Rebelión interna contra las actitudes antidemocráticas de Puigdemont

Un sector de la Assemblea de Representants, el organismo que ha sido anulado 'manu militari', denuncia las graves irregularidades del Consell de la República

Carles Puigdemont utilitza el Consell de la República com una joguina al seu servei

El Consell de la República es solo un montaje a mayor gloria de Carles Puigdemont. Así lo consideran amplios círculos independentistas que han dejado de apoyar el expresidente y se rigieron ahora contra él. Una carta firmada por 31 miembros de la Assemblea de Representants (a los cuales más tarde se añadieron cuatro más) ha sido el detonante de una situación que pone Puigdemont directamente a la picota. Además, quedan en entredicho su honestidad, su transparencia y su ética. El presidente del Consell de la República está tocado y los dardos le llegan desde todos los lados.

La disolución de la Assemblea, por decreto publicado en el Boletín Oficial del Consell de la República el 30 de agosto pasado, fue el principio del fin. Ahora empiezan a transcender actitudes dictatoriales en el órgano creado por Puigdemont para blindarse en Bruselas y aparecer al exterior como un presidente desnudado ilegalmente de su cargo. Pero lo que verdaderamente produce estupor es el montaje que hay detrás del Consell. Con el decreto, Puigdemont eliminaba toda posibilidad que sus movimientos sean controlados por ningún órgano: todo el poder recae en el gobierno del Consell, del cual forman parte 11 miembros, contando Puigdemont y Toni Comín. En otras palabras, Puigdemont asume todo el poder del Consell y decide qué se tiene que hacer y como.

Jordi Alsina, uno de los firmantes de la carta de denuncia considera, según escribió en Vilaweb, que cambiar la estructura institucional del Consell de la República es lícito y legítimo. Pero rechaza la decisión unilateral de la cúpula. “La propuesta de anulación de la Assemblea en sí misma, la manera como se ha hecho y la misma propuesta de sustitución nos hace retroceder en el tiempo y nos devuelve a una manera de hacer española y caduca, propia de las cúpulas de los partidos políticos que nos condicionan avanzar, contraria a los valores republicanos, impropia del siglo XXI y de la república en la cual anhelamos vivir”.

Pepi Oller, representando de la Assemblea del Vallès Occidental Oeste, también lamentaba que “ver la falta de consideración con que hemos sido tratados los miembros de la asamblea ha ensuciado el Consell. No hay ninguna garantía que este trato no lo acaben sufriendo otros miembros dentro de otros órganos del Consell. No invita a implicarse, ni genera confianza, ni anima. Demasiado autismo político, demasiada carencia de empatía, demasiado prejuicios”. Àngels Folch, por su parte, lamenta también las maneras: “No es posible presentar el Consell como un ejemplo de democracia participativa y de buena gobernanza y después hacer una cacicada como esta”. Y Lluís Cabot ponía Puigdemont en la diana: “El más significativo no es el final de la Assemblea de Representants, sino la inutilidad del Consell por la República, ente creado para el entretenimiento del señor Puigdemont y la busca de la publicidad que esto le está dando. Ni es un Consell ni saben cómo lograr la república; en definitiva, es un bluf”.

De hecho, los miembros que han firmado la misiva contra Puigdemont, su vicepresidente Toni Comín y las maneras como gestionan el Consell, ya no tienen miedo en la hora de explicar jugosas anécdotas. Mercè Zamora, una de las signatarias, revela que Antoni Castellà, uno de los miembros del gobierno del Consell, “nos dijo, sin vergüenza, que el gobierno no esperaba nada de nuestro trabajo y que la Assemblea de Representants solo se había creado para legitimar el gobierno electo”. Esto quiere decir que Puigdemont creó una falsa cámara legislativa para dar cobertura legal al Consell de la República, un órgano completamente a su servicio. Además, demuestra la falta de democracia interna en la estructura paralela creada desde Waterloo.

La teoría de Comín

Esta falta de democracia se ve reforzada por una anécdota que explican los 31 firmantes de la carta a Puigdemont: ante los militantes del Consell, y para defender sus posturas, Comín “empleó actitudes desautoritzadores, como por ejemplo afirmar que ‘la separación de poderes es una reliquia medieval sin lugar en el siglo XXI’, para justificar la concentración de poder en el gobierno”. Bien es verdad que la separación de poderes no es una reliquia medieval: fue teorizada por Locke y algo más tarde por Montesquieu al espíritu de las leyes, y materializada después en el nacimiento de las democracias después de la Revolución Francesa.

Los miembros díscolos acusan Comín de desatar cacerías de brujas internas cuando no se aceptaban sus tesis. Con motivo de la aprobación del Código de Consejos Locales, “al ver sus enmiendas desestimadas, emprendió una campaña de desprestigio contra la Comisión Legislativa Orgánica y puso en marcha una cruzada en defensa de una propuesta de concentración del poder legislativo en el gobierno, quitándolo a la Asemblea”. Por eso acusan de poco demócrata el aparato de Puigdemont: “El intento de usurpar la independencia legislativa de la Assemblea, una cámara compuesta por 121 representantes elegidos de todos los Països Catalans y del resto del mundo, fue rehusado como improcedente e innecesario”.

En el último pleno de la Assemblea, celebrado el 15 de julio, Comín “defendió la tramitación de urgencia de una reforma del Código General que solo tenía por objetivo dar en el gobierno poder y control sobre la función legislativa al margen de las mayorías”. Fue una especie de golpe de Estado interno, y el sector crítico se queja de esto: “La función legislativa, entre más funciones, de la Assemblea de Representants, no la podemos desarrollar ni los Consejos Locales ni el gobierno, dado que tienen una función ejecutiva y que ninguno de los dos no representan democráticamente el censo completo del Consell”.

