La danza de la lluvia

Bluesky

Para los cristianos, hoy es Sábado Santo o de Gloria, el día siguiente de la crucifixión de Jesús y la víspera de su resurrección. Un día de silencio en el que se conmemora la soledad de María, madre de Jesús. En algunos lugares, durante la víspera pascual se bendice el fuego, las aguas y se encienden velas como símbolo de iluminación para el regreso del Mesías. El fuego, empujado por una climatología loca, ha hecho este año Pascua antes de Ramos, y los bosques han empezado a quemar antes de tiempo. Y el agua, ay el agua, no llueve y la sequía se presenta con más impiedad que nunca. Debemos remontarnos quince años atrás, el 2008, para encontrar un seco similar.

Fue cuando el agnóstico Francesc Baltasar (ICV), entonces conseller de Medi Ambient, imploró a la Moreneta que hiciera llover, lo hizo durante los funerales del exabad de Montserrat Cassià Maria Just. Y, milagro o casualidades, llovió. No sé si la ahora consellera, Teresa Jordà, debería planteárselo… Encomendarse a la virgen o danzar, a criterio. La primera danza de la lluvia proviene del antiguo Egipto, se invocaba la lluvia con una danza ceremonial para proteger la cosecha. También es una tradición americana, de la tribu de los Cherokees, en este caso para limpiar la tierra de espíritus malignos.

Sigue la mala racha, después de la pandemia de la covid, aquella que nos tenía que hacer más humanos, ¿recuerdan? Y de la guerra de Ucrania, esa que confirma nuestra malicia, llega la sequía, esa que certifica nuestras incapacidades. Quince años hemos tenido desde que Baltasar imploró a la Moreneta, ¿y qué hemos hecho al respecto?, pues nada o poco, la verdad. A las pruebas me remito: los pantanos están secos. Y ni así aprendemos la lección: la cumbre catalana de la sequía concluyó hace una semana sin que los partidos llegaran a un acuerdo, ni siquiera de mínimos, aunque lo necesitaríamos de máximos. El verano está a doblar la esquina, y no somos capaces, unos y otros, de consensuar un plan de choque. Parece que el obstáculo que no han sido capaces de salvar ha sido el de las sanciones a los ayuntamientos que incumplan las restricciones, que propone el Govern. Ay, las municipales…

Si bien es cierto que en un tema tan delicado como el que nos ocupa todo el mundo debe arrimar el hombro, no lo es menos que no podemos volver a cargar los muertos de la sequía a los ayuntamientos. Unos ayuntamientos que durante estos últimos quince años apenas han recibido inversiones en materia hidráulica por parte de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA). La dejadez de la ACA los ha forzado a hacer lo imposible para intentar paliar la situación. Esto, la semana que descubríamos un dato bastante elocuente y revelador: una cuarta parte del agua potable se pierde por fugas en las tuberías públicas municipales. Y ni esto sabemos resolver.

Quince años después de la última gran sequía (2008), aquella que resolvió la Moreneta (?), volvemos a implorarla, al parecer es más fácil eso que hacer el trabajo que toca. ¿Dejaremos pasar quince años más? Quizá saldría más a cuenta, puestos a hacer, implorar a la Moreneta la renovación de la clase política, que unas pocas lluvias cada quince años… Amén.

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