Piqué, ante un final de carrera bipolar y decisivo para su futuro institucional

Repudiado por Xavi y Laporta, en silencio tras los audios de Rubiales, fracasado en los negocios y con una separación cuesta arriba, las lesiones de Koundé y Araujo le dan otra oportunidad

Gerard Piqué, defensa y capitán del FC Barcelona
Gerard Piqué, defensa y capitán del FC Barcelona.

La historia juzgará a Gerard Piqué, el futbolista del Barça que seguramente ha pasado por más experiencias, estados y emociones que ningún otro barcelonista haya podido protagonizar. Una vida en azulgrana de una intensidad y dimensión que han sobrepasado exageradamente el perfil de cualquier futbolista.

Con 35 años y un palmarés que supera incluso al de Messi, pues incluye un Mundial, además de cuatro Champions, Piqué alcanzó la titularidad en el Camp Nou, siendo el primero en conseguirlo como socio del FC Barcelona desde el día en que nació, el 2 de febrero de 1987. También ha sido el único de su género y condición, como futbolista en activo, en proclamar su deseo y aspiración de ser algún día, emulando al fundador del club, Joan Gamper, presidente de la entidad.

Es una ambición del todo justificada si sólo se tiene en cuenta esa indiscutible identidad barcelonista, de cuna, promovida por su abuelo, Amador Bernabéu, que fue directivo del área social del Barça con Josep Lluís Núñez y antes, durante mucho tiempo, responsable del Barça B, donde se convirtió en el mentor de la mejor generación de la historia del Barça, con Iniesta, Xavi, Valdés, Puyol y desde luego su propio nieto.

Gerard Piqué se enfrenta a un momento clave, a esa hora inevitable de colgar las botas, al final de un larguísimo y exitoso camino, que le ha sorprendido, no obstante, en medio del peor escenario y las circunstancias más desfavorables y adversas.

La semana pasada, las revelaciones de El Mundo, que le ha dedicado un capítulo en solitario publicando exactamente sus condiciones contractuales con el Barça, han acabado de certificar el deterioro de un futbolista excepcional al que la vida al margen del fútbol, no menos activa y comprometida, le ha acabado pesando demasiado.

Con los documentos publicados, Gerard ha quedado como un mentiroso compulsivo y cobardón que le faltó al respeto y denunció a Lluís Canut cuando el periodista de TV3, en contexto informativo, desmontó la falsa filtración desde el club sobre la rebaja salarial, voluntaria, de los capitanes.

Piqué, además, montó un pequeño circo mediático publicando el ingreso en su cuenta de Caixabank de una cantidad que él dio como ‘nómina’ del año, menos de tres millones, pero que en realidad formaba parte de unos pagos reales diez veces superiores. El ridículo documento que publicó en sus redes lo acompañó el club con un comunicado oficial indigno y no menos grotesco defendiendo esa mentira.

También lo encubrió Laporta hace pocos días con otra nota en la que se negaba la posibilidad de haber negociado en nombre de Kosmos la compra del 24,5% de Barça Studios.

El fondo de este soporte institucional, tan llamativo, son los  problemas empresariales de Piqué con sus diferentes socios y también intrafamiliares a causa del proceso de separación de su pareja, Shakira, con quien ha de dilucidarse ahora la custodia y cargo de los dos hijos fruto de su convivencia.

Los negocios no le han funcionado como esperaba, aunque parece que quien tapa los fracasos más gordos, tipo la aventura de la Copa Davis, es el propietario de Rakuten, que también se va desmarcando.

Pero la degradación de su imagen pública la han causado las evidencias de haberse buscado comisiones y ganancias en amistosos del Barça, la producción de la serie Matchday siendo ‘agente’ doble de la plantilla, de documentales como el de Griezmann, maniobras de representación de futbolistas y entrenadores como el propio Xavi Hernández y, lo más bochornoso, la punta del iceberg, escuchar al verdadero ‘otro’ Piqué, o quizá al auténtico, en los audios con Rubiales negociando comisiones por la organización de la Supercopa. Desde entonces, Piqué no ha tenido otro remedio que sellar su proverbial e hiperactiva exposición pública.

Su silencio, tan revelador, ha coincidido con la decisión consensuada entre Laporta y Xavi Hernández de retirarle la titularidad tras los fichajes de Christensen y de Jules Koundé. También con otro motivo perverso, pues si no llega al 35% de los partidos disputados no se activa el último año de contrato (2023-24) que tiene firmado.

La duda sobre si la edad y el rendimiento han pesado más o menos en la adopción de esta medida estratégica planeará siempre sobre el final de carrera de Piqué en el Barça. La decisión se tomó cuando, en plena crisis de las palancas, con Laporta que se subía por las paredes porque no alcanzaba con 870 millones de ventas para inscribir los fichajes, el presidente contaba con que Piqué se rebajara su salario. Propuesta a la que Piqué reaccionó con su predisposición a diferir de nuevo su salario, o sea lo mismo que le dijo en su día a Bartomeu, él y el resto de la plantilla.

Laporta ya no lo necesitó después de esa encrucijada del verano, no como un año antes cuando Piqué le enseñó y le animó a seguir el camino de la única solución posible a todos los males del club, que fue la de engañar a Messi y no renovarlo en el último minuto. Piqué y Laporta mantuvieron entonces una relación fluida en la que el presidente ejercía de buen patrón y el defensa, su principal confidente, manejaba el vestuario -contra Koeman- siguiendo sus instrucciones directas.

Luego, la nada. A Laporta ya no le sirve Piqué y así se lo ha demostrado.

El fútbol, sin embargo, es caprichoso puesto que ahora, en lo más crudo y determinante de la temporada, se han lesionado los dos puntales de la defensa, Araujo y Koundé, abriéndose la posibilidad de que Xavi deba recurrir a Piqué para los grandes retos de este próximo mes en la Liga, viene el Clásico, y en la Champions.

Piqué, entretanto, sigue mudo, aunque delatado por sus gestos de aburrimiento en el banquillo y de fiestas y celebraciones con su nueva novia. Gerard sigue siendo Gerard, un tipo desinhibido, y el Barça de Laporta lo mismo de siempre, un perpetuo caminar entre el caos y sobre el alambre.

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