El resultado de los cambios introducidos por Puigdemont es un gobierno autocrático y de carácter presidencialista. “A la propuesta de reestructuración que se divisa, la responsabilidad de las normas internas de funcionamiento del Consell recaería únicamente y exclusiva en el gobierno, que sería autónomo e independiente al hacer y rehacer las normas al gusto de sus componentes, sin tener que rendir ninguna cuenta a los electores (el gobierno no es elegido por los asociados, sino que los representantes eligen un presidente que después forma un gobierno con los consejeros que él decide) ni tener que llegar a equilibrios y consensos fruto de la deliberación y el debate”.

Esta situación lleva los militantes a decir que “ninguna organización civil, ni ninguna institución con vocación democrática, concentraría en la junta de gobierno los poderes normativo y ejecutivo. Someter las normas y cambios exclusivamente a consulta pública, a votantes que no tienen ni el acceso al por menor ni el conocimiento íntimo de las cuestiones, hace, en realidad, un flaco favor a la democracia”. Para los firmantes de la protesta, dentro de la cúpula del Consejo se adoptan “actitudes autoritarias”, a pesar de que “el Consejo fue concebido como una institución democrática que tenía que incorporar la pluralidad y la transversalidad del movimiento independentista”.

Los dardos más venenosos se dirigen a Comín, a quienes consideran un “peligro”. Dicen que el Consell fue diseñado para que fuera reconocido como un interlocutor legítimo a escala internacional en la lucha por la Repúna. “Lamentablemente, la presencia y las acciones de Toni Comín, con una trayectoria política muy fluctuante (dentro de algunos partidos hoy españolistas), y movido por la promoción de intereses personales, ponen en riesgo este proyecto vital. Cada día que pasa con él en una posición clave, tememos que el proyecto del Consell pueda estar marcado por la desconfianza, el despotismo y, incluso, por la obsolescencia”. Para acabar, le recriminan que Comín ha querido hacer “una estructura piramidal y autocrática, de referéndums populistas”.

El mitin de Perpiñán

En respuesta a esta avalancha de críticas, Carles Puigdemont hizo que el Consell emitiera un largo comunicado en el cual desmentía las actitudes autoritarias y autocráticas y los gastos ostentosos o las prácticas opacas, pedía “el máximo respeto” para los miembros del Consell y calificaba de indigno que se atribuyan “intereses personales a miembros del gobierno del Consell que en 2017 formaron parte del gobierno de la Generalitat”. Venía a decir que gracias a ellos se pudo hacer el referéndum y que ya lo pagaron bastante con la “persecución penal” a la cual fueron sometidos.

Pero ya hay otras voces que empiezan a preguntarse por los intereses de Comín e incluso de su familia. Júlia Taurinyà, exdelegada del Consejo en Perpiñán, ha dejado caer sus sospechas que el vicepresidente del Consejo tiene intereses oscuros. En su comunicado, Puigdemont asegura que “no hay ningún trato de favor en la gestión y la distribución de los recursos necesarios para el funcionamiento de la Asamblea, ni en cuanto a estos recursos ni a jefes otros. La selección de los proveedores por parte del equipo técnico del Consejo ha seguido siempre los criterios de oferta más económica y mejores condiciones de pago. En este sentido, el gobierno constata que la gestión económica del Consejo ha seguido siempre los criterios de eficiencia, austeridad, transparencia y rendimiento de cuentas”.

Taurinyà desmiente esta versión. “Cuánto costó el mitin de Perpiñán? Con qué dinero se pagó? Por qué no se contrataron más empresas de Cataluña Norte? Por qué es eligió una empresa en concreto? Por qué es impuso el en torno a Toni Comín en la organización? Muchas preguntas con respuestas oscuras”. Se trataba del mitin del 29 de febrero del 2020 en esta ciudad, al cual asistieron 150.000 militantes, según Juntos, y 100.000 según las autoridades francesas. Al parecer, hubo interferencias de desde círculos próximos a Comín para contratar a una determinada empresa.

Albert Donaire, portavoz de Mossos por la República, también ha contestado a Puigdemont profundizando en las acusaciones sobre el oscurantismo del Consejo. “Meses incumpliendo el que se aprueba, intentando potinejar los resultados, aprovechando los representantes ‘de partido’ para las votaciones, e incluso así, algunas no las ganaba la posición oficial. Representantes de partido que no aparecen a las reuniones de comisiones, miembros del gobierno tratando de friquis los que no opinaban como ellos, poca transparencia en determinadas cuestiones, preguntas que nunca se contestaban, echar pelotas fuera… podría seguir haciendo la lista, pero al final es luchar contra un monstruo, con contactos por todas partes, con amigos a los medios de comunicación, con partidos detrás”.

Montserrat Taladrado, signataria de la carta de la discordia, recordaba hace pocos días en un escrito el talante de la cúpula del Consejo. “Por qué se ha ninguneado la consejera Clara Ponsatí, a quien el presidente Puigdemont no quiso en el gobierno del Consejo? Este golpe de timón del presidente Puigdemont ha estado, como mínimo, inoportuno”. Inoportuno y oscuro, porque una de las acusaciones que se le hace es que disolvió la Asamblea por no tener que dar explicaciones si pactaba la investidura del próximo presidente español.

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