La suspensión de Laura Borràs como presidenta del Parlament de Catalunya tras ser juzgada –y condenada– por los contratos que hizo cuando dirigía la Institució de les Lletres Catalanes, supuso un golpe mortal para ella y para todos sus seguidores. Durante los plenos posteriores, hasta que Anna Erra fue elegida, Borràs asistía a la tribuna de invitados, y sus acólitos le mostraban públicamente sus honores y su rechazo a la medida tomada.
Ahora, sin embargo, pasados los meses y cuando ya ni Junts reclama su restitución y todo el mundo tiene asumida su muerte política institucional, todavía hay algunos diputados nostálgicos de su liderazgo que en cada pleno siguen haciendo tweets y comentarios en recuerdo a Borràs. Esta actitud empieza a molestar a la dirección del grupo parlamentario y, especialmente, a los que situaron a Erra en su silla.










