre la prensa ya se ironiza hablando de «las ofensivas resumen». Tanto es así que incluso en alguno de los dossieres que se ha pasado a la prensa cuando se ha presentado alguna de estas grandes ofensivas se han llegado a recopilar notas de prensa de propuestas ya presentadas para rellenar la documentación del tema en cuestión. Y es que a menudo queda muy bien decir que un gobierno inicia una “ofensiva”, pero también a menudo resulta igual de cierto que existe poco margen para planificar y poner en marcha verdaderas ofensivas con un tiempo de respuesta tan corto como el que reclaman las polémicas de turno. Si todo se hiciera con algo más de calma, seguramente existirían más iniciativas más fáciles de vender y probablemente más efectivas para los problemas que intentan afrontar.








