Glovo pasa de todo y sigue estrangulando a sus trabajadores

La empresa se niega a cumplir la ley y a contratar los 'riders' a pesar de las numerosas denuncias

Bicicletas de repartidores de Glovo aparcadas durante una manifestación

Las reiteradas negativas de Glovo –la multinacional de reparto a domicilio fundada en 2015 por Òscar Pierre y Sacha Michaud– a contratar como asalariados a sus trabajadores está llevando a los riders al límite. Ya han pasado seis meses desde que, el 12 de agosto de 2021, entró en vigor la normativa estatal que regula esta actividad laboral –conocida como Ley rider– que fue avalada por una sentencia del Tribunal Supremo y que establece que los repartidores deben ser contratados por las empresas que hacen uso de sus servicios. Sin embargo, Glovo es la única del sector que hoy en día todavía se niega a cumplir la ley, por lo que la gran mayoría de los repartidores siguen en régimen de falsos autónomos.

Esto, añadido a los cambios que la empresa ha hecho en su aplicación y que conllevan, afirma CCOO, «una disminución importante de los ingresos» de los riders, ha causado que varios repartidores no puedan hacer frente a la cuota de autónomos, y se hayan endeudado con la Agencia Tributaria, lo que les obliga a vivir «una situación de mucha precariedad que les está asfixiando», señala el sindicato. Los riders acusan a Glovo de imponer condiciones abusivas y le reclaman que asuma las deudas que están contrayendo los trabajadores, una exigencia que también comparte CCOO.

Desde la entrada en vigor de la Ley rider, ha habido múltiples concentraciones para que Glovo cumpla la normativa y ofrezca condiciones dignas a sus trabajadores. Las huelgas de los empleados de los supermercados y las manifestaciones de los falsos autónomos que hubo a finales del pasado verano consiguieron algunas mejoras, según explica a EL TRIANGLE la secretaria de nuevas realidades del trabajo y economía social y solidaria de CCOO, Carmen Juares, pero todavía hay muchas reivindicaciones que no se han cumplido y que afectan gravemente a la situación económica de los repartidores.

 

Los falsos autónomos

Los riders que entregan los pedidos de los restaurantes y tiendas –no de los supermercados de Glovo– trabajan mayoritariamente como falsos autónomos, ya que la empresa sólo ha aceptado contratar a 2.000 desde que entró en vigor la Ley rider. En agosto pasado, estos repartidores se manifestaron para denunciar varias condiciones impuestas por Glovo, las cuales hoy en día no sólo prácticamente no han cambiado, sino que incluso se le han añadido nuevas.

Los repartidores reclamaban que la tarifa base –lo que cobran por cada pedido– fuera mínimo de 2 euros, en vez de 1,30 euros, pero, según Juares, lo único que ha cambiado es que la tarifa varíe “según los intereses de la empresa”, es decir, en función de la demanda. «Los riders no tienen ningún tipo de capacidad de negociación», señala Juares, que añade que ocurre lo mismo con la prima por los kilómetros recorridos.

El sistema del multiplicador –la cifra por la que se multiplica la tarifa base– también ha recibido críticas. Aunque consiguieron que la empresa fijara el mínimo en 1 en vez de 0,7, Juares asegura que quienes “eligen el más alto no reciben pedidos”. Además, Glovo, por otra parte, «ha bajado el precio que paga por pedido». La semana pasada, los riders se manifestaron para exigir a la empresa que deje de “bajar unilateralmente” la tarifa base y para denunciar las nuevas condiciones que deben soportar.

Los falsos autónomos pagan 6 euros al mes por el mantenimiento de la plataforma, pero se quejan de que «tiene muchos agujeros de seguridad». Un ejemplo es el bot que hay desde hace un tiempo, el cual «asigna los pedidos a quienes pagan por hacer uso de este programa informático». Esto, explica Juares, «hace que muchas personas tengan que pagar 130 euros semanales para poder asegurarse un mínimo de pedidos». En este sentido, los riders se quejan de que pagar por el mantenimiento de la plataforma no sirve para solucionar los problemas de seguridad que presenta.

Los repartidores también recriminan a la multinacional que siga contratando más riders cuando hay una cifra “considerable” que apenas reciben pedidos.

 

Subcontratados

La situación en los supermercados de Glovo es distinta a la de los falsos autónomos. En cuanto a los primeros, a raíz de la huelga del pasado agosto, la mitad han sido contactados por una filial de Glovo, mientras que la otra parte sigue estando subcontratada por empresas de trabajo temporal, lo que CCOO ha denunciado a Inspección del Trabajo.

Los riders de los supermercados han logrado incrementar el precio por hora en festivos y horario nocturno -no en días de lluvia-, pero no han obtenido el plus de transporte que reclaman para hacer frente a los gastos del traslado del domicilio al centro de trabajo. Juares afirma que tampoco se les respetan los descansos, algo que CCOO también ha denunciado.

Una demanda que se cumplió fue poner a disposición de los repartidores aseos, fuentes de agua y zonas de descanso, pero, en relación con los lavabos, Juares critica que «deben pedir permiso y deben acompañarlos». El sindicato considera que «deberían tener un acceso libre a los aseos».

A pesar de las diferencias, los trabajadores de los supermercados y los falsos autónomos comparten algunas reivindicaciones, como la exigencia de una mayor transparencia en el pago de propinas –nunca saben lo que reciben al momento– y disponer de un seguro laboral. «Hasta ahora, ante un accidente, Glovo se desentiende», lamentan los repartidores.

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